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Opinión
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Impulso progresista

Memoria histórica

POR Aurélien Guilabert Fecha: Hace 4 weeks
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El cine nació en 1895, en Francia, mediante el documental y gracias a los Frères Lumières. Alquimia entre lo real y la ficción que puede ofrecer el cine en general, el documental da la posibilidad de sentir y concentrarse en sensaciones, emociones, reflexiones o funciones que no necesariamente activamos en nuestra vida diaria.

Más allá de retratar una verdad intacta e irrefutable, el documental permite indagar y resaltar algunas problemáticas o cuestiones temáticas, a veces desapercibidas ante la cantidad cada vez más subyugante de información. Enfocar en una situación un problema, una historia o una solución nos permite, como espectadores, pausar la recepción desenfrenada de contenidos visuales; entrar en una reflexión interna y externa sobre lo vivido en la experiencia visual.

Romper el silencio: el documental puede fungir como una herramienta del cambio social al alumbrar una verdad escondida, evidenciar una situación asimilada por hábitos, denunciar una problemática aguda o revelar un escándalo social. Fue así que documentales como De panzazo o Presunto culpable lograron no solamente posicionar ante la opinión pública situaciones críticas reales en sectores trascendentales para el desarrollo y bienestar social, como lo son la educación y la justicia, también han sido útiles para el fortalecimiento democrático.

Los dos ejercicios, gracias a una difusión hábil y un posicionamiento estratégico, permearon de manera incisiva en la opinión pública y los propios responsables del Estado. Fueron también el semillero de distintas iniciativas y vocaciones activistas ciudadanas que nacieron a partir de dicha sensibilización. No se inventó nada, se hicieron visibles situaciones estancadas y de urgente resolución, especialmente gracias a la viralización y la toma de conciencia de lo anormal, de lo escandaloso de rutinas institucionales discriminatorias, de violaciones a los derechos y libertades fundamentales de la población mexicana.

El documental es sin duda una fuente de información útil para la creación de la memoria histórica, base del conocimiento y del derecho a la información. Al respecto, México carece de una plataforma, de un banco de datos abiertos, de libre acceso, nutrida con los documentales o videos históricos.

Esta nación es uno de los países de mayor consumo de contenidos visuales, especialmente en Internet o en las redes sociales. El fortalecimiento del uso del documental social en la educación resultaría útil para la concientización cívica y cultural.

Por esas razones, el impulso del documental –desde su realización, promoción de la creatividad, difusión, fácil acceso, su concentración en archivos consultables– contribuye al desarrollo social y democrático. Si bien ejercicios como la Cineteca Nacional o festivales como DocsMX son altamente recomendables, el género documental debe ser aún más accesible e incluyente, especialmente hacia las poblaciones de distintos niveles socioeconómicos, o romper con las disparidades territoriales.

Soñemos con caravanas o antenas de dichas iniciativas hasta lo profundo del oriente de la capital o en zonas rurales con el fin de intercambiar y fortalecer el tejido y la cohesión comunitaria.

Al contrario, el gobierno carece de una estrategia de promoción o excepción nacional en la materia, y los recortes presupuestales públicos al cine nacional, especialmente hacia el estilo documental, han venido aumentando durante los últimos años, cuando paradójicamente varios profesionales mexicanos andan brillando a nivel mundial.

 

*Fundador de Espacio Progresista, A. C. 
Asesor en estrategias de políticas públicas, incidencia social 
y cooperación internacional.

@aurel_gt

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