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Opinión
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Especial
Leyendas Sexuales

Mujeres Curiosas

POR Rocío Sánchez Fecha: Hace 4 meses
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¿Y si el sexo fuera una manera de conocer culturas, nacionalidades, ideologías? Antonia no necesariamente se lo preguntó así, pero lo ha puesto en práctica casi toda su vida. Es una coleccionista de orgasmos, una experimentadora permanente del placer. Mientras tanto, María es una enamorada serial que va de un cariño a otro y que en cada uno encuentra lo agridulce de las relaciones de pareja.

Este tipo de historias de mujeres no suelen leerse con frecuencia, a menos que se trate del guion de una película porno o de una novela rosa donde la protagonista terminará en un típico final feliz.  Mas no esta vez. Aquí no hay príncipes azules, pues tanto Antonia como María son lesbianas.

Se trata de Lo que soñé mientras dormías (Planeta, 2017), la primera novela de Ana Francis Mor. Esta actriz, cabaretera, columnista y activista se aventuró en un género artístico distinto del que desarrolla sobre el escenario con su compañía Las reinas chulas, y lo hizo con un excelente resultado.

María y Antonia no son pareja, sino amigas entrañables desde que sus casas estaban colocadas “espalda con espalda” en la misma cuadra. Tampoco es su orientación sexual la que las hace peculiares. A pesar de provenir de familias comunes, más aún, tradicionales, sus vidas han dado giros poco convencionales.

María, por ejemplo, diseña sistemas de préstamo de bicicletas y todo lo relacionado con su infraestructura en diversas ciudades del mundo. Antonia es más trasgresora y dirige películas posporno, ese género que busca alejarse de la pornografía comercial –machista– y que muestra cuerpos normales, escenarios extraños o prácticas alternativas (como la penetración de mujeres a hombres o la utilización de comida en la dinámica sexual).

Ambos personajes han visto suficiente del mundo como para distanciarse de la carga tradicional de sus familias y han vivido intensos romances con mujeres de distintas nacionalidades; una, por ejemplo, estaba casada con un diplomático, y otra era una talentosa fotógrafa proveniente del Cono Sur. Sin embargo, esto no quiere decir que las protagonistas olviden a sus madres golpeadas, a sus abuelas controladoras o a sus abuelos violentos que exigieron de las mujeres de su estirpe un comportamiento “serio”.

Entrevisté a Ana Francis sobre su creación y me dijo que lo que le interesaba era hablar de las mujeres. No necesariamente de las lesbianas, sino de todo tipo de mujeres. Le interesaba hablar de la naturaleza humana, de cómo a todas (y a todos) nos rompen el corazón y de cómo nos damos cuenta que de eso no vamos a morirnos, y agarramos vuelo para comenzar de nuevo.

Algo que me llamó la atención fue la cantidad de páginas que María y Antonia dedican a reflexionar, a preguntarse cosas. Sobre esto, la autora me dijo algo interesante: “Cuando a una mujer le quitas el asunto del amor y el asunto de la maternidad, le queda todo un universo por reflexionar”. Esto, por supuesto, no quiere decir que las que aman y tienen hijos no reflexionen, “lo que pasa es que están tan preocupadas por lo inmediato de la maternidad y lo inmediato del amor (por ejemplo, el sostenimiento de la ficción del amor romántico), que en eso se va un chingo de energía”.

Este libro es un ejercicio muy interesante, además de bien escrito, no sobre “lo que callamos las mujeres”, sino sobre lo que sentimos en realidad, sobre lo que nos mueve y sobre cómo las de esta generación, a diferencia de las anteriores, comenzamos a cuestionar el rol que nos toca jugar en la sociedad. 

* Periodista especializada en salud sexual.

@RocioSanchez

#Leyendas sexuales#Rocío Sánchez
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