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Opinión
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Leyendas Sexuales

Para madres felices

POR Rocío Sánchez Fecha: Hace 2 weeks
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Hablar de madres trabajadoras se antoja a pleonasmo. Es una jornada de 24 horas la que muchas mujeres cumplen al momento de criar a sus pequeños (y no tan pequeños) descendientes. No tengo hijos o hijas, pero miro hacia cualquier parte y encuentro mujeres que tienen que resolver la vida de sus vástagos además de la propia. Y como si no bastara con eso, ahora deben “probar” que son excelentes esposas y que cuidan su apariencia para mantener vivo el interés erótico y no “descuidar a sus parejas”. Y a ellas, ¿quién las cuida?

No puedo imaginar lo que es levantarse por la mañana cuando el resto de la familia todavía está roncando, y luego acostarse la última por la noche cuando todos están, de nuevo, en profundo sueño. Y aun con ese tipo de jornadas se pretende que lleguen a la cama bien dispuestas, por si acaso el señor que duerme con ellas desea tener sexo esa noche.

Tampoco se tome esto como una amarga queja que pinta una situación insalvable; por el contrario, se trata de visibilizar la situación de la doble o triple jornada de trabajo que muchas mujeres tienen que cumplir y que es capaz de acabar con la libido de cualquiera. Las posibles soluciones al problema están más cerca de lo que parece.

El origen de los conflictos entre hombres y mujeres es clave. Un hombre que tiene problemas en la cama (que se siente insatisfecho sexualmente, no deseado o rechazado) desarrollará problemas emocionales, es decir, se distanciará emocionalmente. Las mujeres funcionan al revés: si se sienten vacías emocionalmente, no reconocidas, tristes o poco apoyadas, dejarán de tener interés en la cama. No intento hacer una generalización maniquea, por supuesto que hay excepciones, pero dado que todos recibimos más o menos la misma educación emocional, las coincidencias son más que las diferencias.

¿Cómo le hacemos, entonces, para darle a cada quien lo que quiere? Muy sencillo: repartir las tareas de la casa. Y no estoy hablando de que el señor (o alguno de los hijitos) saque la basura los sábados por la mañana, o que lleve a los niños al parque el domingo. No hablo de “hoy déjame los trastes” o “el sábado yo cocino los hot cakes”. Se trata de distribuir verdaderamente el trabajo que implica llevar un hogar.

Si los hombres quieren hacer un cambio, entonces que no “ayuden”, sino que asuman la parte de responsabilidad que les corresponda. Y las mujeres también tienen su cometido: dejar de asumir que ellos “no podrán” hacer las tareas diarias, prejuicio que acaba por quitarle al varón sus buenas intenciones y dejarlo sentado en el sillón mientras ellas siguen trabajando.

Si la energía que requiere el cuidado de hijos, hijas y hogar se repartiera en partes iguales, al menos ambos llegarían igual de cansados a la cama y descansarían a la par. Y si tiene que dejarse el sexo intenso para el viernes porque al otro día no hay que levantarse temprano, ¿cuál es el problema? Es mejor un día a la semana que ninguno, y un montón de caras de insatisfacción volando por toda la casa.

Por supuesto que una escapada de tanto en tanto no le cae mal a nadie. Un viaje de fin de semana o una noche que pasen los hijos con los abuelos, y entonces sí que habrá oportunidad de compartir la verdadera intimidad sin el temor de que alguien abra la puerta sin avisar o de que se escuche demasiado fuerte el rechinido de la cama.

No sé si peco de obvia, pero una mejor vida sexual vale hasta los esfuerzos más pequeños. A veces la rutina pesa tanto que nos olvidamos de que hasta los cambios mínimos pueden lograr grandes diferencias.

*Periodista especializada en salud sexual.

@RocioSanchez

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