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Opinión
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Leyendas Sexuales
Leyendas Sexuales

Personas 
de dos espíritus

POR Rocío Sánchez Fecha: Hace 2 meses
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Muchos hombres que se dedican a las artes (música, pintura, escritura) son considerados “afeminados”, como si la sensibilidad estética estuviera vetada para los hombres y fuera atribuida sólo a nosotras, las mujeres.

Obviamente, esto no es así. Las mujeres y los hombres crecemos convencidos de que somos buenos para unas cosas y malos para otras por el simple hecho de haber nacido con cierto sexo. Lo que es verdad es que esto no es reciente. Durante la existencia de la humanidad, las tareas se han dividido por géneros, pero hay algunas historias interesantes donde estos géneros se entrecruzan. Tal es el caso de las llamadas “personas de dos espíritus”.

Como sabemos, los pueblos indígenas de Norteamérica fueron casi exterminados durante la conquista europea. Desde la parte norte de México hasta las últimas tierras de Canadá estaban pobladas por grupos nómadas que, por lo árido de la tierra, debían desplazarse para encontrar comida o sortear el rudo clima que los rodeaba. Este estilo de vida evitó que se establecieran formando ciudades, como lo hicieron los pueblos de Mesoamérica.

Entre esos pueblos originarios del norte había personas muy respetadas por las comunidades: la gente de dos espíritus. No es el nombre de una tribu, sino un grupo de personas que mostraban interés y facilidad para desarrollar tareas asignadas a su sexo y también al otro, y cuya presencia se ha documentado en más de 150 tribus.

Hay que recordar que en los pueblos nómadas se ejemplifica una especialización del trabajo que, dicen los biólogos de la evolución, permitió a la raza humana prosperar. Los hombres, casi siempre más grandes y fuertes que las mujeres, salían de caza, a cortar leña y a otras tareas que requerían fuerza física. Ellas, por su parte, permanecían seguras en las comunidades, teniendo bebés y criándolos, cocinando y realizando todo tipo de artes como bordar, hilar, pintar o coser.

En ese contexto, un niño aprendía a cazar y a cortar leña, pero al entrar en la pubertad podía interesarse en confeccionar prendas, cuidar a los pequeños o cocinar. Muy lejos de lo que sucede hoy con un niño que quiera jugar con muñecas (que, hay que reconocerlo, recibirá al menos un grito bien dado), las tribus de Norteamérica consideraban que ese niño era especial, pues en su cuerpo convivían los espíritus de hombre y de mujer.

Es decir, no se pensaba que un hombre “se volvía mujer” por hacer tareas femeninas, ni una mujer “se volvía hombre” si se mostraba ruda y fuerte; se consideraba que había nacido un hombre de dos espíritus o una mujer de dos espíritus, respectivamente. Por este poder sobrenatural, estas personas solían ser sanadoras o chamanes de sus pueblos.

Si bien el concepto de dos espíritus no se basaba en la sexualidad, sino en el rol de género, era posible (y común) que estas personas adoptaran totalmente la apariencia del sexo opuesto y que se casaran, los hombres de dos espíritus con otros hombres y las mujeres con mujeres.

Sin embargo, la conquista de los pueblos de Aridoamérica fue brutal. Fueron eliminados y los sobrevivientes confinados a reservaciones donde se les inculcó la cultura occidental y la religión cristiana, la cual condena severamente las relaciones del mismo sexo. Así, dicen los nativos americanos que viven hoy, la gente de dos espíritus es señalada por sus propias comunidades. Por esto, organizaciones como Dancing to Eagle Spirit Society, en Canadá, pugnan por recuperar la memoria de los pueblos que habitaron esas tierras antes de que cualquier colonizador llegara a “civilizarlos”.

* Periodista especializada en salud sexual.
@RocioSanchez

#escritura#Mesoamérica#música#pintura
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