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Opinión
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Leyendas Sexuales

Sexo en el laboratorio

POR Rocío Sánchez Fecha: Hace 1 month
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La doctora Nicole Prause había encontrado demasiadas negativas a sus propuestas de estudiar la sexualidad humana en las instituciones en las que había trabajado. Poco a poco se dio cuenta de que, si quería desarrollar investigaciones serias y, sobre todo, libres acerca del tema que le interesaba, tenía que emprender.

Fue así como, en 2015, fundó su propio laboratorio y lo llamó Liberos. Su sitio web lo define como una compañía biotecnológica dedicada no sólo a investigar científicamente la respuesta sexual humana, sino también a desarrollar dispositivos basados en ese tipo de investigación, así como a prestar servicios relacionados con la actividad cerebral que conlleva el erotismo y la sexualidad.

Sin embargo, la investigación por la que este centro, ubicado en Los Ángeles, California, se ha colocado en el mapa, es la estimulación cerebral. ¿Has visto los experimentos que se hacen en ratas en los que les colocan electrodos a fin de modificar su comportamiento a través de impulsos eléctricos? Liberos hace eso, pero cuando decimos que es en humanos y que busca hacerlos sentir bien, tal vez suena menos feo. A mí, en realidad, me parece gracioso y fascinante a la vez. Después de todo, los científicos experimentan con ratas porque tenemos más parecido biológico con ellas del que a veces quisiéramos.

El equipo de la doctora Prause utiliza el método de la electroestimulación, es decir, la aplicación de corriente eléctrica en ciertos puntos del cerebro a través de estimuladores colocados en algunos puntos de la cabeza. La técnica ya existía, mas este laboratorio tiene la patente para usarlo en un sentido específico: alterar la forma en que las personas responden a señales sexuales, por ejemplo, imágenes sensuales. El objetivo es determinar cómo incrementar o disminuir el nivel del deseo sexual, según la necesidad de las personas.

Los experimentos en este sentido continúan, y si tienes curiosidad y quieres ayudar al progreso científico, puedes anotarte en la lista de espera de voluntarios que prestarán sus cerebros para tan noble fin. La idea es recabar información suficiente con el propósito de diseñar un dispositivo (una especie de arnés que se coloca alrededor de la cabeza, con estimuladores en la nuca y en la barbilla) que pueda producirse a gran escala. Esta investigación está en curso y aún no se han logrado resultados definitivos.

No obstante, se sabe que la técnica es segura (salvo algo de irritación que puede presentarse en la piel debido a la corriente eléctrica), así que si no quieres esperar y prefieres ir directo al punto de saber si la electroestimulación cambia (o no) y de qué forma tu cerebro, puedes reunir unos 1 200 dólares, volar a California y solicitar el procedimiento como un servicio. Esto implica recibir al menos diez sesiones, al cabo de las cuales ya podrías saber si funcionó para “normalizar” tu deseo sexual (digamos, llevarlo a un punto medio y equilibrado).

Otro interesante servicio es el mapeo de lo que sucede en el cerebro durante la estimulación sexual. El cliente puede elegir desde una sesión de pornografía hasta una de pleno sexo con su pareja. Los científicos aseguran que no videograbarán la acción, y que simplemente registrarán la actividad cerebral y luego interpretarán los datos en una consulta. Este servicio podría ser útil, por ejemplo, para personas que sienten que no experimentan el orgasmo de forma plena, pues les permitiría identificar si hay algo “extraviado” en la ecuación.

Si no sabes qué hacer con tus dólares, esta empresa científica puede ser un excelente destino. Además, la humanidad te lo agradecerá.

* Periodista especializada en salud sexual.

@RocioSanchez

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