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Opinión
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Leyendas Sexuales

Sexo en la vejez

POR Rocío Sánchez Fecha: Hace 4 months
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“¿Cómo te vas a ver con esos tatuajes cuando seas viejo?”, es una de las preguntas que los padres espetan en sus últimos intentos desesperados por detener al hijo que está decidido a grabarse la piel. “Pues viejo y con tatuajes”, es la respuesta más inteligente que el hijo podría dar. Debemos estar conscientes de que la mayoría de las personas que conforman nuestra generación llegarán a la tercera edad, y es importante comenzar a pensar en cómo queremos vivir esa etapa.

La apertura a hablar sobre temas de sexualidad es una tendencia imparable. Ese contexto es una buena oportunidad para resolver todas las dudas, y no sólo las que tenga la generación X o la Z o la millennial, sino también la generación que ya se encuentra en la edad de oro, aunque la creencia popular diga que, conforme las personas envejecen, pierden el interés por la vida sexual y se dedican sólo a sentarse frente al televisor o a tejer bufandas y carpetitas.

Si bien la sexualidad en la tercera edad es un ámbito que se ha estudiado  escasamente desde la ciencia, las investigaciones disponibles han dado cuenta de que, para la mayoría de las personas, las cosas ya no se cuecen al primer hervor.

El anterior es un hecho que hay que aceptar, sin embargo, de ninguna forma quiere decir que las personas mayores no deseen tener una sexualidad placentera. Así lo muestra el estudio “Experiencias de dificultades sexuales de adultos mayores: hallazgos cualitativos del Estudio Longitudinal Inglés sobre Envejecimiento”, encabezado por la investigadora Sharron Hinchliff y publicado el año pasado en el Journal of Sex Research. Hinchliff y su equipo de la Universidad de Sheffield, Reino Unido, analizaron la información obtenida en la mencionada encuesta, que indaga sobre la salud, la situación social, el bienestar y las circunstancias económicas de la población inglesa entre 50 y 90 años de edad.

Gracias a una sección de la encuesta que era abierta, es decir, donde los participantes podían extenderse sobre el tema de la sexualidad si así lo deseaban, los investigadores detectaron que quienes compartieron sus experiencias (unas mil personas) experimentaron cambios en su desempeño sexual, frecuentemente negativos, lo cual vivieron como una pérdida o un motivo de malestar.

Las enfermedades relacionadas con la edad –hipertensión o diabetes–, los procesos como la menopausia y los procedimientos como la histerectomía estuvieron entre los factores más relevantes que mermaron la calidad de la vida sexual adulta. Los hombres experimentaron dificultades para conseguir una erección, una eyaculación o un orgasmo, mientras que las mujeres tuvieron problemas para excitarse y menor lubricación vaginal. Todo esto, dicen quienes dieron su testimonio, sucedió aunque cuando eran más jóvenes consideraban tener un ávido apetito sexual, por lo que al comenzar con los problemas se sintieron frustrados, tristes y vieron afectadas sus relaciones de pareja.

La pregunta que me surge de todo esto es: ¿cómo nos irá a nosotros, los de la era de la información, en ese terreno conforme vayamos envejeciendo? ¿Seremos capaces de procurar nuestro propio bienestar en este ámbito, pero aceptando el paso del tiempo y sin pretender hacer las mismas maromas que a los 20 años?

La mejor (si no es que la única) vía para mantener una buena salud sexual es comenzar desde ahora, y si los médicos u otros profesionales de la salud todavía sienten vergüenza de hablar sobre el tema, habrá que obligarlos. Sólo así lograremos que eso de la “adultez en plenitud” deje de ser un eufemismo y se convierta en realidad.

* Periodista especializada en salud sexual.

@RocioSanchez

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