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Opinión
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Leyendas Sexuales

Sexo en Tijuana

La ciudad de Tijuana tiene fama de ser una fiesta interminable, sobre todo para los visitantes que cruzan la frontera del norte hacia el sur

POR Rocío Sánchez Fecha: Hace 1 mes
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La ciudad de Tijuana tiene fama de ser una fiesta interminable, sobre todo para los visitantes que cruzan la frontera del norte hacia el sur. Sin embargo, cuando llegué por primera vez a esta ciudad, no venía con ningún ánimo festivo. Había leído historias aterradoras sobre secuestros de mujeres de todo el país a fin de explotarlas sexualmente, haciéndolas adictas a drogas duras como la heroína en cuanto ponen un pie en territorio bajacaliforniano.

Casualmente hoy, que vuelvo a esta esquina del país, me encuentro con lo “descubierto” por un grupo de hombres estadounidenses que hace unos cinco años realizó una “especie de documental” para mostrar el lado tres equis de Tijuana. El colectivo se autodenomina Docunografía (Docunography, en inglés), por la unión de las palabras documental y pornografía, y se jacta de describir la situación de las trabajadoras sexuales en la ciudad, mezclándola con escenas explícitas.

El equipo de producción se dio a la tarea de colocar una cámara de video en un falso teléfono celular, e instalar ese dispositivo en una camisa que permitió a un infiltrado grabar espectáculos de los table dance y numerosos encuentros con sexoservidoras que contrató “en aras de la información”.

Independientemente de la visión morbosa del filme –dura poco más de una hora y media y circula en algunas páginas pornográficas de Internet–, la postura es parcial, pues concluye, por ejemplo, que las trabajadoras sexuales ejercen bajo una estricta regulación sanitaria que, por medio de credenciales, certifica que no tengan ninguna infección sexual. O sea, todo es legal, seguro y sobre todo, barato, así que su mensaje parece ser: “¡Vengan, amigous!”

La camarita escondida que, claro, muestra los rostros y cuerpos de las chicas, mas no de quien la porta, nos lleva a las entrañas de los table dance, donde las mujeres se masturban y tienen sexo lésbico como parte del show. Los parroquianos les llenan las tangas de dólares con la finalidad de tocarlas. Incluso tratan de introducir los billetes en la vagina, lo cual, por puro sentido común, es un atentado contra la salubridad. Tal vez por eso las chicas interceptan los dedos lujuriosos y les arrancan el papel moneda en un movimiento disimulado, pero firme.

Sin embargo no sólo ellas son el entretenimiento. En el table donde fueron a caer los realizadores, un hombre celebra su cumpleaños. Termina arriba del escenario, desnudo y recibiendo sentones de las bailarinas sobre sus genitales. No son sentones eróticos, sino más bien de estilo lucha libre. Finalmente, el “maestro de ceremonias” ordena que las chicas lo pongan boca abajo y le coloquen una botella de cerveza justo contra el ano. Mientras el público se vuelve loco, las mujeres empujan y le pegan a la base de la botella. ¿Alguna vez te has golpeado el esfínter? ¿Conoces ese dolor? Por el asomo de saña en la cara de las chicas –la de él no se alcanza a ver–, no parece divertido.

Así de “llevada” es esta industria del sexo; no se anda con medias tintas. Para entrar y sobrevivir en ella hay que ser fuerte y tener estómago, pero de eso no habla el filme. Da por hecho que los 20 ó 60 ó 70 dólares que cobran las sexoservidoras son para ellas. Para esos gringos no existen los padrotes, la violencia ni la falta de oportunidades. Aunque en algo sí tienen razón y es una desgracia: una mujer nunca va a ganar, en un trabajo común y corriente, lo que gana al vender sexo. En Tijuana –como en cualquier lugar del mundo– ellas los necesitan cada fin de semana para pagar escuelas, medicinas, comida y vivienda. Bienvenidos sean mientras traigan sus dólares, que aquí los estaremos esperando con las piernas abiertas, y la realidad oculta debajo del colchón.

* Periodista especializada en salud sexual.
@RocioSanchez

#Leyendas sexuales#rocio
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