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Opinión
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Leyendas Sexuales

Un gay gigante

POR Rocío Sánchez Fecha: Hace 10 months
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Esta es la historia de un gay que quería ocultarse, pero era muy gay y muy grande. Al menos así se vio a sí mismo, en un momento de sus veinte, en una foto que se había tomado con un grupo de amigas. “Qué gay y qué gigante”, se juzgó. Pero luego logró dar la vuelta a eso y comenzó a dibujar su propio personaje.

Se llama Gabriel Ebensperger, nació en Chile en 1983 y nunca aprendió a jugar futbol, según él mismo lo cuenta. En cambio, es diseñador gráfico e ilustrador, y vino a México a presentar su primera obra de narrativa gráfica titulada Gay Gigante. Una historia sobre el miedo (Tusquets, 2016). El formato tipo cómic de esta obra la hace fácil de navegar y el tono rosa mexicano de su tinta le agrega ese guiño estereotípico de lo homosexual.

Si puedo ser honesta, abrir el libro y ver dibujitos me desalentó un poco, pero al empezar a leer tuve que rendirme a este relato autobiográfico donde Gabriel cuenta el conflicto que significó para él crecer siendo gay en un país como Chile (o México o Perú o Guatemala). Además, me terminó de ganar con las múltiples referencias a la cultura pop de la década de los noventa con la que yo, igual que él, crecí.

A pesar del tono juguetón con el que cuenta sus anécdotas, no pude evitar sentirme triste de cuando en cuando. Por ejemplo, cuando Gay Gigante era un minigay que a los seis añitos jugaba con sus amigos al Festival de la Canción de Viña del Mar, y se hizo acreedor a una pedrada por participar cantando “Hombres al borde de un ataque de celos”. Sí, la de Yuri.

La historia que Gabriel cuenta en sus páginas rosas la he oído muchas veces: “Yo sentía que algo estaba mal en mí, pero no sabía qué era”. La mayoría de la gente gay que conozco –y conozco mucha– identificaba el desprecio en las frases machistas que acompañaban los golpes de sus padres, sus hermanos mayores o los vecinos de la cuadra.

Por eso, Gay Gigante es una historia sobre el miedo: el miedo a ser diferente, a ser inadecuado, a sentir cosas que no se pueden controlar y a ser descubierto. Habla de dolor, pero también, afortunadamente, de la búsqueda de la paz en el propio interior, que es donde verdaderamente reside (sí, aunque suene a cliché).

Sé que muchas personas todavía creen que la gente se hace homosexual. Yo tengo la certeza de que se nace así. Leer esta historia significó reafirmar esta idea, pero también conocer mejor un proceso de descubrimiento que no ha sido fácil para nadie que yo haya conocido.

Entrevistar al autor fue todo un placer. Es un muchacho simpático, inteligente y crítico, que finalmente ha sido cobijado por el cariño de su familia, pero sabe que en otros hogares muy probablemente hoy habita una personita homosexual que se siente como él se sentía, y tiene la esperanza de que su libro ayude a mamás y papás a comprender que dicha personita va a necesitar amor, aceptación y apoyo de ellos, los más importantes en su vida.

Gabriel Ebensperger también está convencido, para decepción de algunos heterosexuales (homofóbicos), de que la “salida del clóset” es completamente innecesaria. “Es como un rito de pedirle permiso a tu entorno heterosexual a existir, y decirles ‘¿Me van a respetar, por favor?’. Lo encuentro feroz”. Y yo coincido con él. Cuántas veces hemos hablado aquí de esa ansiedad por etiquetar todo. Los gays no necesitan andar por la vida con un letrero que los identifique, así como los heterosexuales no lo necesitamos tampoco. La libertad de vivir la propia vida debe residir únicamente en la condición de ser humano.

* Periodista especializada en salud sexual.

@RocioSanchez

#Gabriel Ebensperger#Gay#Homofobia#Tusquets#Una historia sobre el miedo
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