Propósitos antihuella

21 de Enero 2018

Foto Revista Cambio

POR VALERIA GALVÁN*

“La mejor manera de eliminar nuestra huella de carbono es no tener hijos”, me dijo Jonathan con su peculiar tono sarcástico que mata porque –además de ser muy atractivo–, es un doctor poco convencional.

“¿Por qué?”, le pregunté mientras compartíamos alitas y cerveza. “Porque la única manera de reducir la contaminación no es eliminando los desechos, sino a quienes los producen. Una disminución en el número poblacional es, a mi parecer, la única manera de reducir eficazmente la contaminación y sobreutilización de recursos, ¿ves? Por eso yo no pienso tener hijos pero mi esposa sí quiere, supongo que no me va a quedar de otra”, remató.

Jon no es el único que se preocupa por el medio ambiente (lo digo con sarcasmo). Es todo un personaje, y encuentra una manera poco ortodoxa de poner su granito de arena al promover la no reproducción humana.

¿Qué estamos haciendo los demás? ¡Ya, en serio! No hablo de lo mismo de siempre, de los mismos propósitos de cada año que bien puedo anotar en una lista. Separar basura, no desperdiciar agua, no tirar basura en la calle, ¡basta!, son tan old fashion que eran mis propósitos en preescolar, y puedo asegurar que no fui la única estudiante de principios de los 90 que vio comerciales de televisión donde le pedían a la sociedad que cuidara el medio ambiente.

Hasta cierto punto mi amigo Jon tiene razón. Somos muchos y hemos permitido que la contaminación avance a tal grado que los ambientalistas nos piden tomar otro tipo de acciones que no hubieras soñado ni por error mientras empatábamos los comerciales de “cuida el agua” con los de “cuéntaselo a quien mas confianza le tengas” y “cuenta hasta diez” (¡qué recuerdos!).

Sin embargo, no podemos sólo promover la no reproducción ya que atentamos contra el libre albedrío, costumbres o sueños de los demás. Lo que podemos hacer es replantear nuestros propósitos para reducir nuestra muy personal huella de carbono en nuestro paso por el mundo. Algunos que me parecen importantes y que he adoptado con la finalidad de transmitirlos a otros son: además de no desperdiciar el agua, tratar de reutilizarla y aprovechar la lluvia para recolectarla; dividir la basura no sólo como orgánica e inorgánica, debemos separar el papel, el plástico (no utilizar plástico es mejor opción, pero mientras llegamos a este paso clasificarlo está bien), los residuos orgánicos y hacernos amigos de lo que se conoce como slow food; buscar ropa de medio uso (hay diferentes alternativas, sólo hay que buscar).

La lista puede ser más larga o más personal, y ya que comenzamos a fijar nuestras metas para este 2018 –incluyen la ya tan repetida pérdida de kilos y el encuentro de nuestra media naranja– ¿por qué no considerar metas que dejen una huella verde? Una huella para el bien de nuestros hijos en lugar de eliminar nuestro legado humano… aunque esa todavía es una decisión personal. No tener hijos tampoco está mal pero, insisto, debe estar enmarcada en el libre albedrío. Lo único que ya no parece ser una alternativa es seguir destruyendo el planeta como lo hemos hecho hasta ahora, ¿no te parece? 

*Buscadora de historias urbanas de sus contemporáneos millennials. Ponte atento, tu historia puede ser la próxima.

@valeria_galvanl

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