Emociones 
sin etiquetas

01 de Abril 2018

Foto Revista Cambio

POR VANESA RODRÍGUEZ*

Algunos impulsos sombríos del ser humano se reflejan en cosas cotidianas, aunque no nos damos cuenta. Imagina: vas caminando y ves que alguien se cae, ¿cuál es tu primera reacción? Confiésalo, no lo niegues, te ríes ¿verdad? Antes de auxiliar, no faltará aquel que grabe, se viralice… la historia ya la conoces: #Lady o #Lord. Todo ello es insensible, pero esta forma de reaccionar tiene su explicación: reconocido o no tenemos el placer culposo de sentirnos bien cuando a otro le va mal, y es porque ante el error somos implacables (te presento a la soberbia).

En este sentido, ¿qué pasaría si el que cae fueses tú?, seguramente te levantas como resorte y volteas a todos lados para ver si no te grabaron; ahí no te ríes, ¿verdad? (el orgullo hace su aparición). Esta emoción compleja surge por la envidia, pues malgastamos el tiempo criticando en vez de alcanzar lo que deseamos o agradecer lo que tenemos, o bien por un deseo de venganza, ya que pensamos que la otra persona merece un castigo por algo que nos hizo o simplemente por nuestra baja autoestima. Pero si nos valoramos, no nos comparamos con los demás, ¿o sí?

Estas actitudes aparecen por la sobrevaloración que tenemos del yo, y generan un problema social: la desconfianza en el ser humano. Este veneno engendra la soberbia, que puede ser individual o social, y que ha provocado problemas tan grandes como el hambre, la discriminación o las guerras.

No podemos seguir en un acto contemplativo aceptando simplemente que esto sucede. Ahora que ya conoces estas emociones, puedes tratar de regularlas con humildad para que, con tu propio esfuerzo y logros, te puedas sentir bien con lo que tienes.

Se vale ser ambicioso, porque eso nos permite esforzarnos con el propósito de superarnos, pero lo que no se vale es poner obstáculos en el camino de los demás.

Aprendamos de los grandes líderes que con sus acciones han cambiado el rumbo del mundo, y que su lucha no quede en un campo infértil sino al contrario, que sigan las buenas acciones porque unidos somos fuertes, ya lo demostramos con las desgracias naturales del año pasado.

Este tiempo de descanso aprovéchalo para reflexionar, y si puedes realizar lo siguiente:

–   Una frase para iniciar el día: “Gracias, gracias, gracias. Recibo del universo la abundancia que me corresponde”. Además no te sientas mal por la emoción negativa, conviértela en positiva.

–   Reinventa tu pensamiento único en un enfoque diferente (no todo es absoluto), y si sientes ese placer culposo acéptalo, pero reflexiona porqué lo sientes.

–   Procura no usar las redes sociales, mejor disfruta el momento y con quién estás (tendrás otro momento para subir información). Sé feliz por quien eres y por lo que tienes. Todo se logra con paciencia, empatía y capacidad de perdonar.

–   También recomiendo que pongas a hablar a tus pensamientos (negativo contra positivo); crea tu propia afirmación positiva (qué quieres o cómo quieres ser) y conviértete en filósofo (¿cómo resolverías los problemas actuales?). Verás que siempre puedes aprender a manejar esas emociones negativas sin necesidad de colocarles etiquetas satanizadoras.

*Maestra en resolución de conflictos.

@e_bei

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