Revista Cambio

Blade Runner 2049

El entusiasmo mayoritario de la crítica norteamericana avala la noción de que la nueva entrega de Blade RunnerBlade Runner 2049 (USA, 2017)– es mucho mejor que la original, estrenada en 1982 y dirigida a contracorriente por Ridley Scott. Aunque es claro, una vez vista la nueva cinta, que quien afirme tal cosa miente o no ha visto la original.

Blade Runner es, casi por definición, insuperable. Entre otras cosas porque su influencia en el cine y en la cultura popular es tal que lo que entonces era inconcebible y novedoso hoy es una idea que ya no causa admiración: el replicante como concepto lo vivimos diario, así sea en una etapa muy primigenia, con nuestros celulares. No hay forma de que esa cima en la historia del cine y la cultura pop sea superada.

El director canadiense Denis Villeneuve lo sabe, y por ello se decidió por lo más inteligente: tomar cierta distancia –treinta años de distancia, para ser exactos. Junto con Hampton Fancher como guionista (también coguionista de la primera cinta) y con Roger Deakins (su as bajo la manga) tras la cámara, Villeneuve entrega una pieza que definitivamente se siente parte del universo creado por Ridley Scott, aunque sabe desmarcarse lo suficiente y se muestra como una pieza aislada de la original.

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Han pasado 30 años desde los eventos de la primera cinta y los Blade Runner siguen cazando viejos modelos Nexus que lograron modificar su fecha de caducidad. Un agente, llamado K (Ryan Gosling), descubre un secreto que podría cambiar la historia de la humanidad y los replicantes para siempre. Todos los caminos apuntan a un viejo agente llamado Deckard, por lo que K tratará de localizarlo.

El mayor triunfo de la cinta es saber emular el ritmo así como la atmósfera de desazón y melancolía de la primera en una historia que remite a una parte nodal de la película original. En el centro sigue presente la angustia existencialista, los replicantes (los robots humanoides creados originalmente como asistentes, esclavos, y ahora rebeldes que claman por humanidad) se aferran a sus recuerdos así sean falsos, así sean sueños, así quepan en una diminuta USB.

El agente K irá tras la pista de algo que le llena de esperanza y a la vez de horror mientras nosotros, lentamente, nos dejamos seducir por la imagen, las ideas y el ritmo casi contemplativo en esta cinta que (cosa rara en un blockbuster) se permite largas secuencias en silencio, se toma su tiempo, se regodea en su propia imagen.

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Irónicamente, Villeneuve realiza este filme con la ayuda mínima de las computadoras, crea todos los sets que se ven en pantalla porque sabe que el ojo humano no es fácil de engañar. Cada fotograma se vuelve una pintura, una experiencia visual absoluta.

Las actuaciones están a la par de este despliegue de imágenes. Ryan Gosling como el agente K transmite la desazón de su profesión y la desesperación por descubrir la verdad. Se trata de un ente sumamente solitario cuya única compañera es una guapísima asistente digital (Ana de Armas) que lo sigue a todas partes. Ambos se convierten en una de las mejores parejas en el cine de la última década.

La nostalgia se desborda cuando finalmente aparece Deckard (Harrison Ford), avejentado, aislado, pero aferrado a la memoria de su pasado y del único amor en su vida. Su aparición en pantalla es uno de los momentos más logrados, un homenaje al trabajo de Ridley Scott y, por supuesto, al de Philip K. Dick (el autor del libro en que todo este universo está basado).

Jardinera del espacio

Blade Runner 2049 carece de la poesía improvisada, de la suciedad perenne y de la música de Vangelis, sin embargo, mantiene el espíritu y genera nuevas interrogantes sobre la realidad y el artificio, la máquina y lo humano. Se trata de una hermosa experiencia que honra al filme original.

Dirección: Denis Villeneuve.

Guion: Hampton Fancher
y Michael Green.

Producción: Ridley Scott,
Bill Carraro, Bud Yorkin.
Estados Unidos, 2017.

Fotografía: Roger Deakins.

Edición: Joe Walker.

Diseño de producción:
Dennis Gassner.

Con: Ryan Gosling, Harrison Ford, Ana de Armas, entre otros.

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