Cometa: él, su perro y su mundo

Con el financiamiento de una fondeadora y el apoyo de varias empresas, Leonardo Arturo Domínguez Martínez logra llevar a la gran pantalla su ópera prima, cuyo objetivo es crear conciencia sobre la sobrepoblación de perritos callejeros en el país

17 de Diciembre 2017

Foto Revista Cambio

Al inicio de Cometa: él, su perro y su mundo, el director mexicano Leonardo Arturo Domínguez Martínez nos presenta un dato revelador: en México hay 17 millones de perros en situación de calle. Con esta, su ópera prima, el director busca crear conciencia sobre el problema de la sobrepoblación canina en las calles del país, pero además invitar al público a ser parte de la solución mediante la adopción de perros callejeros.

El guion, escrito a seis manos por los también debutantes Luis Miguel Urbina, Carlos González López y el propio director, busca combatir el prejuicio de quienes dudan en adoptar perros de la calle, al mostrar que detrás de cada uno de ellos hay una historia de abandono, tristeza y malos cuidados. Vamos, que por cada perrito callejero hay un humano que lo abandonó a su suerte, ya sea por descuido o desidia.

La cinta narra la historia de Roberto (Louis David Horné), un joven que vive con su esposa en un modesto departamento de la Ciudad de México y que pierde su empleo como panadero debido a sus constantes retrasos. La situación se torna aún más delicada toda vez que deben tres meses de renta y el sueldo de Berenice, su esposa (una muy solvente Lizzy Auna), no alcanza para mantener los gastos y al pequeño hijo de ambos. La única solución es que Berenice regrese a casa de sus padres, por lo que Roberto se queda solo, sin casa y sin trabajo.

En paralelo, con imágenes en blanco y negro, la cámara va siguiendo en primera persona la vista de un cachorro que hace algunos años fue comprado como regalo para la niña de una familia acomodada. El perro y la niña crecen, aunque sus papás son poco tolerantes a las travesuras del can por lo que, en un acto atroz, el padre de la niña bota al perrito en algún paraje alejado de la Ciudad de México.

Así, tanto Roberto como nuestro anónimo can (Rocker, según los créditos) deambulan solos por una ciudad cuyos peligros tendrán que sortear. Evidentemente, en algún punto de la historia, Roberto y el cachorro se encontrarán y serán los mejores compañeros. Roberto salva al perrito, pero el amoroso can salva también, en más de un sentido, a Roberto.

La anécdota nace a partir de una experiencia real: el director alguna vez encontró en la calle a un perrito malherido al cual llevó al hospital para luego adoptarlo. Esa historia de abandono y redención lo inspiró a realizar este filme. La recaudación de la cinta, según nos informan en los créditos finales, será donada a organizaciones que ayuden al cuidado de los perros y promuevan la adopción así como la esterilización de los canes.

Filmada totalmente en locaciones con la inquieta cámara al hombro de Diego Vargas (esos innecesarios dutch angles) y el bien logrado diseño de producción de Pamela García Cruz, es de reconocer que la película no recurra a los clásicos parajes de la Ciudad de México (Condesa, Santa Fe, La Roma) y muestre esa otra CDMX que usualmente no llega a la pantalla grande.

Pero de las buenas intenciones no se crea cine. La muy cuestionable decisión argumental de basar esto en la historia de Roberto le resta importancia al mensaje que intenta dar la película, rayando peligrosamente en el melodrama televisivo (Rosa de Guadalupe, entre otros) con actuaciones muy irregulares así como diálogos que no niegan su veta telenovelera. Cuando el guion se atasca, el director recurre insistentemente a montajes musicales con canciones que derraman azúcar y provocan sopor en la audiencia.

El mérito en todo caso es que la película existe. Financiada mediante una fondeadora y con el apoyo de varias empresas, Leonardo Arturo Domínguez Martínez alcanzó el deseado estreno nacional, un mérito nada desdeñable toda vez que se trata de cine independiente.

El buen trabajo en el diseño de producción y el scouting de las locaciones hacen desear que el director hubiera tomado una decisión aún más osada y creara un documental sobre el maltrato animal, los perros de la calle, la adopción y cientos de temas que, en esta cinta, quedan sugeridos pero nunca resueltos.

Dirección: Leonardo Arturo Domínguez Martínez.

Guion y producción: Leonardo Arturo Domínguez Martínez, Luis Miguel Urbina y Carlos González. México, 2017.

Fotografía: Diego Vargas.

Edición: Leonardo Arturo Domínguez Martínez.

Diseño de arte: Pamela García.

Con: David Horné, Lizzy Auna, entre otros.

Crítico de cine con 10 años de experiencia profesional. Ha colaborado en revistas y periódicos como Newsweek, Chilango, Quién, Esquire, 24 Horas, entre otros. Actualmente colabora en El Universal, Eje Central, Dónde Ir y Filmsteria.

@elsalonrojo

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