El proyecto Florida

Sean Baker deja de lado el iPhone como cámara principal para contarnos la historia de Moonee, una pequeña de seis años que ama el helado, jugar con sus amigos y, sobre todo, hacer muchas travesuras

18 de Marzo 2018

Foto Revista Cambio

El proyecto Florida. Ese era el nombre clave con el que la corporación Disney llamaba al ambicioso y titánico plan de construir un parque temático de diversiones en un área de 110 kilómetros cuadrados en Orlando, Florida, un lugar destinado a convertirse en “el sitio más alegre de la tierra”, con cientos de diversiones, juegos mecánicos, atracciones turísticas, hoteles y más. Un paraíso de diversión pura.

Pero The Florida Project, la película, no trata sobre este lugar, sino sobre el cinturón de pobreza que lo rodea. A lado de las tierras propiedad del ratón más famoso del planeta, está el pequeño pueblo de Kissimmee, ciudad dormitorio que subsiste del turismo que pasa rumbo a Disney World. Ahí, en uno de los muchos moteles de colores pastel y con nombres alegres como Castillo Mágico o Ciudad del Futuro vive la pequeña Moonee (extraordinaria Brooklynn Prince), una niña de seis años que ama el helado, jugar con sus amigos y, sobre todo, hacer muchas travesuras.

Moonee vive con su madre, una adolescente de nombre Halley (Bria Vinaite, descubierta por el director a partir de sus fotos en Instagram) quien resulta no más madura que su propia hija. Ambas subsisten el día a día mediante la ayuda de sus amigos así como de la venta de perfumes que Halley ofrece a los turistas. El cuarto de ambas es una recámara y un baño, sin embargo, para la pequeña Moonee el mundo va más allá de esas cuatro paredes: ella y sus amigos (otros niños que también viven en el motel) son dueños del lugar, lo mismo escupen el parabrisas de un nuevo inquilino que bajan el switch de la luz de toda la unidad o incendian una casa cercana abandonada. No hay malicia en estos niños, sólo hay juegos, risas y diversión.

The Florida Project es uno de los productos más depurados del director Sean Baker, quien desde el inicio de su carrera como cineasta, a principios del año 2000, se ha dedicado a crear retratos luminosos sobre la América profunda, la adolescencia y la niñez puestas al borde de la adultez prematura.

Ya sin un iPhone a modo de cámara principal como en su cinta anterior (Tangerine, 2015), pero sin perder el ímpetu y la energía verbal de sus personajes que hablan a mil por hora, The Florida Project es un vistazo a la pobreza (económica e intelectual) de una América que sólo se preocupa por subsistir, que vive de televisión y se alimenta de comida rápida. Baker no busca enjuiciar a estos niños (aunque claramente son unos demonios); en todo caso, su crítica social apunta más alto, hacia aquellos que supuestamente detentan la responsabilidad de cuidarlos, de educarlos y que simplemente –¿por pobreza?, ¿por desidia?– han renunciado a ello.

No obstante, por cada adulto que renuncia a sus responsabilidades siempre habrá otro que intente retomarlas. En un papel que le mereció la nominación al Oscar, Willem Dafoe interpreta a Bobby, el muy responsable administrador de la unidad, quien no sólo se encarga de pintar las paredes y mantener los servicios, sino que funge algunas veces hasta de niñera tanto de chicos y grandes, correteando a aquellos que no pagan la renta y ahuyentando a quienes buscan dañar al bonche de niños que aún no ven roto su universo infantil.

De colores alegres en un neorrealismo extrañamente cálido y jovial, la cámara del mexicano Alexis Zabé (con un rango que va de Temporada de patos hasta Luz silenciosa pasando por el video Happy de Pharrell Williams) retrata este mundo desde los ojos de la pequeña Moonne mediante grandes planos que la muestran a ella y sus amigos como diminutas figuras en un ambiente rodeado de fantasía donde poco a poco el drama se volverá real.

El paralelismo entre ambos mundos (el fantástico Disney frente al hiperimaginario de Moonee) resulta tan efectivo como trágico. Durante toda la película, helicópteros vuelan interrumpiendo incluso los diálogos entre personajes; se trata de transportes de lujo que llevan a los visitantes VIP de Disney a través de los aires, sin necesidad de poner un pie en esta tierra de inadaptados y excluídos.

El final, poderoso y desgarrador, es el broche demoledor de una cinta que se atreve a visitar otros mundos de fantasía, erigidos no por el poder corporativo sino por el ánimo infantil e inocente de la más tierna subsistencia.

Dirección: Sean Baker.

Guion: Sean Baker y Chris Bergoch.

Producción: Sean Baker, Chris Bergoch, Andrew Duncan. EU, 2017.

Fotografía: Alexis Zabé.

Edición: Sean Baker.

Diseño de arte: Stephonik Youth.

Con: Brooklynn Prince, Willem Dafoe, entre otros.

Crítico de cine con 10 años de experiencia profesional. Ha colaborado en revistas y periódicos como Newsweek, Chilango, Quién, Esquire, 24 Horas, entre otros. Actualmente colabora en El Universal, Eje Central, Dónde Ir y Filmsteria.

@elsalonrojo

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