Heredar valores

El cineasta francés Cédric Klapisch está a favor de promover la paz y la cultura mediante sus películas, y en su obra más reciente, El viñedo que nos une, también aborda las tradiciones familiares

10 de Septiembre 2017

Foto Revista Cambio

Por: Javier Pérez

 

“Mis dos padres eran niños durante la Segunda Guerra Mundial –me dice el director francés Cédric Klapisch en un salón de la Casa de Francia, en la Ciudad de México–. Y tengo la sensación de haber heredado esos problemas que ellos tuvieron, de ser niños que sobrevivieron a la guerra. En las películas que hago como cineasta trato de trabajar a favor de la paz, es decir, que yo sé que la guerra es la peor salida posible, la peor solución posible. Yo trato de hacer películas para promover la cultura, para promover la paz, porque la cultura puede ayudar a la gente a hablar en lugar de pelearse, le puede servir para evitar ser violento. Y hay muchos problemas de terrorismo recientes, por ejemplo en Francia y en Europa, y son problemas de falta de cultura. No son problemas de religión o de creencias, son problemas de falta de cultura”.

Y es precisamente de cultura, de idiosincrasia en este caso, de lo que habla El viñedo que nos une (Ce qui nous lie; Francia, 2017), cinta que forma parte de la programación del 21o Tour de Cine Francés, muestra itinerante inaugurada el pasado 7 de septiembre. Se trata de un drama familiar acerca del encuentro de tres hermanos ante la enfermedad y la muerte de su padre, un fabricante de vinos en Borgoña. Jean (Pio Marmaï) vuelve después de 10 años de dar la vuelta al mundo e instalarse en Australia, donde tiene una familia con la que no parece estar muy bien. En Francia se reencuentra con Juliette (Ana Girardot) y Jérome (François Civil), sus hermanos menores, con quienes tiene que volver a establecer vínculos.

Klapisch, ganador en 1996 del Premio Fipresci de la sección Panorama del Festival de Cine de Berlín por Chacun cherche son chat, hace que la historia gire alrededor de la figura del padre ahora ausente. “Pienso que los temas de la relación padre-hijo, madre-hija interesan a todo mundo porque todo mundo tiene una familia y eso refiere a su relación con su infancia. Por eso el psicoanálisis habla todo el tiempo de la relación con los padres. El hecho de que lo hayamos abordado en esta película es una excusa, una metáfora para hablar precisamente de ese tema”.

Y ubicar su historia en el campo francés, específicamente en un viñedo, le permitió hablar de la tradición, pues el vino es muy importante en la cultura francesa. “Creo que tenemos una relación con la naturaleza que es muy particular porque la modernidad nos coloca mucho en una relación virtual con las cosas, y en cambio aquí es algo muy concreto. Cuando uno fabrica vino, uno se ve obligado a meter los pies ahí y a hacer algo con el jugo de la uva. Hay algo muy concreto ahí”. Casi tangible, podría decirse.

Para Klapisch, un hombre barbón de gesto amable, la historia de El viñedo que nos une parte de dos rompimientos. Por un lado, el viaje de Jean, quien se aleja lo más posible de su familia con el propósito de marcar una distancia literal con ella.

Por otro, la muerte del padre. “Creo que siempre entre un padre y un hijo hay demasiada distancia que siempre nos cuesta trabajo entender”.

Además, El viñedo que nos une es una película sobre la herencia. “Los hermanos entienden que la herencia no es una cuestión de tierras, sino de transmisión: ¿cuáles son los valores que heredamos de nuestros padres? Eso es lo importante. Siento que estamos en una época en la que las cosas se mueven y cambian muy rápido, estamos en una época de globalización, tenemos nuestro celular, siempre estamos dominados por una lógica de movilidad y entonces es importante regresar a los valores concretos, a las cosas que conservamos”.

De acuerdo con el también director de El albergue español (2002), el cine es su vida. “Es el placer de compartir cosas con la gente, de compartir ideas, de narrar historias, de dirigir actores, de tener problemas técnicos, de sonido, de montaje, de imagen, de música. El cine es un montón de cosas, por eso para mí representa la vida”.

Y la vida lo es todo. “Trato de promover lo que es feliz y lo que es vital porque entre más mostremos imágenes de guerra e imágenes de violencia, más incitamos a la gente a ser violenta. Yo trato de mostrar otra cosa. Pienso que narrar una historia e informar a la gente sobre cosas, para los mexicanos por ejemplo, saber lo que es una familia en Francia, qué es una familia que hace vino, es una manera de incitar la curiosidad de la gente, es una manera de educarla. Y en todo caso es una forma para mí de compartir las cosas con la audiencia, de hacerla reír, hacerla llorar. Es compartir cosas para estar del lado de la vida. Eso es lo importante”.   

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