Oscar 2017: 
con dedicatoria

El conflicto de Hollywood con Trump es frontal. La meca del cine occidental depende en gran medida de su flujo comercial con el mundo, de ahí que este año, el foco del evento esté en la política y no en el arte cinematográfico

27 de Febrero 2017

Foto Revista Cambio

El cliché suele llamar al Oscar como “el premio que reconoce lo mejor del cine”, pero sólo se requiere una búsqueda elemental en Internet para comprobar que, históricamente, la Academia ha sido consistentemente miope al momento de decidir a qué cinta le levanta el brazo como Mejor Película.

La lista de cintas que han ganado el Oscar, así como la lista de aquellos legendarios filmes y directores que jamás se hicieron de una presea fortalecen el argumento: el Oscar no parece ser un premio que se otorgue al mérito artístico, a lo más es el reconocimiento de una industria que utiliza los premios y la ceremonia misma como una gran vitrina donde se confiere el poder cultural del año. Es, en todo caso, un evento político.

Entendido así, la ceremonia y los premios resultan no sólo más honestos, sino incluso tremendamente efectivos en su función de ser el mensaje anual que lanza la industria de cine en Hollywood tanto a la nación norteamericana, como al mundo entero.

Esta cualidad del Oscar como evento político hace que la ceremonia de este año sea una de las más importantes en la historia y una de las más esperadas. Lo menos relevante en esta ocasión es quién gana (todo indica que será el musical La La Land que, dicho de paso, merece la gran mayoría de las 14 nominaciones que ha alcanzado), lo que verdaderamente importa será el nivel del mensaje que Hollywood enviará al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Hollywood llegó tarde y mal a la elección presidencial del año pasado. La industria del cine más poderosa del orbe pecó de ingenuidad al pensar que era imposible que Trump ganara la presidencia. Hasta que el peligro se volvió latente, actores, directores y demás comenzaron a hacer activismo a favor de Hillary Clinton, pero el triunfo de Trump ya era inevitable.

El conflicto de Hollywood con Trump es frontal. La meca del cine occidental depende en gran medida de su flujo comercial con el mundo. Las grandes ganancias de un blockbuster no están en el mercado doméstico, sino en la recaudación con Asia, México, América Latina, países que cada día consumen más cine. Hollywood también depende fuertemente del trabajo inmigrante: actores, directores, fotógrafos y técnicos de todo el mundo que llegan a Los Ángeles convocados por los propios estudios para consumar proyectos importantes. La política de cerrar fronteras y aislarse del mundo es el suicidio para Hollywood.

La industria aprovechará su evento anual para expresar el descontento. Lo ha hecho ya con la lista de nominadas a Mejor Película. No sin sorpresa, en su mayoría se trata de cintas que de una u otra forma parecen tener dedicatoria al presidente y sus políticas migratorias. Va una rápido repaso de las mismas: Arrival (Denis Villeneuve) es una cinta cuyo mensaje principal es no caer en el pánico a la otredad, los aliens (en inglés se usa la misma palabra para nombrar a los que vienen de otro lado) no necesariamente son enemigos; Moonlight (Barry Jenkins), todo un ensayo sobre el racismo latente en Estados Unidos, así como de inclusión y tolerancia a las diferentes preferencias sexuales; Hidden Figures (Theodore Melphi), una cinta que demuestra cómo es que el talento de los migrantes ha hecho grande a los Estados Unidos; Lion (Garth Davis), con un subtexto sobre la importancia de dar asilo a los refugiados; Hacksaw Ridge (Gibson), sobre un soldado con creencias religiosas diferentes que termina volviéndose héroe de guerra.

Hell or High Water (Mackenzie) es, en esta tesitura, la más interesante de todas: un par de ladrones de bancos en el sur de Texas, zona devastada por la economía, la falta de empleo y los bancos que amagan con las hipotecas. Esa es la América profunda, la que supuestamente votó por Trump. La cinta no los condena, al contrario, nos hace pensar si en esas condiciones no era entendible su voto para el ahora presidente.

Hollywood no desperdiciará la ocasión para mandar su mensaje al presidente y este –dado que sus ocupaciones al parecer no lo han despegado de la televisión– seguramente acusará de recibido: esperen algunos tuits amenazantes durante la mañana del día siguiente.

Crítico de cine con 10 años de experiencia profesional. Ha colaborado en revistas y periódicos como Newsweek, Chilango, Quién, Esquire, 24 Horas, entre otros. Actualmente colabora en El Universal, Eje Central, Dónde Ir y Filmsteria.

@elsalonrojo

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