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Diálogos teatrales

A Joaquín Cosío se le reconoce por personajes emblemáticos como el Cochiloco, de la cinta El infierno, pero él siempre necesita recordar el trabajo de actor en sus orígenes, pararse en un escenario para volver al arte más efímero e ingrato: el teatro
21 de Agosto 2017
Especial
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POR JAVIER PÉREZ

La escena ocurre en una sala de ensayos con los espejos tapados. Hay unas cuantas sillas y una mesa con un mantel. Acaba de terminar una lectura dramatizada de La desobediencia de Marte, obra original de Juan Villoro dirigida por Antonio Castro que se presenta en el Teatro Helénico. Sin luces en el escenario, los personajes están sentados uno frente a otro.

Ellos son, por un lado, Joaquín Cosío (JC), actor de figura recia, voz grave y gesto adusto, conocido por sus personajes del Mascarita (Matando cabos) y el Cochiloco (El infierno). Viste jeans y saco; lleva unas gafas que se sube a la cabeza.

En el otro lado, el otro personaje es el Periodista (P). También usa lentes, para contrarrestar su miopía y astigmatismo. No hace falta describir su ropa, a Dios gracias va vestido. Y aquí, el diálogo que tan aparentemente antagónicos personajes protagonizan:

P: Tenía tiempo que no hacías teatro.

JC: Es triste. Cuando empecé a hacer cine y televisión tuve que cancelar muchos proyectos de teatro y ahora estoy a la inversa. Empecé y decidí hacer este montaje y ya he cancelado unas invitaciones muy importantes, por ejemplo El complot mongol, me invitaron a protagonizarla y no pude. Ni siquiera me gusta contarlo ni decirlo, pero no hay manera de hacerlo. Entonces, uno tiene que ser responsable con sus decisiones y asumirlas, y esta puesta en escena es exigente, compleja y por tanto requiere de todo mi esfuerzo y tiempo.

P: ¿Era una necesidad entonces?

JC: Sí, necesitaba regresar al teatro por todo lo que implica: implica un trabajo que no se parece al del cine, que no tiene nada que ver con el cine, con una dimensión de mucha exigencia. Y necesitaba recuperar mi propia naturaleza como actor teatral, que es de ahí donde pueden nacer las demás disciplinas. El cine es maravilloso, increíble, pero el teatro es todo.

P [ufano]: Pero no has dejado la televisión, hiciste The Strain con Guillermo del Toro, y también Blue Demon. Además, están por estrenarse algunas películas…

JC: Hice un papel pequeñito en Me gusta pero me asusta, de Beto Gómez; tengo el protagónico en Belzebuth, de Emilio Portes, una película dura, y acabo de terminar Sonora, una experiencia increíble, fabulosa, con Alejandro Springall; la aventura fue entrañable, yo creo que es la película más complicada que he hecho. Y ahora pude regalarme un poco este tiempo de gran esfuerzo intelectual y físico que es hacer teatro.

P: En el cine, la televisión, tienes el corte, la edición, pero en el teatro no…

JC: Por eso decidí hacer teatro. Hay que recordar el trabajo del actor en sus orígenes. Hay que recordar que el actor es una entidad de energía, una entidad corporal fuerte. Hay que recuperar la fuerza del actor en escena, es por eso que estoy aquí y volver a conceptualizar, volver a trabajar en la profundidad intelectual. Hay que decirlo de esa manera. El cine trabaja a otra profundidad, trabaja otras dimensiones de la representación, otro sentido de la realidad. El teatro no, el teatro es otro gran arte, exigente e ingrato: es efímero, porque finalmente es lo que menos se paga. Tenemos una entidad que siempre está en crisis pero que por fortuna siempre sale adelante.

P: ¿Cómo eliges los personajes que interpretas?

JC: A partir de la diversidad y de la proposición actoral. Sonora es un indio pápago, un reto que dije: “¡Dios santo!, qué voy hacer”. Y sin embargo lo disfruté, y esperamos que todo resulte bien. Nunca se sabe, no podemos especular en trabajos creativos, teatro, televisión, lo que sea, lo mejor de todo es disfrutar como actor, dar todo lo que tienes. Tengo la posibilidad de elegir, es una gran fortuna y no es fácil en un país como el nuestro, tan complicado laboralmente y donde hay una ambición neoliberal de mercado terrible, cada vez pagan menos. Los productores, no todos por fortuna, tienen una serie de criterios económicos bárbaros, que nos van a dejar en la calle muy pronto o nos van a hacer renunciar a muchos actores. Pero yo he tenido fortuna y he podido escoger. Me han llegado papeles siempre atractivos, como este de La desobediencia…. Más que poder elegir, tengo mucha fortuna.

P: ¿Para qué sirve lo que haces?

JC: Para divertir, en el sentido más amplio del término. Divertir a la gente. Estamos en un país asolado por la desgracia, por el dolor, por la burla. Estamos en un México destrozado por el cinismo de la clase política, desfalcado por el robo, conducidos por gobernantes timoratos, cobardes, corruptos. Hace falta que la gente se divierta, y me gusta poder divertir con una obra que no tiene concesiones, no van a ver chistes, van a ver una obra donde ni más ni menos están Tycho Brahe y Johannes Kepler, dos de las grandes mentes de la historia de la humanidad.

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