El misterioso guatemalteco

Si te preguntabas quién era ese moreno de ojos verdes que te hizo abandonar la fila que hacías para comprar cerveza y te atrapó con su música cool, gafas hípsters y tenis ultracaros mientras tú esperabas a que apareciera J Balvin en el escenario de la Arena CDMX, aquí está la respuesta: él es Jesse Báez

02 de Junio 2018

Foto Revista Cambio

POR JULIÁN VERÓN

Abrir un concierto es una de las experiencias más raras y (algunas veces) más efectiva que un músico novato puede tener a fin de posicionarse, sobre todo si lo hace para un artista gigantísimo, o alguno que quizá no tenga exactamente el mismo público que él. O sea, hay algunas ventajas notables: cuando estás empezando, tal vez logres jalar público nuevo y se conviertan en seguidores, y hasta si eres muy bueno, conseguirías opacar el show del artista principal y quizá lograrías que nunca más te invitara a abrirle. De igual forma, es una gran oportunidad que cualquier persona pensante, de bien, que se lava los dientes cada mañana antes de salir a dirigir palabras a la gente en la calle, toma con las dos manos bien abiertas y saca lo máximo posible de la ocasión.

Jesse Báez es un artista guatemalteco que emigró primero a la Ciudad de México (compartí edificio con él durante varios meses), y actualmente ya dio el siguiente paso mudándose a EU tras lograr que lo firmara Universal. Sí, resumí muy rápidamente el arduo camino que tuvo que recorrer Jesse, compatriota de mi querido Ricardito Arjona, pero este texto no es una biografía sobre él. Lo siento, búsquenla en Wikipedia o algo así.

Jesse abrió el concierto de J Balvin en la Arena Ciudad de México el pasado 26 de mayo. Salió al escenario 45 minutos antes que el colombiano y cantó unas cinco canciones. Siempre que hablo de la música de Jesse digo lo mismo: su voz es suave, lenta como la miel, y logra acariciarte con cada nota que afina. Es la tesitura perfecta y precisa que nuestros oídos aceptan y logra que bailemos suavemente, como si de alguna forma comulgáramos con cada palabra que sale de su boca. “Apaga la luz” es un ejemplo perfecto de esto. No tiene momentos bajos, y probablemente si tuviese más tiempo en el negocio musical, esa rola ya sería un éxito masivo, y Youtube estaría lleno de covers mal tocados de esta canción.

Abrir el concierto de un tipo tan absurdamente grande como Balvin es difícil: estás cantándole a un público que tal vez no te conozca y no tenga la mínima intención de perder el tiempo que podría estar invirtiendo en comprar cervezas, charlar con sus amigos o subir selfies a Instagram, escuchándote atentamente. Además, al abrir un show así, no tienes todo tu arsenal a tu favor. Jesse no tenía las luces bonitas que iluminaban a J Balvin, sólo estaba su DJ apoyándolo con pistas que hacían una especie de cama de arroz blanco para su voz, y nada más. La gente lo escuchó, lo aplaudió, y hasta vi a algunas personas moviéndose tibiamente con su música: como si no supieran ni entendieran bien lo que ocurría, pero de alguna forma sus cuerpos o extremidades respondían a las canciones de Jesse.

Ya había visto a Jesse en dos ocasiones en festivales y, siempre, su música logra que la mayoría de las personas que están comiendo paletas y tomando cerveza a sobreprecio con las pupilas dilatadas levanten las manos como si no hubiese mañana. Hay una fuerza extraña en su música que, en serio, logra que levantes las manos y muevas tu cabeza como un gran pendejo. Pero se siente bien, y eso es lo que realmente importa. Además, vamos: Jesse lo tiene todo. Es un moreno de ojos verdes con gafas hípsters, tenis ultracaros y música muy cool. ¿Si este tipo no lo logra, qué le queda a los demás mortales?

Mientras veía cómo interpretaba cada canción en la Arena Ciudad de México, tomaba una cerveza horriblemente cara y revisaba mis DM’s de Instagram, noté que Jesse estaba un poco apagado o nervioso. Y era entendible, estaba cantando frente a un público que no es el suyo, ya que su target de personas aún es muchísimo más pequeño que el de Balvin. Jesse todavía está un poco más dentro de la Roma/Condesa en la Ciudad de México, y la Arena queda en Azcapotzalco, así que no era un partido fácil el que le tocó jugar.

Su presentación fue buena, leve, flotaba dentro de la expectativa de todos los asistentes de ver al artista pop más importante de Latinoamérica y top cinco del mundo. Lo mejor que te puede pasar cuando abres un concierto de esta magnitud es no sonar como si fueses un amateur, o parte de un equipo superior. Traduzco en idioma mundial: estás jugando la Champions League, y lo que tienes que hacer es lucir como un equipo de Champions y no de Europa League; que se note que tu nivel pertenece a esos estándares. Para suerte del bueno de Jesse, todo fluyó de una manera muy cool.

Jesse Báez está haciendo bien su chamba, y probablemente en un par de años lo veamos llenando shows él sólo. Está a pocos hits de alcanzar una notoriedad mayor, pero lo que logró el 26 de mayo en la Arena Ciudad de México es un paso vital para su carrera y su cartera. Además, J Balvin subió una foto con él a sus historias de Instagram, taggeándolo. Y amigos, ¿qué cosa es más importante en el 2018 que esto? Nada, absolutamente nada. Por eso cuando vean que una chava o chavo que les atrae sube una foto con su pareja a Instagram, eso significa que perdieron toda oportunidad real y posible.

Jesse Báez va por buen camino, smooth, estable, justo como suena su música.   

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