Cultura

“Soy mujer y perreo”: la importancia del twerking en estos tiempos

“Es un ritmo que celebra a las mujeres que no necesariamente son el tipo de belleza blanca y delgada de que ves en todas partes”, es lo que piensan varias mujeres que se sienten orgullosas de bailar reggaetón

por Estefania Camacho

25 de Mayo 2018

Foto Revista Cambio

El reggaetón está más normalizado que nunca: lo vi cuando gente que creció escuchándolo apenas lo pone en sus fiestas, lo vi en la petición particular de “Despacito” en todos los bares hasta aquellos considerados “alternativos”, en el perreo de hombres que sin pisar las tierras nórdicas conocen al último exponente de metal de esa región. Lo vi desde 2008 y lo confirmo diez años después cuando lo leo en el contador de las canciones más reproducidas de Spotify. En España lo escuchan, en Nueva York también; está en Londres, en Francia, en Japón y lo reproduce el saxofonista que pide dinero en la calle Gante del Centro Histórico de la Ciudad de México. El fenómeno se expandió.

Los colombianos no creen que en México escuchemos a J Balvin en horario escolar; se sorprenden, aunque se muestran orgullosos: que esos ritmos, que esos bailes, que el español haya invadido el mundo como una vez lo hicieron Madonna o Michael Jackson con el inglés, y que ahora por los autos y las calles retumben las palabras “bellaco”, “yatusabe”, “retozarlo” y demás variantes del idioma que es rico y flexible, como alguna vez lo restregaron los angloparlantes con el suyo y sus sujetos que son verbos también, a veces.

Las feministas lo bailan, las que no también, los metaleros lo mueven (o al menos lo intentan), los tíos de otras generaciones lo aprenden y a nadie le asustan las letras porque ya no dicen tanto “culo” o “gata”, ahora hablan sobre “hacer el amor”, sobre la unión de los latinos o sobre salir a bailar con tus amigas sin que eso te comprometa a una relación con un hombre. Al menos el reggaetón comercial.

“A Baby se va a perrear”, dicen sobre un antro en la Zona Rosa de la Ciudad de México en el que los meseros visten calzones y nada más. La fila para entrar es larga si llegas tarde, no hay cover y no hay mesas, y normalmente hay un par de drag queens en la entrada que esperan toda la noche a que llegue alguien.

Esa vez no hubo tanta suerte, sí sonó mucho pop mexicano y estadounidense que todos cantaban “y a mucha honra”, como cantaría Thalía que también sonó entre el bullicio con la canción “Arrasando” y cuya letra todos recordaban. Sonó Belinda, Beyoncé, Jennifer López y algunas de Balvin.

Pero a muchas mujeres aún les da pena decir que perrean: saliendo del bar, entre los típicos puestitos de comida que se ganan la confianza automática de los cansados, los sudados y los ebrios, hay un grupo mixto de seis que están al inicio de sus veintes. Parece que acaban de asistir a un concierto de The Kills y no a un bar en donde ponen “Gasolina” o “Chantaje”. Y en efecto lo niegan, una de ellas dice que no le gusta perrear, pero admite que estuvo en Baby y que bailó reggaetón.

¿Qué dicen las que lo admiten? Es como si el perreo fuera el baile de las clases a las que acudieron desde que eran chiquitas y no a las de ballet o de jazz, como sus mamás sugirieron. Es como si conocieran de nuevo su cuerpo o por lo menos como si estuvieran conscientes de él, pero de otra forma, no de la manera en la que anuncios publicitarios te invaden diciéndote que como luce tu trasero es incorrecto y pasas toda la adolescencia intentando cubrir esas tetas enormes que venían con el linaje de tus ancestros. No. Es como tener todo el control sobre ti misma y saber exactamente qué parte va con qué ritmo.

Esto es lo que las mujeres que perrean (y están orgullosas de hacerlo), dicen:

“Me encanta bailar, soy de esas personas que en una fiesta no se sienta más que para tomar agua. Bailo de todo tipo de música y eso incluye el reggaetón, lo bailo simplemente porque quiero. Cuando lo bailo, disfruto la música y compañía: no es un delito sentirse feliz cuando bailas alguna canción de este género y mucho menos cuando lo disfrutas con amigas, familia o tu pareja. Además, cuando bailo me relajo mucho, me olvido de si tengo broncas en la oficina, en casa, escuela; y qué mejor que disfrutarlo con un ritmo muy movido. Las mujeres podemos bailar lo que queramos. No significa que como me gusta bailar reggaetón quiera decir que soy CRI-MI-NAL, que mi cerebro está podrido, o que con mi cuerpo estoy sugiriendo algo y demasiadas cosas que muchas personas piensan y que, claramente, son erróneas. Tenemos derecho a bailar lo que queramos.”

Monserrat Rivera, 26 años.

 

“Me gusta perrear porque es un ritmo que me permite ser libre, expresar mi sexualidad a través del baile, porque la música y las letras son muy decadentes, y pues ves bailar a todos en la pista y las inhibiciones se van, porque seguro todos lo están disfrutando igual que tú.

También porque es un ritmo que celebra a las mujeres que no necesariamente son el tipo de belleza blanca y delgada que ves en todas partes. Me gusta también que el reggaetón es un ritmo en donde varias mujeres como Tomasa del Real, Bad Gyal, Ms Nina (a quien conocí por una amiga) se están abriendo paso en un género que los últimos 10 años tenía sólo exponentes mujeres. Perreo porque también cuando lo hago me desconecto un poquito y sólo siento el ritmo y me concentro en eso.”

Cristina García, 26 años.

 

“Yo lo veo como algo recreativo, divertido; de cierta manera puede ser sexy, aun cuando el twerking como tal es muy diferente en los distintos países de sur y Centroamérica (esto lo sé porque mi jefa es colombiana y dice que en México tienen una idea errónea de realmente como bailar reggaetón). Pero para mí es una manera sexy de bailar que incluso nos identifica a nosotros los latinos. Es una manera de presentar también nuestra cultura mucho, MUUUCHO más cálida que nuestros vecinos del norte, y los europeos y los asiáticos. También creo que es una manera explícita de coquetear con alguien y eso me gusta. Creo que tiene mucho que ver también la personalidad de cada quien, ya que por más que me guste hay límites en el baile que yo no cruzaría(hay de perreos a perreos, ¿no?).”

Denise Zamorano, 26 años.

 

“Creo que la crítica hacia el reggaetón está más bien atravesada por el clasismo. Nos molesta porque lo bailan ‘los pobres’, ‘los nacos’, los indeseables, el grupo al que no queremos pertenecer porque somos la clase aspiracional que se quiere parecer a los blancos que no bailan, que no mueven el culo. Pero lo justificamos diciendo que es porque nos ofende que sexualicen a NUESTRAS mujeres. El reggaetón, a diferencia de los bailes típicos de salón como la salsa, la bachata o hasta el tango (que también son bastante ‘sexuales’), no son  bailes en donde un hombre lleva el ritmo. El reggaetón lo bailas sola si quieres y mueves el culo porque quieres.

Parece una broma que en 2018 sigamos preguntándonos por qué es importante que las mujeres hagan lo que quieren hacer con sus cuerpos.”

Karen Cymerman.

 

“Bailo reggaetón porque me siento libre. Bailar para mí es eso. Al bailarlo me deshago de prejuicios que tengo sobre mi propio cuerpo, me adueño de esas partes que no me gustan o que no suelo mostrar mucho –incluso, que las oculto–. Para mí, es un ritmo muy liberador; me hace sentirme dueña de mi propio cuerpo y de mi sexualidad. Además, lo considero íntimo y me gusta bailarlo con gente a la que estimo y con quienes tengo vínculos fuertes. Creo que es el ice breaker de las conversaciones corporales.

Considero que para las mujeres podría ser un medio para desestigmatizar su sexualidad y de poder mostrarla en público; porque una puede bailar para sexualizarse, pero como un acto de empoderamiento. Sería como resignficar la objetualización a la que estamos sometidas, haciéndolo un baile de mujeres para mujeres.”

Abril Torres, 25 años.

 

“El perreo empezó como las danzas africanas que se prohibieron durante la colonia en la América conquistada: como una resistencia, como un ritmo de marginados; claro que como pasó con otras cosas, la cultura patriarcal se apropió de ese discurso. Pero en realidad, en el reggaetón, los movimientos e incluso el ritmo hacen alusión a la relación sexual, al coito y a las mujeres se les ha prohibido hablar y actuar con libertad con respecto a lo sexual, entonces, al bailar reggaetón siento eso: que estoy rompiendo y reinventando un concepto que viene de una historia de desvalorización y represión: todo lo carnal que se vinculó a la cultura afro y se satanizó, como ahora sucede con el cuerpo y la sexualidad femenina. Es reivindicar lo minoritario: lo negro, lo de afuera y lo femenino. Es para mí una auténtica –a partir de mi cuerpo– celebración de lo incorrecto, de lo prohibido, de lo que no debería ser, pero es y resiste.”

Marisol, 26 años.

 

“Bailo reggaetón primero porque me encanta bailar, y creo que alguien que ama el baile –por lo menos– intenta aprender a ejecutar la mayoría de los ritmos. En particular me gusta bailar reggaetón porque es muy pegajoso. ¿Qué siento? Creo que me siento sensual y eso me divierte. Además de que me parece un baile que requiere de esfuerzo físico, eso le da un plus porque me gusta hacer ejercicio. Y me parece importante que a nadie se le juzgue por bailar reggaetón. Lo veo sólo como otra forma más de diversión que no afecta en nada tu coeficiente intelectual como se nos ha hecho creer. Más allá de la importancia de bailar ese ritmo, creo que lo importante es que te diviertas y te haga feliz lo que sea que bailes.”

Luz Elena. 

 

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