Revista Cambio

Un día como hoy mataron al General Eufemio Zapata

A cien años de la muerte de Eufemio Zapata, regresemos a lo ocurrido aquel 18 de junio de 1917, cuando el hermano mayor del general en jefe del Ejército Libertador de Sur cayó abatido en una de las calles principales de Cuautla, Morelos. El hecho es significativo porque perdió la vida a manos de un subordinado suyo, el general Sidronio Camacho.

Desde los primeros decenios del siglo pasado se difundió, con bastante éxito, la versión de que Eufemio habría sido acribillado por Camacho en un vulgar pleito de cantina, y a la leyenda se le fueron agregando detalles para oscurecer la historia.

Sin embargo, el contexto político en el que ocurre el crimen y los documentos disponibles nos permiten presentar otra hipótesis. Recordemos que la derrota final de la División del Norte de Pancho Villa fue aceptada por todos a finales de 1915 y que un año después ya estaba en sesiones el Congreso constituyente en Querétaro, del cual habían sido excluidos, explícitamente, villistas y zapatistas.

A principios de 1917, cuando Venustiano Carranza había logrado compactar sus fuerzas, empezó a provocarse en Morelos un ambiente derrotista, aun dentro de las filas del Ejército Libertador del Sur, pues había quienes planteaban acuerdos de conciliación y otros, como Emiliano Zapata, que sabían que los carrancistas pretendían su total aniquilación. Estaba consciente de que si su ejército se desarmaba perdería la fuerza para hacer cumplir los objetivos que se había fijado desde que decidió ir a la guerra contra el gobierno de Porfirio Díaz. Corrieron, pues, rumores de traición; hubo deserciones de altos mandos y se abrió una grave crisis luego del fusilamiento, por un tribunal zapatista, del general Otilio Montaño, acusado de traición y quien fuera uno de los redactores del Plan de Ayala y leal al Caudillo del Sur. Eso fue en mayo, apenas un mes antes de la muerte de Eufemio.

Cuando lo mataron, Eufemio era general y jefe de la plaza de Cuautla. Era el segundo al mando en el ejército sureño y pieza clave contra la estrategia de cercar a Zapata (a quien lograron asesinar en abril de 1919). Antes de brindar una breve semblanza del hermano mayor de Emiliano, así como de sus circunstancias, adelantemos que su subordinado, el general Sidronio Camacho, y su secretario particular, Napoleón Caballero, fueron cooptados por los generales Cirilo Arenas y Vicente Rojas poco antes de la muerte de Eufemio. Ellos enviarían un telegrama al subsecretario de Guerra de Carranza, general Agustín Castro:

Tepetlixpa, Méx.- Vía Ozumba.- General Subsecretario de Guerra.- Muy urgente.- Tenemos la honra de participar a usted que en estos momentos, 9:00 A.M., incorporóse procedente [de] Cuautla, Morelos, general Sidronio Camacho al frente de 25 hombres, entre ellos [el] coronel Julio Díaz y Napoleón Caballero, que desempeña puesto de secretario particular de Eufemio Zapata.

A Camacho lo invitamos para unificarse y la invitación llegó a manos de Eufemio, por lo que entablóse ayer por la tarde un combate entre las fuerzas de dichos “jefes”, resultando muerto Eufemio Zapata, de tres balazos que recibió.

La hora del combate fue a la una de la tarde; todos los incorporados vienen montados y armados. Por oficio remitímosle detalles y lista correspondiente.- Saludámosle respetuosamente.- General Cirilo Arenas.- General Vicente Rojas.

¿Quién era Eufemio Zapata?

Eufemio era quince años mayor que Emiliano y cumplía para este general las comisiones de más confianza. En combate conquistó el grado de general por su valentía y coraje dentro de la revolución zapatista.

En 1911 era comerciante en el estado de Veracruz; allí lo encontró el estallido de la revolución maderista. En abril se incorporó a las fuerzas de su hermano, en el pueblo de Tepexco, Morelos, y con él asistió al sitio y toma de Cuautla, en mayo.

En junio, Francisco I. Madero entró triunfante en la Ciudad de México, después del triunfo en Ciudad Juárez. A principios de agosto, el coronel Eufemio y Jesús Morales fueron a Tehuacán, Puebla, para entrevistarse con el jefe de la revolución. Tiempo después, Eufemio recibió a Madero en Yecapixtla y le prestó seguridad para acompañarlo hasta Cuautla.

El 23 de agosto comenzaron los movimientos de tropas federales en Morelos con el fin de controlar la zona. El más ominoso fue el del general Victoriano Huerta, quien pasó por Yautepec en dirección a Cuautla. Evidentemente, no tenía autorización y sin duda era innecesario, pues los revolucionarios federalizados de Veracruz se habían encargado ya del orden en Cuautla; además, como el licenciamiento de sus hombres aún no se había acordado, Zapata y sus oficiales estaban furiosos. En aquel momento, un grupo de zapatistas, en el que figuraba Eufemio, quería matar a Madero, el “chaparrito”, por considerarlo traidor a la causa agraria al intentar desarmar a los surianos. Emiliano se percató del asunto y de que sería un desastre; él y Eduardo Hay lograron calmar el motín, dado el carácter explosivo de Eufemio, quien “era un hombre muy enérgico y muy decisivo, casi en lo más malo que en lo bueno, lo que no fue el general Zapata, porque el general Emiliano era un hombre muy recapacitado, no hacía las cosas con violencia, primero las estudiaba para resolver lo que debía de hacerse, lo que no era don Eufemio” (Entrevista con Simón Pineda Barragán, teniente de caballería del ejército zapatista, realizada por Laura Espejel en Amecameca, Estado de México, el 22 de septiembre y el 6 de octubre de 1974).

Contra Madero… y contra Huerta

Eufemio siempre fue un hombre de mucho arrastre. Cuando Emiliano rompió con el gobierno interino de Francisco León de la Barra porque lo atacó para matarlo en Chinameca, en septiembre de 1911 (Madero todavía no tomaba posesión del cargo), su hermano rápidamente organizó una columna de mil hombres en la zona del volcán Popocatépetl; al tomar Xochimilco, en octubre, se unieron más de trescientos hombres a sus filas. Más tarde, fue uno de los firmantes del Plan de Ayala, emitido en noviembre de ese año en la sierra de Ayoxuxtla, Puebla, por el que se le exigía al recién nombrado presidente Madero que cumpliera con el programa agrario que él mismo había firmado en su convocatoria a la insurrección de noviembre de 1910.

En este contexto, en abril de 1912 circuló en los periódicos la noticia de la muerte de Eufemio. La respuesta al público la ofreció El Diario del Hogar –que también había publicado el Plan de Ayala– en su edición del día 3 de ese mes:

 Aún vive el hermano de Zapata, sigue combatiendo bajo las órdenes de su hermano. A los que afirman que Eufemio Zapata es un mito y que el jefe suriano ha muerto desde hace tiempo, les causará no poca sorpresa el saber que el mito vive como cualquier mortal y que en su calidad de segundo de las fuerzas de Emiliano sigue dando quehacer a las fuerzas que lo persiguen. Y ya unos datos concreto para comprobar el acierto: el día 12 de marzo estuvo en el pueblo de San Pablo, en donde pasó tranquilamente la mayor parte del día comiendo con algunas personas y al final del mismo marzo en el pueblo de Santa Clara, próximo a Tecamachalco, cabecera del distrito de su nombre en el estado de Puebla, en cuya población también disfrutó de un descanso y tranquilidad patriarcales.

El Flaco, como era conocido Eufemio, fue el primero en realizar un acto de reivindicación agraria en el pueblo de Ixcamilpa, Puebla, el 30 de abril de 1912. Allí devolvió las tierras que les habían sido arrebatadas a los campesinos. Mientras tanto, en Morelos, se puso en marcha un plan para la obtención de recursos para el movimiento: las haciendas pagarían el costo principal de sus campañas. En San Pablo Hidalgo, se reunieron, el 1 de noviembre, los hermanos Zapata, Francisco Mendoza, Otilio Montaño, Amador Salazar y Felipe Neri para fijar los detalles: se trataba de un impuesto semanal a cada hacienda morelense y del suroeste de Puebla, y se distribuyeron las zonas de recaudación; enviaron circulares a los hacendados dándoles a conocer la disposición, bajo pena de quemarles los campos de caña.

En 1913, tras el asesinato de Madero y la usurpación de Huerta, Eufemio llamó a las armas contra ese gobierno e integró la Junta Revolucionaria del Centro y Sur de la República. Después, en 1914, de nuevo los diarios “confirmaron” su muerte en combate, en Chiautla, pero Eufemio seguía con el reparto de tierras en Cuautla por medio de una coordinación de agricultores.

El crimen

Al empezar 1917, el zapatismo ya enfrentaba el creciente predominio carrancista en Morelos. Esto hizo aflorar los conflictos antes mencionados y las diferencias, añejas y profundas, entre los jefes del movimiento. Por ejemplo, Eufemio le escribió a su hermano para denunciar los abusos de un subordinado suyo, precisamente quien reportaría el crimen meses después: “Los atropellos y desmanes que comete Vicente Rojas, en unos por sus tropas y en otros por él mismo, y espero que Ud. tome cartas en el asunto, directamente, para que a este hombre le llame la atención como es debido porque ya es un esbirro y plagiario que me parece se le juzgue con la ley de 30-30. En fin: ponga Ud. un ejemplo con unos de estos reyecitos para bien de la revolución y bienestar de los pueblos”. A otro compañero revolucionario, a quien llamó “analfabeta en todo sentido”, le pidió que le diera disculpas por alguna leve ofensa y advirtió que si no lo hacía “tendrá que saber a lo que sabe mi machete”. Generalmente, dichos conflictos se debían a controversias de índole moral, social o territorial.

La muerte de Eufemio Zapata Salazar fue el caso más sintomático de la situación que enfrentaba el movimiento suriano frente a la creciente presencia carrancista en territorio morelense, cuando varios jefes desertaron, como Sidronio Camacho.

Poco después del hecho que le costó la vida a Eufemio, el 20 de junio de 1917 El Universal entrevistó al general Agustín Castro, quien dio al diario una copia del telegrama donde se informaba del deceso del jefe zapatista y el cual expusimos en la primera parte de este artículo. “Cuando el hermano del famosísimo Emiliano tuvo conocimiento de la rendición [de Sidronio y Caballero], pretendió evitarla suscitándose un encuentro entre las tropas de ambos ‘jefes’, triunfando al fin las fuerzas de Camacho, las cuales lograron matar al tristemente célebre bandolero”.

El cadáver de Eufemio fue inhumado en el panteón municipal de San Miguel Anenecuilco por órdenes de Emiliano. Ante la desconsoladora noticia que recibió Zapata, dejó el ataque de Buenavista y se encaminó a Plan de las Amilpas para conocer los acontecimientos. 5 El informe de los hechos le fue comunicado por el presidente municipal de Cuautla:

Municipalidad de Morelos

C. General en jefe de las fuerzas libertadoras,

Emiliano Zapata.

Después de los acontecimientos de que ya tendrá usted noticia con el propio que se le mandó, hago la dolorosa pena de participarle, que habiendo tenido conocimiento de que el señor general Eufemio Zapata, llevado herido y en calidad de preso, en unión de los jefes Caballero y Julio Díaz, por el jefe Sidronio Camacho y su gente, fue abandonado cerca del rancho de San José en un estado agonizante, en cuya virtud dispuse se fuera a traer, lo que se verificó desde luego, y al llegar con el herido a su casa falleció momentos después.

Tengo la pena de comunicarle a usted tan infausto acontecimiento esperando sus respetables órdenes.

Reforma, libertad, justicia y ley

H. Morelos junio 18 de 1917

El Presidente Municipal. [Salvador] Romero.

Un año después, Napoleón Caballero, exsecretario de Eufemio, escribió una carta fechada el 11 de diciembre de 1918 y dirigida al presidente Carranza: “Mucho le agradecería se sirva decirme, cuando lo crea prudente, si podrá recibirme para tratar un asunto de alguna importancia. No me parece por demás decirle que soy aquel de quien se ocupó la prensa de esa capital con motivo de la muerte del finado Eufemio Zapata, y la audiencia que me permito pedirle tiene alguna relación con este acontecimiento, suplicándole a la vez se sirva señalarme día para ser recibido”.

A pesar del asesinato de Eufemio por los carrancistas, el movimiento suriano siguió fiel a la causa y el general Zapata se mantuvo como fuerza moral de una revolución que nunca claudicó: “Estamos dispuestos a no traicionar a la patria, a los principios de la revolución y a la bandera que hemos jurado defender, hasta vencer o morir”.