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Un recorrido pianístico por tres siglos

16 de Febrero 2020
CULTURA
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*El Dúo Powers-De la Torre ejecuta un ecléctico programa a cuatro manos en el Palacio de Bellas Artes

Por Juan José Flores Nava

México, 16 de febrero (Notimex).— Cuatro manos. Dos pianos. Un hombre y una mujer haciendo música en un viaje que surcó los siglos XIX y XX, sin dejar de hacer una visita a la época contemporánea. Ella, Lark Powers; él, Ricardo de la Torre. Las cuatro manos, el Dúo Powers-De la Torre y el escenario: la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

      Este recorrido musical fue el décimo segundo concierto de febrero de la serie “El arte del piano”, que organiza la Coordinación Nacional de Música y Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, ciclo que arrancó el 1 de febrero con Alberto Cruzprieto como ejecutante; pero en aquella ocasión la sede fue el Salón de Recepciones del Museo Nacional de Arte.

      De la Torre, como su piano, vestía totalmente de negro. Powers lucía un largo vestido negro con flores doradas en los extremos. Arriba, las flores se mimetizaban con su largo cabello rubio que le tocaba la cintura. Abajo, la flores brillantes se combinaban y hacían juego con las ruedas del piano.

      Antes de iniciar la segunda pieza, el joven ejecutante mexicano Ricardo De la Torre le dijo al público que tocarían los “Dos valses para dos pianos” de Germaine Tailleferre (Francia, 1892-1983) casi sin interrupciones, por lo que pidió no aplaudir hasta que ambas piezas terminaran. No quiso que sucediera lo mismo que con la primera obra: “Romance del Plata”, de Carlos Guastavino (Argentina, 1912-2000).

      Entre cada uno de los tres movimientos de la “sonatina para piano a cuatro manos”, de Guastavino, uno que otro integrante del público no resistió la emoción e hizo sonar un tímido aplauso, acallado siempre por el silencio mayoritario. Para la tercera pieza, el dúo intercambió instrumentos. Esta obra, el “Valse fugitive”, para dos pianos, de Vittorio Rieti (Egipto, 1898 – Estados Unidos, 1994) el público mejor no la aplaudió.

      La última obra de la primera parte del concierto fue de Claude Debussy (Francia, 1862-1918). Antes había sonado Francis Poulenc (Francia, 1899-1963). El final de la obra de Debussy fue intenso: los pianos parecían sostener un duelo de voces, uno con sonoros graves, el otro con intensos agudos. Hasta que poco a poco fueron mesurando su temperamento…. Y con un cruce de miradas entre los pianistas, sonó la última nota.

 

Un movimiento intenso

Para abordar la época contemporánea, el elegido fue el compositor mexicano Leonardo Coral (1962) y su obra “Resonancias nocturnas”, sonata para dos pianos: “Preludio”, “Rumores acuáticos”, “Interludio” y “Final”. Cuando terminó, el público no estaba seguro de si era el momento indicado para aplaudir. Finalmente lo hizo con fuerza cuando los pianistas se levantaron e invitaron al autor de la obra a subir al escenario.

      Al final del concierto, Leonardo Coral dijo a Notimex que justo ahora hay un movimiento intenso de compositores mexicanos contemporáneos sonando en diferentes escenarios, siendo interpretadas sus obras lo mismo por orquestas que por conjuntos de cámara, solistas y dúos, como en esta ocasión. Lo único que falta, según Coral, es mayor difusión por parte de los medios de comunicación acerca de lo que están realizando los creadores artísticos en México.

      A la pieza de Coral, le siguió la de otro compositor mexicano, Gustavo E. Campa (1863-1934), con su “Allegro appassionato”, para dos pianos. Pieza que hasta hace poco había quedado en el olvido. Antes de ejecutarla, el pianista Ricardo de la Torre  dijo: “Ayer, esta obra de Campa se volvió a tocar por primera vez después de muchas décadas. Acaso sea porque resulta extremadamente difícil. Hoy es nuestro turno. Y en unos días más volverá a sonar en esta misma sala [sábado 22 de febrero, a las 17:00 horas]”.

      A lo largo del concierto, Lark Powers siempre se mantuvo erguida frente al piano. Su pareja, por el contrario, a veces se encorvaba, como asomándose a una ventana hecha de partituras; a veces también De la Torre se mordía los labios o se sacudía de un lado a otro con la música. Y en varios momentos ambos echaban su cuerpo hacia delante o movían la cabeza de arriba a abajo al unísono.

      La última pieza del programa fue “Variaciones sobre un tema de Paganini”, para dos pianos, del polaco Witold Lutosławski (1913-1994). Sin embargo, al concluir los aplausos del auditorio hicieron que el Dúo Powers-De la Torre ofrecieran un encore: una obra del italiano Castelnuovo-Tedesco (1895-1968), la “Pavana para una infanta difunta”, escrita originalmente para piano solo por el francés Maurice Ravel (1875-1937).

      El Dúo Powers-de la Torre se formó en 2011 cuando esta pareja cursaba estudios de doctorado en la Universidad de Colorado, ubicada en Estados Unidos. Como dúo se han presentado en foros de la Unión Americana, Francia, Austria, España y, desde luego, México. 

NTX/JJF/MBS

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