Anuncio clave sobre tarifas a importación de autos en EEUU

17 de Febrero 2019

Foto Revista Cambio

DETROIT (AP) — A veces, Brad Strong se despierta a las dos de la mañana y no puede volver a dormirse. No es que se desvele por cuestiones familiares, económicas o de salud. Son las tarifas.

Las tres concesionarias de autos que tiene la familia Strong en Salt Lake City podrían sufrir un duro golpe si el presidente Donald Trump aplica tarifas del 20% al 25% sobre los autos y los repuestos para automotores importados, como ha amenazado con hacer.

A Strong el quedan varias noches más sin dormir.

Se espera que el domingo el Departamento de Comercio opine acerca de si las importaciones de autos comprometen la seguridad nacional de Estados Unidos lo suficiente como para imponer tarifas. Trump tendrá después 90 días para decidir si las aplica o no.

El departamento podría postergar sus recomendaciones. O hacérselas llegar a Trump sin que se difundan al público.

Pero si recomienda las tarifas, se estaría endureciendo la combativa postura del gobierno hacia el comercio. Hasta ahora se han impuesto tarifas a la importación de acero, aluminio, máquinas de lavar, paneles solares y cientos de artículos chinos. Las tarifas son una pesada carga para las empresas estadounidenses que importan todas esas mercancías y repuestos, muchas de las cuales están aumentando los precios al consumidor. Numerosos economistas temen el impacto que puedan tener más tarifas en la economía.

Tarifas a la importación de autos seguramente generaría represalias de la Unión Europea y Japón. También podrían provocar una rebelión en el Congreso, incluidos algunos republicanos, ante la inquietud asociada con el hecho de que Trump fija tarifas haciendo uso de su autoridad para declarar ciertas importaciones como una amenaza para la seguridad nacional.

“No creo que las camionetas de Canadá o de otros aliados comprometan nuestra seguridad nacional”, afirmó el senador republicano Rob Portman. “Espero que el gobierno reconsidera el tema de las tarifas a los autos”.

Las tarifas pueden tener consecuencias de amplio alcance, afectando a las fábricas de autos, a menudo con partes importadas; a las concesionarias y a los consumidores. Los vehículos de pasajeros y repuestos importados representaron 340.000 millones de dólares en el 2017.

Las tres concesionarias de los Strong venden autos alemanes (Volkswagen, Audi y Porsche). En Estados Unidos no se fabrican vehículos de Porsche ni de Audi. Solo un par de modelos de Volkswagen. Las tarifas aumentarían los precios de los autos y disminuirían las ventas.

“Me preocupa la gente que trabaja para mí y sus familias”, dijo Strong, quien estima que podría tener que despedir a unos 225 empleados en total en el peor de los casos.

Tarifas del 25% generarían un aumento promedio del 17% en los vehículos, según IHS Markit. Incluso los autos fabricados en Estados Unidos subirían de precio, porque emplean partes importadas.

“Creo que esto perjudicaría a la economía en general”, dijo Howard Hakes, presidente de Hitchcock Automotive, que tiene tres concesionarias de Toyota en Los Ángeles.

Mario Murgado, dueño de concesionarias de Honda, Volkswagen, Audi y otras marcas en Miami y Chicago, opina distinto. Dice que está dispuesto a sacrificar ventas si ello ayuda a hacer que el comercio mundial sea más justo. Afirma que otros países aplican tarifas más altas que las de Estados Unidos.

“Quiero lo mejor para el país”, manifestó.

El 14% de los 17,2 millones de vehículos vendidos en Estados Unidos en el 2017 provinieron de México y el 11% de Canadá. El 10% eran japoneses, un 5% sudcoreanos, un 3% alemanes y el 5% de otros países. Más de la mitad, el 52%, estuvieron fabricados en Estados Unidos.

Uno de los escenarios posibles si Estados Unidos aplica tarifas a los autos es que otros países tomen represalias que no se limiten al campo automotriz, según Kristin Dziczek, vicepresidenta del Centro para Investigaciones de Automotores.

“Si fijamos tarifas a los Audi, Alemania podría decir ‘no queremos su mantequilla de maní’”, señaló.

Trump se ha propuesto reducir el déficit comercial de Estados Unidos renegociando acuerdos comerciales y combatiendo lo que describe como prácticas abusivas de otras naciones.

Y con ese fin aplica una herramienta poco usada en la política comercial, que da al presidente la posibilidad de restringir las importaciones e imponer tarifas si el Departamento de Comercio determina que la seguridad nacional se ve comprometida. El gobierno ya usó esa facultad para fijar tarifas al acero y el aluminio.

Trump quiere usar las tarifas al acero y al aluminio –y la amenaza de fijar tarifas a los automóviles– para conseguir concesiones en las negociaciones comerciales, incluida la renegociación del tratado de libre comercio con México y Canadá.

Pero para sorpresa de legisladores y empresarios, mantuvo las tarifas sobre el acero y el aluminio de Canadá y México incluso después de que estos países aceptaron un nuevo pacto comercial.

“Cuesta entender exactamente cuál es el propósito de estas políticas”, comentó Bryan Riley, director de la Iniciativa de Libre Comercio, de la Unión Nacional de Contribuyentes, una agrupación conservadora.

Para Mary Lovely, economista de la Universidad de Syracuse, “esta no es una táctica de negociación. Trump cree en ellas (las tarifas). Erróneamente piensa que las tarifas van a beneficiar a la industria automotriz estadounidense”.

La industria se opone a las tarifas.

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Wiseman informó desde Washington.

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Paul Wiseman está en https://twitter.com/PaulWisemanAP y Tom Krisher en @tkrisher

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