El mal querer

Con tan sólo 25 años, Rosalía se metió en todas las conversaciones de sobremesa, y es que esta joven española se atrevió a crear un disco con base en el flamenco, aunque también pisa la calle de los ritmos urbanos

01 de Diciembre 2018

Foto Revista Cambio

POR JULIÁN VERÓN

¿Por qué nos interesa realmente saber todo, absolutamente todo de algún disco o una obra? Es como si tuviésemos una necesidad imperiosa de estar en lo correcto, tomar al artista por el cuello, amarrarlo y gritarle a la cara que sabemos lo que quiere hacer con nosotros y que no somos ningunos pendejos, que tenemos los ojos bien abiertos y no nos va a engañar.

Algo parecido ocurre con El mal querer de Rosalía. Casi todas las personas que lo han escuchado han dado su versión del mismo, y eso realmente está bien; no hay problema. El arte deja de ser del artista en el momento en el que sale de sus manos; implica cerrar un ciclo. El artista crea la obra, y el receptor le da un último significado cuando lo escucha, lo ve o lo que sea.

Rosalía es sinónimo de ambición, lleva más de 13 años estudiando de pies a cabeza lo que significa el flamenco. La critican por “apropiación cultural”, aunque es algo bastante estúpido. El flamenco es un género muy cerrado, lo sabemos desde la época de Camarón. El problema con Rosalía es que se atrevió a crear un disco con base en el flamenco, pero termina más bien pisando la calle de los ritmos urbanos. Y claro que es un disco conceptual, cada canción está hilada y se siente que es parte de algo mayor; es un mensaje que está pensado para darse a conocer por capítulos: todo esto basado en una novela del siglo XIII, El romance de la flamenca (por eso cada canción tiene el nombre de un capítulo).

Rosalía no es ni será la última persona en el planeta en crear un disco de este estilo. Vivimos en la época de los sencillos, en la que casi no tenemos tiempo para escuchar un disco, y muchísimo menos si se trata de uno con estas características. Afortunadamente, el mundo aún tiene tiempo para obras que necesitan ser oídas y, además, tuvo unos sencillos muy fuertes (“Malamente”, “Pienso en tu mirá”) que lograron crear una expectativa gigante. El veredicto del orbe entero fue casi unánime: El mal querer era probablemente el disco del año, y Rosalía acaba de voltear la música popular española de una forma que no veíamos, quizás, desde el primer Alejandro Sanz.

Hace días tuve la oportunidad de entrevistarla. Mi primera impresión es la de una artista que grabó un disco, y no sabía que iba a lograr conectar con tantísima gente; y ojo, no me malinterpreten acá: siempre quieres que el mensaje llegue a la mayor cantidad de personas posible, pero pensar este éxito tan rápido y gigante ni ella misma lo tenía en  la cabeza.

El mal querer rueda de comienzo a fin como si fuese una película. Es una definición básica y quizás tonta, pero ¿por qué buscar otro significado si tiene ese cronómetro que hace sentir que todo está ordenadito, justo donde tiene que estar? Tiene tres puntos claves: “Malamente” (que la pone más cerca de Rihanna que de Alejandro Sanz), “Bagdad”, canción que para mí es la más exquisita y mejor lograda del disco, y “Que no salga la luna”. En esta última, lo que Rosalía hace con el flamenco es de lo más importante de la obra: lo diseca, abre, mastica y escupe en un plato de autotune. Quisiera haber estado sentado frente a los puristas del flamenco cuando escucharon por primera vez lo que hizo esta mujer en esa canción, de seguro sus cabecitas se partieron en siete pedazos.

Otro punto en el que quizás poca gente cae: el uso magnífico del autotune que hace Rosalía en este disco. Antes he dicho esto: el autotune es la guitarra eléctrica de los 2000. Es un recurso que cuando salió fue crucificado por todos, alegando que sólo era utilizado por personas que “no sabían cantar”. Kanye West fue uno de los primeros, que yo recuerde, en haber sacado provecho del autotune de una manera que nadie había logrado. Creo que después de Kanye llegó Rosalía, quien llevó a niveles estratosféricos su ya maravilloso tono de voz con ese procesador de audio. Es la representación más fiel y exacta de cómo usar recursos que están ahí, al alcance de todos en cualquier maquinita.

El mal querer se siente como una obra completita, conclusa; no te deja pensar en que faltó algo o que le sobró algo. Cada letra, melodía o mensaje que te quiere dar lo hace con su precisa intención. Es el disco más importante del año en la música pop en español.

Rosalía se metió en todas las conversaciones de sobremesa. Además, muestra la evolución acelerada de una artista, pues sólo tiene 25 años y es su segundo disco. En Los Ángeles, el primero, con guitarra y voz demostraba que el flamenco estaba dentro de ella, que era parte de sus raíces. Ahora, con El mal querer, lleva el flamenco a lugares que probablemente ningún artista en la historia del género lo ha llevado. Veremos qué sigue.

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