Mundo

El “ya merito” inglés

El futbol de Inglaterra ha sido históricamente una baraja de fracasos, de prometer y nunca cumplir las expectativas. Tiene la más cara y mejor liga del mundo –la Premier League– y 100 jugadores de ella participaron en esta Copa del Mundo. 40 de los 92 futbolistas de los cuatro equipos semifinalistas del Mundial juegan en Inglaterra, ¿qué pasa entonces con su selección?

por Revista Cambio

13 de Julio 2018

Foto Revista Cambio

POR JULIÁN VERÓN

El futbol nació en Inglaterra. Empezó en 1863, cuando en el país inglés se separaron el rugby football y el association football, dando vida al deporte más hermoso del planeta y al primer órgano gubernamental del balompié: Football Association. Desde ahí, Inglaterra ganó un Mundial (1996, en casa) y coleccionó decenas de decepciones. El futbol inglés históricamente es una baraja de fracasos –y de los malos–, de prometer y nunca cumplir expectativas. Inglaterra tiene actualmente la más cara y mejor liga del mundo: la Premier League. 100 jugadores de la Premier participaron en esta Copa del Mundo, y 40 de los 92 futbolistas de los cuatro equipos semifinalistas del Mundial, juegan en Inglaterra.

Han pasado barajas enormes de jugadores realmente talentosos por las selecciones de Inglaterra de este siglo: Beckham, Lampard, Gerrard, Scholes, Cole, Owen, Shearer, Ferdinand, Terry, Campbell, Rooney y muchos más. ¿Qué tienen en común todos estos exfutbolistas? Ninguno pudo jugar una semifinal de algún torneo de selecciones. “La generación de oro”, les llamaron varias veces, pero siempre terminaban en el mismo lugar: perdían en penales, su barrera psicológica de antaño.

Inglaterra es una selección representante de un país imperialista que a pocos cae mal. Al final del día inventaron el juego de la pelotita, y nadie quiere nunca que les vaya mal. Es un grande que no genera miedo, sus garras no tienen filo y todos lo apoyan como si fuese el hermanito menor que apenas comienza a dar sus primeros pasos. No es Brasil ni Alemania, y todos quieren jugar en la Premier League –los salarios de cualquiera de los 20 equipos te convierten automáticamente en millonario y cambia tu carrera deportiva para siempre–. Pero, ¿y la selección? Es gracioso tener una liga tan competitiva y llena de estrellas y contar con una selección que no puede ganarle a Islandia.

Sentarse a hablar con un inglés que haya nacido después del 66 te asegura escuchar la historia de 1990 y cómo casi, casi, casi, le ganan a Alemania del Oeste en los penales. Gary Lineker, Paul Gasgoine, Peter Shilton y un joven Gareth Southgate (actual seleccionador inglés). Ese torneo terminó en la desgracia inglesa: los penales; e inauguraba una maldición en Mundiales que, increíblemente, iba a ser derrotada por una banda de jóvenes en Rusia contra Colombia. La mano izquierda de Jordan Pickford, y los penalazos de Harry Kane, Kieran Trippier, Marcus Rashford y compañía. Mundial de 1998 con un David Beckham bebé, terminaba como siempre: penales contra Argentina. Mundial de 2002, con quizás el mejor equipo de la historia de Inglaterra: Ronaldinho mete un gol desde casi la mitad de la cancha. Copa de 2006, con un tal Wayne Rooney: penales contra Portugal. Mundial 2010: Inglaterra eliminada, goleada por Alemania. Copa de 2014: Inglaterra eliminada en fase de grupos. La selección inglesa había tocado fondo. Y de a ratos tocar fondo es positivo porque, a riesgo sonar como un libro de autoayuda barato, la única manera de salir es sólo una. De los laberintos se sale sólo para arriba.

Llega el 2018. Nadie en Inglaterra tenía fe en este equipo. Gary Neville, histórico lateral derecho inglés, duda de asistir a Rusia a cubrir el Mundial formando parte de ITV, “porque no sabía si pasar cinco semanas en Rusia era buen plan”. Los medios ingleses hacen eco del Mundial de Rusia como uno de “paso”; para foguearse y llegar bien al “verdadero”, el de Qatar 2022. Inglaterra comenzaba esta Copa del Mundo ni siquiera entre los primeros 10 candidatos según las casas de apuesta principales, con una selección con la media de edad más joven del Mundial. Nadie daba un duro por estos chicos.

Gareth Southgate, técnico inglés, implementó un sistema bien raro en las eliminatorias para los ingleses: 3-5-2-, muy continental, con carrileros y un central con un hermoso juego de pies: John Stones. Una de las cosas más criticadas a la Inglaterra de este último siglo es su pasividad y poca renovación en los esquemas. Siempre un 4-4-2 clásico, variando a un 4-5-1, como si el futbol aún se jugara como en el 2000. La España del 2010 y la Alemania del 2014, representaron un cambio de ciclo en la manera de jugar el futbol de selecciones: cada vez importaba más tener la pelota y contar con jugadores que se adaptaran a dominar la posesión del partido, como Xavi, Iniesta, Busquets, Kroos, Özil y compañía nos habían enseñado.

Lo que Pep Guardiola inició con el F.C Barcelona (y que tenía la columna vertebral de la selección española), se había trasladado al balompié de selecciones, y ya sólo mandar al central de tu equipo a dar un pelotazo y que el 9 grandote lo cabeceara no funcionaba en los Mundiales y Eurocopas. El futbol había cambiado y las selecciones que tuviesen ganas de ganar un título tenían que jugar de esta manera. Sin embargo, en Inglaterra esto era una utopía. “La diferencia más grande que he visto de este equipo y nuestra muy llamada ‘generación de oro’, es que acá nadie te obliga a jugar larga la pelota. Cada vez que a mí o a Terry nos tocaba tener la pelota, nuestros técnicos nos obligaban a mandar un pelotazo. Hoy, Stones tiene la pelota y siempre la toca al jugador que tenga más próximo. Y esto es un cambio importantísimo”, dijo Rio Ferdinand, central histórico inglés, sobre la manera de sacar la pelota del equipo de Southgate en este Mundial de Rusia.

Inglaterra tenía un grupo accesible, hay que decirlo: Panamá, Túnez y Bélgica. Pero cuando de Inglaterra se trata nada es seguro. El primer juego contra Túnez fue una fotografía bien cierta de lo que significa históricamente el futbol de Inglaterra. Comenzó rápido, con un equipo inglés bien animado y un Harry Kane encendido, con Sterling y Lingaard causando bastantes problemas por su rapidez, y lograron el 1-0 con un gol de penal de Kane, capitán inglés. Minutos más tarde, empata Túnez y los ingleses dejaron de ser tan brillantes como los primeros 25 minutos. Y ya todos empezaban a decir lo mismo: “La misma Inglaterra de siempre”. Minuto 92, y Harry Kane cabeceaba para sacarlos del apuro contra los africanos. 2-1. Inglaterra no hace goles en últimos minutos en Mundiales. La historia empezaba a cambiar.

Contra Panamá fue un juego de entrenamiento, más bien: 6-1, y hat trick de Harry Kane. Y sí, aunque Panamá no es Brasil, Inglaterra se vio fresca y rapidísima, con cada jugada de pelota quieta perfectamente ejecutada. Con esta goleada aseguraban pasar a segunda ronda, pero quedaba el tercer juego contra Bélgica, favorita del grupo y el partido definía a qué lugar del sorteo se iba cada selección. Los dos entrenadores decidieron descansar jugadores, y los suplentes de Bélgica le ganaron a Inglaterra 1-0, con un zurdazo increíble de Adnan Januzaj. La prensa inglesa llamaba a ganar el partido, así esto significara tener cruces más complicados y un posible cuartos de final contra Brasil. Southgate, fiel a sus creencias, dijo: “No hay nada más importante que poder participar en un Mundial, y yo, habiendo estado de ese lado quiero mantener la unión del equipo y poder darle minutos a los que no han tenido”.

Perder contra Bélgica significó que Inglaterra tenía cruces “más fáciles”, pero en el Mundial más improbable que mis ojos recuerden, esto no valía mucho. Llegaba Colombia en octavos de final, con Falcao a la cabeza y James fuera por lesión. Inglaterra empezó bien ese partido, rápidos en el balón y muy dinámicos. Colombia, por el contrario, parecía más bien convencida de sentirse inferior y jugaba a estar bien parada en la defensa, y ligar que en algún contragolpe Falcao la metiera. Segundo tiempo, y otra vez, debido a la pelota detenida, Inglaterra metió muchos ingleses en el área colombiana y provocaron un penal. Harry Kane, como en todo el Mundial, tomó la pelota y anotó el penal. 1-0. Inglaterra estaba cerca de otros cuartos de final, aunque esto es Inglaterra, señores, y en el minuto 94 en un córner para Colombia, Yerry Mina se alzó entre todos y cabeceó el empate. Tan cerca, y otra vez se les fue de las manos.

En el tiempo extra, Colombia se supo superior anímicamente. Recibir un gol en el último minuto de cualquier partido baja los ánimos, pero en un Mundial estas sensaciones se deben multiplicar por 40. Colombia no tuvo el futbol que tradujera ese dominio anímico al marcador, y al final de los 120 minutos, Inglaterra llegaba a su némesis, al veneno psicológico que más corazones ingleses ha destruido en este último siglo: los penales. Y es que si Inglaterra tenía ganas de hacer algo en esta Copa el Mundo, tenía que quebrar esa barrera psicológica, y la mejor prueba de ver de qué estaba hecho este equipo era esta: unos penales en un Mundial, luego de que los empataran en el último minuto.

Increíblemente, estos jóvenes leoncitos lograron pasar los penales, y todos los diarios ingleses titulaban de igual forma: “Se acabó la maldición”. Y esto los elevaba a un nivel de confianza mucho más alto que jugar un buen partido. Para Inglaterra ganar una tanda de penales significa exactamente lo mismo que para México pasar al quinto partido. Videos de Gary Lineker llorando, y demás inundaron las redes, claro que sí. Venía Suecia. Equipo revelación del Mundial que dejó sin torneo a Italia y Holanda. Y que pasó primera en un grupo que tenía a Alemania y todo esto sin el jugador más importante de su historia: Zlatan Ibrahimovic.

Inglaterra dominó el partido, y este parecía un amistoso, sin mucho en juego ni sobresaltos de otro tipo. Los ingleses jugaban como una selección con mucha experiencia en estas instancias, y no dejó ver a la Suecia de la que todo el mundo hablaba. 2-0 y a casa para los suecos. Inglaterra estaba una semifinal de un Mundial de futbol 28 años más tarde.

Llegó Croacia, la selección mejor llamada “la Brasil europea”. Estaban Modrić y Rakitić, motores de los dos mejores equipos del planeta: Barcelona y Real Madrid. Inglaterra comenzó el juego como si no fuese Inglaterra: veloces, rápidos en transiciones, y como si se sintieran ya finalistas del mundo. Trippier metió un tiro libre made in David Beckham, que hizo resonar el “It’s coming home” en todo el planeta. Y de verdad, por primera vez desde el 66, se sentía que los ingleses iban a lograrlo. Terminaron el primer tiempo arregostados al travesaño de Pickford, pero estaba la sensación de que se podía lograr.

Llega el segundo tiempo, una Croacia superior, con la batuta de Modrić dando una clase que debería ser tutorial para todo niño que quiera jugar al futbol. Y pasó lo inevitable: en un centro (bien inglés) Perisić empata el juego con una patada made in Zlatan Ibrahimovic. El golpe anímico que le dio este gol a Croacia se sintió en el equipo inglés que terminó pidiendo el final de los 90 minutos. Y así acabó: Croacia encima de Inglaterra.

Tiempo extra, y 22 piernas fatigadas buscan la máxima: la final de la Copa del Mundo. Termina el primer tiempo extra con algo más parecido a un trámite que a otra cosa, el cansancio físico y mental más el miedo que les hacía ver a la grama y sentir con sus gotas de sudor que cualquier error los sacaba del Mundial se hacía notar en todas las TV del planeta.

Stones cabecea y casi hace otro gol de pelota quieta que hubiese provocado un infarto en la reina Isabel. Pero no pudo ser. Mandzukić (ya sin piernas) metió un pelotazo en la parte izquierda de Jordan Pickford (un gigante portero inglés que enorgullecería a Shilton), para mandar a los cuatro millones de habitantes (sí, cuatro) de Croacia al éxtasis celestial. 2-1 y se acabó el juego. La Croacia de Modriç, Rakitić, Mandzukić y Perisić lograba lo que la de Suker, Prosinecky y Boban no pudieron en el 98: llegar a la final del mundo.

Inglaterra no tuvo más, aunque lograron que el país entero estuviese detrás de su selección de nuevo. Hicieron que todos creyeran en los creadores del futbol de nuevo, y que el “It’s coming home” fuese la banda sonora de todo lugar donde se estuviera comiendo algún plato de fish and chips.

Al cierre de esta edición, acaba de definirse la final y cuando leas estas líneas ya habrá terminado Rusia 2018. Pero hoy sin duda puedo decir que Gareth Southgate y su banda de jóvenes merecen regresar a Inglaterra con la medalla del tercer puesto como héroes, y el primer paso para poder ganar algún título está dado. La euro 2020 y Qatar 2022 son los verdaderos objetivos de esta selección y, quizás, ahí si vamos a estar cantando el “It’s coming home”.

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