La democracia no llena la alacena

¿Por qué las y los venezolanos no quieren acudir a las urnas el próximo 20 de mayo? Antes, las elecciones eran algo importante en Venezuela, pero hoy la gente ocupa su tiempo en sobrevivir a la escasez y hacer largas filas para llevar algo a la despensa de sus hogares

13 de Mayo 2018

Foto Revista Cambio

POR JULIÁN VERÓN

Justo hace un año, hablaba con mis amigos sobre lo importante que iban a ser estas elecciones para la historia de mi país, Venezuela.  Hoy, un año más tarde, las elecciones venezolanas terminaron convirtiéndose en el hazmerreír del mundo entero. Ninguno de mis compatriotas conocidos que quedan en Venezuela van a votar, ninguno de mis familiares tampoco, y el aire que se respira en las redes sociales de los venezolanos es de desesperanza y resignación, llamando a lo que se vivirá el próximo 20 de mayo un “simulacro electoral”. Pero vamos por partes:

Actualmente hay tres candidatos: Javier Bertucci, Henry Falcón y Nicolás Maduro. El partido de la Unidad, que es una coalición entre partidos opositores al régimen de Maduro, decidió no participar en las elecciones dadas las pocas garantías constitucionales que ofrece actualmente el Consejo Nacional Electoral (CNE) venezolano.

Así, con los dos candidatos que van en contra de Nicolás Maduro no hay esperanza pues ambos tienen pasados cuestionables. Bertucci es un pastor evangélico que salió de la nada para lanzarse contra Maduro, y Henry Falcón es un antiguo candidato por la Unidad y fue un reconocido amigo de Hugo Chávez. La Unidad ha declarado que Falcón nunca hubiera sido electo candidato de su partido por dos razones muy sencillas: nunca hubiera logrado consenso a su alrededor, ni ganado unas elecciones primarias. Según la Unidad, “Falcón sabe que todo está hecho para que ‘gane’ Maduro sin apoyo popular y sin votos. Se presta al juego de un régimen dictatorial que necesita de un candidato ‘opositor’ que lo reconozca y legitime”.

Pero vamos a lo que importa, ¿por qué antes sí votaba la gente en Venezuela y ahora no? Antes, la comunidad internacional contaba con garantías institucionales para confiar en el sistema electoral venezolano. Hoy, el consenso es no salir a votar para no legitimar a Nicolás Maduro.

Hay razones de peso para que la gente en Venezuela no salga a votar. Mis padres diariamente pasan más de 10 horas sin luz en Maracaibo, que es la segunda ciudad más importante del país. No consiguen las medicinas necesarias para mi mamá, que sufrió un accidente cardiovascular hace años y necesita medicarse de por vida, y conseguir los alimentos básicos es una utopía, y si se llegan a obtener es a través del mercado negro que vende los alimentos 10 o 15 veces por encima del precio normal.

El CNE sigue en manos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV); se han violado todos los plazos constitucionales y legales. No hay Observación Internacional imparcial; hay una imposibilidad del cambio de residencia de millones de electores que han salido del país y una negativa de inscripción de nuevos electores. A eso se suma la inhabilitación de partidos políticos e inhabilitación, encarcelamiento y persecución de posibles candidatos presidenciales; la manipulación de actas en elecciones regionales de 2017; la eliminación de la tinta indeleble; el ventajismo y censura en los medios de comunicación; mecanismos de extorsión, chantaje y terror al pueblo con instrumentos como el carnet de la patria (un gafete que da el gobierno para “garantizar servicios básicos y alimentos). La ciudadanía tiene claro entonces que participar con estas condiciones es contribuir a legitimar a Nicolás Maduro.

La oposición en Venezuela está jugando a esperar que la comunidad internacional actúe (véase Trump y sus constantes anuncios en contra de Maduro y sanciones económicas a integrantes del PSUV (partido oficialista). En el momento más crítico de la historia contemporánea venezolana, ni siquiera unas elecciones pueden aliviar el clima ni dar un poco de esperanza. El dólar cuesta casi 700 000 bolívares, y el salario mínimo básico mensual está en un millón de bolívares: eso alcanza actualmente para comprarte dos perros calientes y un refresco en la calle pues es el equivalente a 1.8 dólares.

Sumado a la conocida crisis de medicamentos y a la inmigración histórica de jóvenes, en mi país se vive una crisis energética que llega a niveles nunca antes vistos: en Maracaibo la gente pasa más de la mitad del día sin energía eléctrica. Está por otro lado la crisis del agua, la inseguridad desbordada, la escasez de alimentos básicos, por tanto es impensable que un gobierno se mantenga en el poder gracias al apoyo popular.

En Venezuela tener una vida normal es tan lejano como un cuento de hadas. Las condiciones de vida que se tienen en el 2018 son históricas.

La gente no quiere salir a votar porque no hay garantías de absolutamente nada. No se trata de una apatía política sino de una impotencia porque no se tata de ir y dejar tu voto en blanco, porque acá jugaríamos con asistir y contaría para la estadística de gente que salió a votar, parecería que aún se creyera en la democracia que ha colapsado.

Sí, hoy los candidatos adversos a Maduro no sirven, y quizás si apareciera alguien nuevo, que no viniera de ninguno de los partidos a los que está acostumbrada Venezuela desde hace 20 años (PSUV, AD, COPEI, PJ, UNT, Unidad), solo así, y eso tal vez, la gente se animaría a salir. Pero el consenso de la Unidad (la coalición de partidos opositores) era no inscribir candidatos, lo cual se cumplió hasta que estas otras dos personas se lanzaron por ambiciones personales.

En Venezuela normalmente las elecciones son un momento que paraliza al país, no se habla de otra cosa y los nervios están muy afilados. Sin embargo, estamos a una semana de los comicios y la gente está más pendiente de poder llenar de alguna forma la despensa para comer una o dos veces al día. Se trata de una depresión colectiva que deriva en un consenso nacional de que no hay motivos para creer en elecciones. La “época de la votadera” como la denominó Chávez una vez en Venezuela (diciéndolo con orgullo ya que según él en Venezuela sobraba la democracia por la cantidad de elecciones), se acabó. En las pasadas elecciones a alcaldes y gobernadores el chavismo (en su peor momento histórico) arrasó con el 90% de victorias. Venezuela se convirtió en una nación que no cree en su organismo rector electoral, y quizás es el último fondo que a mi país le faltaba por tocar. ¡Ni siquiera Maduro ha tenido que hablar mal de los otros candidatos! Imaginen. Así está el panorama electoral venezolano.

En un país donde ya ni siquiera votar es la opción, ¿cuál será la solución? Esta misma pregunta es la razón por la cual tanta gente salió del país, yo incluido, y es la misma causa por la que muchos otros viven una especie de depresión constante en el país. No lo hay, pero sería interesante tener un registro de cuantos casos de enfermedades mentales se han disparado en estos últimos cinco años en Venezuela.

Ahora que vivo en México, cuando me preguntan en la calle ¿Qué va a pasar con Venezuela? Mi respuesta es un sincero “no sé”. Pero lo que sí sé es porqué la gente no va a salir a votar este 20 de mayo de 2018, y estoy seguro de que son tantas las razones que se me olvidaron varias.

Hablar de Venezuela hoy en día es de lo más complicado que le puedes pedir a un venezolano. Es la pérdida de la esperanza democrática. Venezuela como sociedad se ha rendido. Hoy sabemos lo que es la impotencia en su máxima expresión.

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