Revista Cambio

La Historia como Verdugo

Marie sabe que hay una historia que podría contarle al hijo que aún lleva en su vientre. En ella hablaría de una niña o un niño que no pudo nacer en la misma tierra que sus padres porque esa tierra se cansó y ya no podía producir más alimento. Una tierra que fue abandonada por gente como Marie, que se vio en la necesidad de iniciar un largo viaje hacia un país nuevo, a donde lleva consigo nada más que sus recuerdos y su pobreza.

Lo que quizá Marie no sepa es que esa historia tiene un lado oculto, en la cual detrás de la pobreza y la falta de alimento –en un país constantemente golpeado por huracanes y por un gran terremoto hace ya seis años– está la figura de un dictador cuya peculiar forma de “cazar” comunistas dejaría sumidas en la desgracia a varias generaciones.

Y es que, durante la Guerra Fría, el dictador François Duvalier tuvo a bien mandar a tirar los árboles de las selvas haitianas a fin de evitar que los comunistas se escondieran en ellas. ¿El resultado? Haití quedó abandonado a su suerte, sin barreras naturales que le permitieran contener la furia de la naturaleza.

Es Guy Lamothe, embajador de Haití en México quien cuenta esta historia, mientras trata de explicar cómo es que su país llegó a tales niveles de pobreza que la población hoy en día lo abandona de forma masiva con la intención de llegar hacia Estados Unidos.

En esta travesía, que involucra cruzar Centroamérica, el último punto para alcanzar el “sueño americano” es México, un destino de tránsito, pero clave para refugiarse en Estados Unidos por razones humanitarias.

Marie es solo una de las 300 personas migrantes que llegan diariamente a la ciudad de Tijuana, Baja California, y que permanecerá allí hasta que logre tener una cita con las autoridades migratorias norteamericanas que atenderán su solicitud de asilo. Pero ¿qué fue lo que llevó a Haití a vivir una situación tan extrema? La respuesta está en la historia.

DEFORESTACIÓN Y HAMBRE

Si uno toma un mapa, puede notar que si no existiera la división política entre República Dominicana y Haití, prácticamente ambos países serían una misma isla en medio del Caribe. Sin embargo, la devastación provocada por fenómenos naturales, como el reciente huracán Mathew, es muy distinta entre un país y otro. La razón, según explica Lamothe, está en la deforestación que ha sufrido su país:
“El medio ambiente está mucho más conservado en República Dominicana que en Haití. En la época de la Guerra Fría había un dictador haitiano que prácticamente mandaba cortar árboles para ver si había comunistas, mientras que en República Dominicana había una política de reforestación.

Además, el terreno en Dominicana es muy plano y Haití es montañoso, entonces, Dominicana está mucho más protegida geográficamente pero también por sus políticas. En 1930 ellos tuvieron un huracán que casi los destruye por completo, pero allí aprendieron que sus árboles los protegían. Teníamos dictaduras en ambos lados, pero en Dominicana tenían dictadores con visión, económica y política, y en Haití los dictadores no tenían esa visión”, profundiza el embajador.

La deforestación no solo tiene como consecuencia la vulnerabilidad en caso de huracanes, también impacta directamente en la soberanía alimentaria de Haití. En una encuesta realizada en 2008, 70 % de los agricultores haitianos señalaron como su principal problema el hecho de que “la tierra está cansada”, según reveló en ese mismo año la revista National Geographic.

La destrucción parece una constante en Haití, que hoy es uno de los países más pobres del mundo. Desde la llegada de Colón a la isla en 1492, los españoles se dedicaron a destruir el entorno natural. Primero bajo el dominio español se derribaron los árboles para sembrar caña de azúcar. Después los franceses talaron los bosques para cultivar café, añil y tabaco. Incluso después de que en 1804 los esclavos haitianos se liberaran del colonialismo, Francia recibió una indemnización de 93 millones de francos de su antigua colonia, y esta fue abonada en madera.

Tras la independencia, las clases altas expulsaron de los valles fértiles a los campesinos y los obligaron a asentarse en las áreas boscosas donde tuvieron que talar para sembrar maíz y otros alimentos, y para usar la leña como combustible.

Lo cierto ese que la situación del suelo haitiano es grave. Queda menos del 4 % de los bosques y el suelo está severamente erosionado y estéril. Así, la mitad de una isla del Caribe se ve en la necesidad de importar el carbohidrato básico de su alimentación: el arroz, y pagar el doble de lo que pagaría por él si se produjera en el suelo que siglos atrás era perfecto para producirlo.

Quedarse sin árboles y sin suelo también convierte a Haití en una constante víctima de la devastación por fenómenos naturales, de allí que resulten urgentes planes gubernamentales para la reforestación.

Haití ocupa el último lugar en la lista de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el continente americano. Su economía está en la ruina, las infraestructuras son inexistentes y el desempleo se ha convertido en un problema crónico.

Aproximadamente un 70 % de la población vive en la pobreza y el 65 % se dedica a una agricultura de subsistencia a pequeña escala. El problema subyacente social más serio de Haití es la enorme desigualdad existente entre una mayoría negra criolla empobrecida y una minoría mulata (el 1 %) dueña de casi la mitad la riqueza del país.

Ahora, Haití necesita trabajar para evitar una crisis alimentaria pues el huracán Mathew ha destruido muchas de las plantaciones. El embajador reconoce que esto impactará seriamente las finanzas de su país, sobre todo, en su capacidad para afrontar su deuda externa:
“Esa es la razón por la cual necesitamos, primero ayuda humanitaria a todos los niveles, y después renegociar la deuda, pues necesitamos reconstruir la agricultura de la zona”, explica el embajador.

LA MIGRACIÓN

Guy Lamothe asegura que Haití es un país de amplia tradición migratoria, lo mismo por razones políticas que económicas. “Ahora no hay migración política porque estamos en un proceso muy avanzado a nivel de democracia, a pesar de los recursos limitados. El congreso está instalado, hay elecciones a pesar de que a veces hay discusión entre los partidos. Los refugiados que tenemos ahora en tránsito por México no tienen que ver con la política, solo buscan nuevas oportunidades de vida”. Entre las principales razones de esa búsqueda de oportunidades están el embargo económico que sufrió en 1992, la crisis derivada del golpe de Estado en contra del presidente Jean-Bertrand Aristide en 2004, las crisis económicas internacionales, sobre todo la de 2008, y los estragos causados por los huracanes George y Sandy, sin contar el terremoto que en 2010 hizo que Haití perdiera más de 300 mil vidas, 42 edificios públicos e incontables daños en su infraestructura.

FALTA DE OPORTUNIDADES

Hoy en día, aproximadamente 15 000 haitianos estudian en República Dominicana. Lamothe explica que la capacidad de la Universidad Estatal de Haití está rebasada, hay datos que indican que hay mas estudiantes haitianos en República Dominicana que en Haití.

“Todos los haitianos quieren estudiar. Ahora entre los que están en Tijuana buscando llegar a Estados Unidos, hay muchos que hablan más de tres idiomas. Después del terremoto, Brasil ofreció la oportunidad de recibir haitianos en términos de cooperación humanitaria y para aumentar la fuerza de trabajo por las Olimpiadas y el Mundial de Fútbol.

Actualmente hay 60 000 haitianos en Brasil, y otros más en grandes cantidades en Chile y Ecuador. Pero lo que ha pasado al finalizar esos eventos deportivos y ahora con los problemas políticos en Brasil, la gente ha decidido ir a otro cielo, hacia Norteamérica. Ellos han tomado la ruta desde Brasil hasta Tijuana y ha empezado esa ola desde el mes de abril, cuando dejó de haber empleo en Brasil”.

Los datos muestran que ese viaje cuesta alrededor de 4 000 dólares, dinero que reunieron durante la temporada trabajada en Brasil o con ayuda de familiares que ya tienen en Estados Unidos.

LA MEDICINA: INVERSIÓN

Antes de ser embajador de Haití en México, Guy Lamothe estaba al frente de la oficina de inversiones del Gobierno haitiano. Su trabajo, y su experiencia, ha sido atraer inversión, y justo por ello es ahí donde identifica los mayores retos que enfrenta su país y al mismo tiempo, la única forma que tendría la población de salir adelante ante la crisis ambiental y humanitaria que se vive actualmente.

“En Haití la economía está abierta, muy abierta. Tenemos con Estados Unidos un acuerdo que permite a cualquier inversionista entrar en Haití, para invertir en la industria textil, como las maquiladoras que hay aquí en México”, señala el embajador.

Después del terremoto, se construyó en Haití el mayor parque industrial del Caribe, donde ya se han instalado algunas fábricas textiles coreanas. También con México, de manera institucional, se firmó en 2015 un acuerdo que permite a cualquier mexicano invertir en Haití o viceversa, con toda la garantía del Estado. Es la puerta abierta para todos los mexicanos que quieran tener a Haití como base de su producción, tanto para el mercado local haitiano como para las islas del Caribe, además gracias a la Comunidad del Caribe también podrían exportar a Estados Unidos.

“Es por esto que también que hemos creado en Haití el centro de facilitación de inversiones para acompañar a los extranjeros que quieran invertir en Haití en muchos campos, como la agricultura, los textiles y otras industrias, o también para aquellos que deseen invertir en infraestructura en esquemas de Asociaciones Público-Privadas (APP) con el Gobierno haitiano”, agrega Lamothe.

Y es que, tras el terremoto, una de las mayores demandas de Haití es la recuperación de infraestructura, un rubro que de por sí tenía ya un considerable atraso debido al embargo económico y las dictaduras. Sin embargo, atraer la inversión no es fácil pues, a pesar de que el país caribeño cuenta con un código de inversión abierto que da 15 años de incentivos fiscales, lo cierto es que todavía es un país muy vulnerable, expuesto a la furia de la naturaleza, en el que la recuperación puede ser muy lenta y construir una carretera con una concesión de 15 años en un esquema de APP podría no ser rentable si se considera que, dadas las circunstancias en Haití, tanto a la inversión como a la esperanza se las puede, literalmente, llevar el viento.