Mundo

La paz necesita oportunidades

Deponer las armas abre paso al miedo, y ese no es el único desafío. Imaginar una nueva vida sin el fusil que se ha portado durante años puede ser el mayor reto. Pero como sentencian los exguerrilleros: a todo camino oscuro le llega la claridad

por Revista Cambio

28 de Enero 2018

Foto Revista Cambio

POR ALBERTO SALCEDO RAMOS / PUTUMAYO, COLOMBIA

En los días previos a la ceremonia de desarme, varios excombatientes de las Farc (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) ubicados en la zona veredal Heiler Mosquera, solían reunirse para conversar. El tema recurrente era el miedo. Al renunciar a los fusiles –decían– correrían peligro, pues quedarían en la mira de diversos escuadrones que, a diferencia de ellos, seguirían armados.

Una calculadora para la vida

Hoy, dos meses después de haber entregado las armas a la ONU, se han organizado de nuevo en forma circular. Frente al rancho donde dialogan, varios compañeros siguen en sus labores cotidianas. Unos cortan madera, otros queman basura. A las cinco de la tarde el bochorno es intenso en La Carmelita.

Cada contertulio cuenta cómo se sentía en vísperas del desarme definitivo. Pinzón permanecía con las manos sudadas, Bermúdez dormía poco, Romero vivía desconfiado. Este último explica que los exguerrilleros apostados en la zona llegaron desde distintos lugares y, por tanto, no se conocían entre ellos. Era inevitable que hubiera aprensión. Torres dice a continuación que entre las causas de su recelo figuraba una posible traición del gobierno. Guzmán confiesa que era incapaz de imaginarse una nueva vida sin el arma que había portado durante tantos años.

Uy, eso era como perder un órgano –agrega.

Nosotros dormíamos con el fusil a la mano –tercia un exguerrillero al que todos llaman “El coste” porque nació en la costa Caribe.

Robledo, jefe del grupo, dice que las Farc fueron invitadas a una mesa de negociación gracias a que poseían armas. La guerra es paradójica, agrega: al que está armado le proponen diálogo; al que no, lo acribillan. Así, cebado por el miedo, el conflicto se va perpetuando. Muchos combatientes se aferran con más fuerza a los fusiles porque creen que para defenderse de la guerra conviene estar en ella. En la zona veredal Heiler Mosquera abundaban los temores –insiste Robledo– pero ya para entonces no había marcha atrás en la apuesta por la reconciliación. Además, los exguerrilleros sabían que debían honrar el acuerdo de paz renunciando a las armas.

A principios de julio comenzaron a ensayar una obra de teatro en la que simulaban la dejación.

Pudimos haber usado rifles de utilería, como se estila en el teatro, pero preferimos las armas reales –dice Stephanía Aldana, joven dramaturga que viajó desde Bogotá para acompañar a los exguerrilleros en ese proceso–. Queríamos que los excombatientes se fueran acostumbrando.

En este punto interviene Laura Medina, profesora de danzas que también participó en aquellas jornadas de preparación.

El hecho de que recibieran con música su ingreso a la vida civil tuvo un gran valor simbólico.

El 1º de agosto, día del desarme definitivo, los exguerrilleros siguieron al pie de la letra el libreto tantas veces ensayado. Ataviados como para un combate, se ubicaron en el centro del escenario, donde se deshicieron de sus fusiles. Al lado del arma que abandonaban iban depositando una flor traída del campo. En el programa figuraba que, durante la entrega, leyeran en voz alta un texto sobre la paz. Sin embargo, muchos prefirieron improvisar su breve alocución. En el punto siguiente sí observaron todos al pie de la letra lo que estaba determinado de antemano: primero se quitaron los uniformes camuflados, después se vistieron de blanco, y a continuación organizaron una rueda de cumbia. Mientras danzaban en círculos, agitaban pañuelos –también blancos– por encima de sus cabezas.

Romero compara los pañuelos levantados de la cumbia con las palomas en vuelo. “El coste” agrega entonces que esas palomas pueden llegar más lejos que las balas. Depende de qué tanto las cuiden, razona Pinzón. Torres considera que mientras haya esperanza es posible superar los miedos. Guzmán asiente con la cabeza y cuenta que, para su sorpresa, al desprenderse del fusil estuvo tranquilo. Sin embargo, al día siguiente, cuando se preguntó qué sucedería si el establecimiento les incumpliera o si los detractores políticos del gobierno desconocieran el acuerdo, volvió a sentir temor. Lo mismo les ocurrió a los otros –tercia Bermúdez–, pero toca seguir apostando por el proceso. En este punto Robledo dice, a manera de conclusión, que la paz no se logra con decretos sino con oportunidades. Saca de una carpeta un recorte de periódico y lo lee en voz alta:

“La guerra no acaba cuando dice Wikipedia, la guerra acaba cuando las consecuencias se superan, y las consecuencias de una guerra pueden durar incluso décadas después de haberse firmado la paz. La paz no es un cheque en blanco que todo lo soluciona”.

¿Quién dice eso?

El periodista español Gervasio Sánchez.

¿Qué consecuencias podrían “durar décadas”?

El odio y la desconfianza.

Dos secuelas inevitables tras una guerra larga y degradada.

Claro, pero si siguiéramos con esas justificaciones, nunca se detendría el derramamiento de sangre. Hay que pasar la página entre todos.

Robledo añade que los exguerrilleros sólo necesitan oportunidades. Tienen tantas ganas de superarse que han sido capaces de adquirir, en forma autodidacta, ciertos saberes complejos. Por ejemplo, pueden extraer harina de la sangre animal y eliminar correctamente las basuras inorgánicas. Hoy se aferran al trabajo con el mismo ahínco con que empuñaron los fusiles cuando estaban en la guerra y con la misma ilusión con que blandieron los pañuelos cuando regresaron a la vida civil.

Los exguerrilleros que están al frente continúan en sus ocupaciones: unos cocinan, otros recogen la ropa colgada, aquellos ensamblan un parque infantil, los de más allá pintan una ventana. A punta de trabajo y destreza, estos excombatientes transformaron en un caserío pujante el solar baldío que les fue concedido tras el acuerdo. En pocos meses han culminado varias obras asombrosas: dos canchas de futbol, una escuela, un auditorio, una panadería, un acueducto artesanal, una planta procesadora de concentrados veterinarios.

El proceso de reconciliación ha sido bueno para el país. Hay que defenderlo aunque tengamos miedo.

¿Por qué insiste tanto en el miedo?

Hay fuerzas oscuras matando líderes sociales. Imagínese las ganas que tendrán de matar exguerrilleros desarmados.

¿Cómo lograr que la reconciliación sea sostenible?

Con verdad y reparación, no hay de otra. Todos los que hayan cometido atrocidades en esta guerra tienen que contarlo y reparar a las víctimas.

Incluidas las Farc, por supuesto.

Sí, pero no sólo nosotros. Si fuéramos sólo nosotros no tendría sentido. Además tenemos que inventarnos entre todos una calculadora para la vida. Mire todas las muertes que el país se ahorra gracias al acuerdo, pero pocos hablan de eso. Prefieren sacar cuentas para ver cuánto cuesta el proceso.

Ajá.

La guerra es generada por esa mezquindad. Mientras pensemos que sale más barato pegarle un tiro al hambriento que darle la oportunidad de que se alimente, estaremos en problemas.

La luz difícil

Según radio Sindamanoy, el día amaneció gris en casi todo el departamento del Putumayo, al sur de Colombia. En el municipio de La Carmelita, donde se reporta una temperatura de 12 grados centígrados, hay una densa cortina de niebla que borra el horizonte. Más allá del pueblo, la senda que conduce a la zona veredal Heiler Mosquera también está envuelta en bruma.

Es una trocha de un kilómetro. Por aquí transitan labriegos que tienen cultivos de pancoger, furgones que trasladan productos agrícolas de la región hacia los grandes mercados, colegiales que más tarde se quedarán sin acceso a la universidad y desmovilizados de las Farc que mercan en La Carmelita. Giraldo, uno de ellos, transporta a esta hora, siete de la mañana, un costal de alimentos. Va en un mototaxi desde donde saluda a los lugareños con la palabra “mompita”.

Nosotros vivimos agradecidos con ellos, porque no nos señalan cuando nos ven por ahí –dice.

Luego afirma que su cometido de acarrear los víveres se parece a la misión de buscar la paz. En ambos casos, según él, se debe tener persistencia para poder llegar a la meta con encargos que son necesarios. Ni quienes buscan la comida ni quienes persiguen la paz deben detenerse ante los nubarrones.

En la madrugada esto estaba más negro, pero vea: ya voy lejos y con la compra en la mano.

Ajá.

Mi mamá tiene un dicho: a todo camino oscuro le llega su claridad.

Ese dicho es recurrente en Giraldo. Lo usa cuando cuenta que hace poco recuperó la libertad, tras permanecer veintinueve meses preso, y cuando dice que, a pesar de haber perdido a su compañera durante el encarcelamiento, confía en hallar pronto a una buena mujer. Lo usa a renglón seguido para declararse optimista ante el futuro. A los treinta y dos años, gracias a ciertos conocimientos de horticultura que ha adquirido, él podría ganarse el sustento. En todo caso –agrega–, quienes salen a la vida civil después de una guerra larga, difícilmente encuentran despejado el nuevo camino. Afuera hay demasiadas hostilidades y adentro, demasiados traumas. Entonces menciona a algunos compañeros afectados, como Adrián, el cocinero, que tiene varios dedos cercenados, Hazbleidis, la panadera, que lleva un costurón en el antebrazo, y Jaime, el ebanista, que perdió una pierna.

A Giraldo le impresionó una escena que presenció anoche. Un escritor enviado por la Biblioteca Nacional de Colombia estuvo en la zona veredal hablando de literatura con los desmovilizados. Cuando el autor terminó de leer uno de sus textos, una exguerrillera mutilada atravesó el auditorio, renqueando, se plantó frente a él con la cara bañada en llanto, y le pidió que la abrazara.

Imagínese cómo se sentiría para haber hecho algo así. Pero seguro estará mejor más adelante.

¿Por qué lo dice?

Usted sabe, a todo camino oscuro le llega su claridad.

Un sonido de martillos anticipa la zona de concentración de los excombatientes. Ladran los perros, se oye un estruendo de serruchos. Poco a poco el territorio de los reinsertados va emergiendo de entre la neblina. Primero aparece una hilera de banderas blancas; después, varios toldos azules. Por estos días –cuenta Giraldo–, los casi doscientos exguerrilleros asentados en el territorio trabajan a marchas forzadas en la construcción de una cancha.

En tres días tendremos olimpiadas.

Cinco señores pintan los ribetes de un caminito de piedras, dos jóvenes montan una olla sobre un fogón de leña, una señora lava frutas en un platón. Los hijos de los exguerrilleros –hay más de veinte niños– corretean al aire libre.

En el campamento, a propósito, muchos exguerrilleros admiten haberse vinculado a las Farc cuando aún eran menores de edad. No lo hicieron por afinidad ideológica sino por razones prácticas: para empuñar un arma que les permitiera, más tarde, vengar la muerte de un pariente, o para protegerse de los paramilitares, o para garantizar un jornal. El profesor José Milton Suaza, coordinador de la Institución Educativa Rural, que funciona en La Carmelita, se había referido ayer a la vulnerabilidad de los adolescentes en el Putumayo:

Allá en la zona veredal hay guerrilleros que antes fueron alumnos de nuestro colegio, muchachos que vinieron al mundo en una región pobre sin alternativas de trabajo. Demasiado pronto se vieron obligados a responder por sí mismos, y en ese punto sólo tenían dos opciones: alistarse en el ejército legal o volverse guerrilleros

A las nueve de la mañana el cielo luce ya despejado. La temperatura es ahora, más o menos, de treinta grados centígrados. Un joven trastea arena en una carretilla, una señora poda un árbol. Giraldo señala con el dedo un salón de clases. Los compañeros suyos que se encuentran allí –dice, a manera de excusa, mientras se acerca– no tuvieron tiempo para aprender a leer debido a su larga vida en la guerra. Son quince hombres mayores de cuarenta años. La profesora Doris Mosquera, psicóloga profesional contratada por el gobierno, viene dos o tres veces por semana. Hoy realiza con ellos un ejercicio elemental de alfabetización.

La p con la a, pa, la t con la a, ta. ¿Qué dice?

Dos alumnos fallan la prueba. El tercero, finalmente, responde:

Pata.

Más tarde la profesora contará que estos excombatientes asumen con vergüenza su condición de analfabetos. Es común que, al caminar hacia el salón de clases, lleven las cartillas ocultas bajo la ropa. Hay una disparidad tremenda entre su pericia en los oficios prácticos y su limitación en los asuntos académicos. Entregados a su causa única, de frente a la doctrina política y de espaldas a la instrucción básica, envejecieron en la oscuridad. Un día la profesora escribió en el tablero la palabra sexualidad, y varios le preguntaron qué significa. Eso sí: aunque no sepan juntar una sílaba con la otra, citan de memoria frases de Carlos Marx. Entre quienes pueden leer también hay extraviados. Martínez, por ejemplo, se ufana de saber “las quince cualidades de Fidel”, pero cuando se le pregunta qué es una cualidad, calla.

Yo todavía no leo de corrido, pero es como si leyera porque mi compañera me lee mucho –tercia, entonces, Ibargüen.

¿Ah, sí? ¿Qué le lee su compañera?

Obras interesantes.

¿Por ejemplo?

Ahora estamos leyendo el acuerdo de paz.

Más tarde la profesora Doris Mosquera dirá que antes, como combatientes, estos hombres se las apañaban sin instrucción académica, porque en la selva no necesitaban conocer el abecedario sino realizar ciertas tareas específicas. Pero en la vida civil, desprovistos de las armas que durante tantos años fueron como una prolongación de sus cuerpos, alejados del único mercado laboral que han conocido hasta ahora, el analfabetismo les hace parecer aún más desvalidos. Si persistieran en el proceso de alfabetización, de todos modos seguirían bregando contra el estigma del pasado guerrillero, así que difícilmente tendrán posibilidades por fuera de este entorno.

Tras una pausa, Doris Mosquera agregará que los estragos se sienten en toda la sociedad. Es muy raro toparse con un colombiano que no haya perdido a un pariente o, por lo menos, a un conocido. Sin ir muy lejos, ella ha enviudado dos veces. La primera, a los veintiséis años; la segunda, a los treinta y cinco. Hoy, a los cuarenta y cuatro, considera inútil averiguar quiénes fueron los verdugos. Prefiere concentrarse en la tarea de proveerles a sus hijos una educación despojada de rencores. A propósito, aunque comprenda a quienes están perturbados por la rabia, les aconseja cortar esas ataduras. Seguramente se sentirán liberados. Cuando el país se contemple sin miedo en el espejo de indulgencia que le ofrecen sus víctimas, estará más cerca de superar el odio que lo tiene fracturado.

La profesora y Giraldo se dirigen ahora hacia “la rancha” –los exguerrilleros no dicen “rancho”– donde funciona la recepción. Varios soldados del ejército colombiano acaban de llegar sorpresivamente a la zona veredal para practicar una visita de inspección. Nunca antes lo habían hecho. Los excombatientes les responden que pueden revisar todo lo que quieran, y además los invitan a almorzar: habrá garbanzos guisados. Todos sonríen.

Giraldo ve la escena como una prueba de reconciliación, y lo expresa en voz baja con su sentencia favorita: a todo camino oscuro le llega la claridad. La profesora Mosquera prefiere mantenerse cautelosa: los alcances de esa luz, concluye, dependerán en gran parte de lo que se decida al otro lado de aquella puerta, allá, allá donde está el resto del país.

COMENTARIOS


FACEBOOK

MÁS POPULARES


MÁS HISTORIAS


Amantes del teatro

Con una nueva sede y más de 40 puestas en escena, que abordan des...


#EsDiscriminación

Acéptalo, tienes un yo discriminatorio bien arraigado en el subco...


Luther King: el hombre que puso a soñar al mundo

Decir que fue uno de los mayores defensores de los derechos civil...


“No le deseo sentir a nadie un desprecio por su color de pie...

Uno de los miedos más presentes que puede tener una persona inmig...


Otros mundos simbólicos posibles para Palestina

Las y los jóvenes de Palestina se informan y comunican entre sí,...


Jazz: la banda sonora de la integración

Muchos músicos usan su talento y su arte como medios para expresa...


CLIMAX

Gaspar Noé nos presenta un viaje alucinante, incómodo, perturbado...


Tecnología para la paz

El área de oportunidad para utilizar la tecnología con el fin de ...


Memoria de mi infancia

Para escribir El nervio principal, Daniel Saldaña París recurrió ...


Un ritmo multi-cultural

Surgió en Jamaica, pero la música, como las personas, viaja por t...


El paraíso de las ratas

Para Luigi Amara era importante plasmar una historia que hablara ...


Un voto para los juguetes tradicionales

Olvídate de juegos electrónicos costosos y aparatos digitales. Es...


Realidad virtual al estilo Zaha Hadid

El Museo Universitario de Arte Contemporáneo presenta una origina...


Somos una amenaza

Existen más de 200 000 reservas naturales alrededor del mundo –ju...


El parque de la esquina

¿Cuándo fue la última vez que visitaste un parque? Con el paso de...


El arte también es cosa de juego

En este paraíso de los coleccionistas cada juguete y artículo exh...


Recorre el mundo, conoce sus parques

Si lo tuyo es la naturaleza, grandes paisajes, bosques y montañas...


Quiero ser surfista

De niño no medía el peligro: qué importaba jugar con el agua trat...


Mi parque ideal

Los parques de diversiones forman parte de los recuerdos más feli...


Un personaje a la medida

Joaquín Cosío explora en Belzebuth un terreno poco explorado y di...


Lo más esperado en la gran pantalla este 2019

No es sorpresa, 2019 será nodal para Marvel y su cine. Todo indic...


Lo mejor está por venir

El 2018 fue un año lleno de trabajo para Manolo Caro: dirigió la ...


De baño en baño

No es la primera vez que Por Piedad Teatro monta Los baños, del d...


Roma, más que una colonia

Una de las joyas de la Ciudad de México, sobrevive entre recuerdo...


Un futuro de científicas

Los papás y las mamás pueden ayudar a eliminar los estereotipos q...


Tecnología para una nueva era

Cada año hay un nuevo modelo de celular, o una pantalla con mejor...


Caminar más por la Ciudad

De algo estoy seguro, no soy una persona que tenga propósitos al ...


A salvar el planeta

Cuando te comas las doce uvas, recuerda guardar una para prometer...


Adiós lonjitas

Con el paso del tiempo, me di cuenta de que ya no puedo entrarle ...


Reencauzar el agua

Este 2019, el cuidado del agua debe ser una verdadera prioridad. ...


Feliz Año Nuevo… ¡sustentable!

Todo es abundancia en estas fiestas; se derrocha amor y felicidad...


Lo mejor del cine de 2018

Como marca la tradición, en CAMBIO hicimos el conteo anual de las...


Playlist: un recuento musical del 2018

10 canciones para recordar lo que fue el 2018 y las historias que...


Floshic: consumo responsable a la moda

Paula Montoya es la creadora de una aplicación que funge como red...


Las colectoras de residuos

Alejandra y Lizeth renunciaron a sus trabajos para fundar Ecolana...


Las bailarinas de paz

Desmoronar ideas arraigadas sobre la violencia 
de género es posi...


Los neta-
artistas

Bajo la consigna de que cualquiera puede ser artista, un grupo de...


Los poliamorosos

En la Argentina, hay dos organizaciones que impulsan el debate so...


Los ciclistas de sueños

Somos una familia y trabajamos para construir una ciudad más huma...


Los jardineros de la ciudad

Con el paso de los años, las zonas urbanizadas han fracturado el ...


Las guardianas del bosque

Cuando apenas tenía 25 años, Lucía llegó a Amanalco. Su pasión po...


Los captadores de agua

Si vives en la Ciudad de México, seguro te ha tocado al menos que...


Los rescatistas de arrecifes

¿De qué hablas con tus amigos en una tarde de calor y cervezas? T...


Las coleccionistas de mezclilla

Inspiradas por la tradición de las abuelas que con hilo, aguja y ...


Los rescatistas de colmenas

Con la idea de patrocinar una “vivienda” para abejas, hace cinco ...


Los agricultores mayas

¿Sabías que Tulum y su identidad podrían recuperarse gracias a la...


Los ingenieros del orden

Carlos Gershenson diseñó el sistema probado en el metro Balderas ...


Los aprendices del código

Como un modelo disruptivo que invierte en el talento y apuesta po...


Los robots ingeniosos

Con la intención de llevar la robótica al alcance de todos, José ...


"Yo no soy racista, pero...": 6 mitos sobre las personas mig...

Argumentos que se repiten, no porque sean ciertos, sino porque se...


“La cultura no es una cosa fifí”: Daniel Giménez Cacho

De concretarse el recorte de más de 500 millones de pesos al sect...


Pequeños viajeros

Los niños y las niñas son las personas más vulnerables a la hora ...


Un sueño de verano

Durante la universidad, era común ver a mis amigos pasar sus vaca...


Dulce tradición

En Tlaquepaque, una familia que se dedica únicamente a vender dul...


Sopa de migrantes

En toda América, de norte a sur, somos una sopa de migrantes; una...


Ser o no ser… del pueblo

Luego de que fueron desalojados del inmueble en la colonia Condes...


¿Qué culpa tengo yo?

La migración venezolana ya es “la peor de la historia latinoameri...


Los pollitos dicen 
pío, pío

En Estados Unidos, un país donde habitan 42 millones de personas ...


Un himno de justicia

La Unesco declaró Patrimonio Inmaterial de la Humanidad al reggae...


Marea sin fin

Aunque los centroamericanos han migrado desde hace varias décadas...


Teatro privilegiado

De acuerdo con Maya Zapata, hoy en día las puestas en escena se d...


Pájaros de verano

Ciro Guerra nuevamente hace ruido con su más reciente película, y...


Esto le costaría a México la censura de una red social por u...

Aunque estas prácticas de censura parecen lejanas, en 2018 se cal...


¿Y los derechos humanos, señor presidente?

No cabe duda de que el nuevo gobierno recibió un país en números ...


Nación desconectada

Mientras que tú pides la cena por Uber Eats, hay un montón de gen...


‘Pues si no te gusta, vete en taxi’

La CNDH establece que el derecho a la movilidad es un deber del E...


Todos somos personas

Oliver Jeffers escribe una carta a su hijo recién nacido. Quiere ...


Los niños y niñas no son el futuro, son el presente

Será en 2019 cuando la Convención sobre los Derechos del Niño cum...


La inestabilidad del planeta

El cambio climático ha demostrado, en los últimos años, todo su p...


Historias de injusticia

La escritora Dacia Maraini estuvo recluida por dos años en un cam...


Acusada

Gonzalo Tobal dirige una cinta que genera el debate y despierta u...


Suspensión de derechos

Organismos internacionales lo confirman: Venezuela vive una crisi...


No te preocupes, no irá lejos 

Postrado en una silla de ruedas, con una tremenda frustración y u...


La genialidad del ballet

Regresa El cascanueces, el espectáculo de la Compañía Nacional 
d...


No todos los héroes llevan capa

Graciela no se asumía como defensora de los derechos humanos, per...


"Roma": la experiencia humana es una misma

El Centro de Cultura Digital proyectará "Roma" de Alfonso Cuarón ...


Necesitamos que más personas con discapacidad diseñen tecnol...

Tenemos drones, tenemos vehículos autónomos y tecnología que prác...


Un ritmo diferente

La vida de Ricardo y Víctor dio un giro luego de dos sucesos ines...


Capacidad es ser diferentes

Les presento a un hombre que todos los días sale a ganarse la vid...


Materia pendiente

El gobierno que recién concluyó no sólo dejó de lado las discapac...


Ganar a ciegas

Jessica es atleta de alto rendimiento, también canta, tiene un di...


Música social

Jesse Baez es un tipo alto y relajado, no se preocupa por sus det...


Tecnología: más que una moda, debe ayudar

Tener acceso a las tecnologías es una manera 
de superar las desv...


Ilusionista profesional

El cine, la literatura y la televisión han provocado que cada vez...


Central de murales

Desde agosto de 2017 que comenzó este proyecto, suman ya 56 mural...


Rodando hacia ti

Un guion que a primera vista pareciera irreverente e irrespetuoso...


El mal querer

Con tan sólo 25 años, Rosalía se metió en todas las conversacione...


Rodar y volar

Somos una familia y trabajamos para construir una ciudad más huma...


Carta a otra mujer que me ataca

“Entre nosotras podemos destrozarnos, pero jamás nos haremos daño...


El costo de ser acosada sexualmente en el trabajo

El acoso u hostigamiento en el ámbito laboral contra las mujeres ...


El amor de la audiencia

Roger Waters ha tomado a México como uno de sus lugares obligados...


Danzas 
para la paz

Desmoronar ideas arraigadas sobre la violencia 
de género es posi...


No estás sola

El 35 % de las mujeres en el mundo ha sufrido algún tipo de viole...


Atadas por dinero

Pertenecen a distintos niveles socioeconómicos y educativos. Dent...


Vallarta en Azul

En una onda bien golosa, el chef Joel Ornelas prepara los platill...


Somos todo aquello

Desde la caída del Ángel de la Independencia hasta fotos inéditas...


WiFi Ralph

Los directores Phil Johnston y Rich Moore lo vuelven a hacer: tra...


Aliados

Para plantear caminos y transitar hacia mejores condiciones libre...


Búnker antistalkers

De acuerdo con un estudio del 2016 del Instituto Nacional de las ...


Abuso normalizado

La violencia psicológica que se ejerce cuando hay abuso sexual es...


#CuandoDicen
TodasJuntas

¿Qué hace una mujer que recorre el mundo con sus palabras? Porque...


Otra vez a brindar con extraños

Los hombres no tienen permitido mostrar sus emociones en público,...


Me llamo ____ y soy adicto a la tecnología

¿Sientes que el corazón se te detiene durante unos segundos si so...


El humo blanco también mata

Repasamos los riesgos de fumar con cigarro electrónico, para que ...


Dormir hasta la muerte

Mi doctor me recetó alprazolam para calmar mi ansiedad. La dosis ...


Puentes culturales

Son ya más de 10 ediciones del Festival Internacional de Escritor...


Con alma y corazón

Quizás no imaginemos a Bárbara en otro papel que no sea el de Ros...


Cinco personajes, una actriz

A Eréndira Ibarra el teatro le da la oportunidad de buscar camino...


¿Sigues ahí? Lo adictivo de lo virtual

¿No es una droga aquella que te provoca un bienestar momentáneo d...


A bailar y cantar

Consolidado ya como uno de los eventos más importantes de América...


Narcos: México

Al tope de sus habilidades, Diego Luna interpreta con gran solven...


El último cigarrillo

 Nariño fumó durante 50 años hasta que le dio un infarto. Hoy, al...


El padre de los dioses comunes

Stan Lee estuvo ahí antes que tú, que tus padres y quizás incluso...


Romper con el alcohol

En México, el alcohol mata a más personas que el narcotráfico: 24...


Hecho en casa

Ellas decidieron dar un giro a su vida. Comenzaron a buscar produ...


El crédito eterno

Natalia sacó su primer tarjeta con un tope de 2000 pesos, pasó la...


La maldita obsolescencia programada

Hoy en día la humanidad tiene que pensar en cómo alargar la vida ...


Arriba del ring

Luego de su paso por el Festival Internacional de Morelia, llega ...


Una guitarra, un dragón y Led Zeppelin

Jimmy Page tenía el sonido de Led Zeppelin antes de que existiera...


¿De verdad lo necesitas?

Aquí te dejamos nueve tips que te ayudarán a comprar de manera in...


No me puedo resistir a las compras

El fin de semana más capitalista ha llegado, y aunque no deberías...


Ropa sin caducidad

Este proyecto busca darle una alternativa a la gente para que com...


First Man

Damien Chazelle filma una película, no sobre una misión espacial,...


Caminatas feministas

Platicar de frente con Vivian Gornick (1935) es una experiencia e...


Vehículos autónomos: diseñando ciudades para el futuro

Suena disparatado, pero compartir un auto entre varios pasajeros ...


Tres estampas de un ícono

 A 45 años de su muerte, el comediante Germán Valdés sigue siendo...


Reconstruir una nación

Un país como Venezuela, donde todos los días aparece un problema ...


Una apuesta por la arquitectura para sanar

El entorno puede influir drásticamente en el bienestar de una per...


El trazo perfecto

Su traza urbana podría funcionar hasta nuestros días como un mode...


Música, maestro

Morelia ahora le abre la puerta a la música, y es que este 9 de n...


Realidad Virtual: Una dimensión para soñar

Steven Spielberg no está tan equivocado en cómo plantea el futuro...


Tecnología a nuestro servicio 

La relación entre la tecnología y los seres humanos se está reinv...


Crímenes por resolver

Canal Once produce una original serie de suspenso, protagonizada ...


Bohemian Rhapsody

Bryan Singer dirige una biopic absolutamente convencional que nar...


Playlist: 10 canciones para #DíaDeMuertos

Desde el son regional, hasta el pop mexicano: un repaso por la ce...


Ser bruja está de moda

Ser bruja está de moda, aún cuando siglos atrás esto significaba ...


La historia
 de un hit sin igual

“Despacito”, la canción más gigante del reggaetón, fue un parteag...


PUNTOS DE VENTA



Capital Media
Capital Coahuila
Capital Hidalgo
Capital Querétaro
Capital Michoacán
Capital Edo. de Méx.
Capital Oaxaca
Capital Puebla
Capital Quintana Roo
Capital Morelos
Capital Jalisco
Capital Veracruz
Capital México
Capital Mujer
Reporte Índigo
Estadio Deportes
The News
Efekto
Green TV
Radio Capital
PirataFM
Capital Máxima
Capital FM


CAMBIO

es una marca registrada de Capital Media

Dirección: Montes Urales No. 425 Col. Lomas de Chapultepec México, Distrito Federal, C.P. 11000 Teléfono: (55) 30 99 3000

NEWSLETTER

* Campos requeridos