No, Macri, Sudamérica no es Europa

En el Foro de Davos, el presidente argentino dijo: “en Sudamérica todos somos descendientes de europeos”, olvidando que tan sólo en la región del Gran Chaco de Argentina, se hablan 15 lenguas de forma activa. Esta es la historia de una invisibilización

25 de Febrero 2018

Foto Revista Cambio

POR DIEGO JEMIO / BUENOS AIRES, ARGENTINA

“Yo creo que la asociación entre el Mercosur y la Unión Europea es natural porque en Sudamérica todos somos descendientes de europeos”. Esas palabras fueron pronunciadas por el presidente de Argentina, Mauricio Macri, en el último Foro Económico Mundial de Davos, realizado el mes pasado.

Las palabras casi nunca son casuales. Somos a través de ellas y nos definen de manera considerable. Las del presidente confirmaron la invisibilización de la pluralidad cultural y el indigenismo en Argentina. La frase de Macri repite el mito de la construcción de un Estado nación, el cual indica que los argentinos “descienden de los barcos europeos”. Esa aspiración europeísta construye la anécdota que dice que un argentino es alguien “que habla español, gesticula como italiano y cree que es inglés”.

La frase despertó suaves críticas en los medios hegemónicos argentinos, aunque fueron más duras en los alternativos. Según los últimos informes de Unicef y Naciones Unidas, en América Latina existen 522 pueblos indígenas. Un 6.01% de los latinoamericanos pertenece a algunos de los tantos pueblos originarios. Ese porcentaje significa casi 29 millones de personas.

El Gran Chaco, por mencionar sólo una región, incluye zonas de Brasil, Paraguay, Bolivia y Argentina. En ese territorio, se mezclan 32 lenguas. Quizá este último es el país de la lista que más invisibilizó su pluralidad etnolingüística; muchos argentinos –incluido el presidente– ignoran que en su país se hablan idiomas como pigalá, wichi, mocoví, qom y guaraní.

“En Argentina no existe un mapa de lenguas. Sólo hay investigaciones parciales de personas que se abocan al estudio de lenguas indígenas. Los otros países de la región tienen una mayor evidencia de la cantidad de lenguas que hablan. Bolivia, por ejemplo, reconoce a nivel constitucional su plurilingüismo. Nosotros recién en los últimos años comenzamos a reconocer que no todos los habitantes hablan castellano. Hay una negación de la existencia de esas comunidades, que además fueron acorraladas en términos económicos y sociales”, analiza María Pía López, exdirectora del Museo del Libro y de la Lengua, y actual secretaria de cultura de la Universidad General Sarmiento.

Durante su gestión en el museo, se realizó una muestra vinculada a la zona del Gran Chaco argentino, donde se hablan 15 lenguas indígenas. “Es la región con mayor concentración de lenguas propias, con una complejidad de idiomas cercanos y muy diversos, además de sus distintas vitalidades. No son lenguas estandarizadas. Por lo tanto, los investigadores tienen que producir instrumentos de estandarización, junto a las comunidades”.

Ubicada al noreste del país y a 930 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, Corrientes es la primera provincia de Argentina –luego lo hizo Chaco– en reconocer al guaraní como “idioma oficial alternativo”, a raíz de una ley de 2005. “Incorpórese en todos los niveles del sistema educativo provincial, la enseñanza del idioma guaraní”, dice el artículo 2 de una ley que, según la antropóloga y psicóloga social Carolina Gandulfo, “sólo tiene un valor simbólico porque nunca se reglamentó y no tiene presupuesto”.

“La ley es subsidiaria del discurso de la prohibición. Se plantea una situación como si el guaraní no se hablara y fuese necesario su rescate. Hay una población muy importante que habla la lengua, aunque no existan datos oficiales”, dijo la autora del libro Entiendo pero no hablo, un exhaustivo trabajo de campo con niños y maestros en escuelas rurales en Corrientes.

La prohibición a la que hace referencia Gandulfo se remite al siglo XVIII, cuando el gobernador de Buenos Aires, Francisco de Paula Bucarelli y Úrsula, encargado de ejecutar la orden de expulsión de los jesuitas, estableció una serie de ordenanzas. Una de ellas dictaminó la imposición de la enseñanza del castellano como lengua única y la prohibición del uso del guaraní en el territorio del Virreinato.

“Al margen de esas ordenanzas hay un nivel de estigmatización muy alto. Existe un gran esfuerzo por parte de padres, docentes y funcionarios en hablar un castellano ‘correcto’, que acá se cree que es el que se habla en Buenos Aires. Y hay algo innegable: el castellano que se habla en Corrientes tiene una gran variedad de partículas del guaraní”, agrega.

Las palabras del presidente Macri, asegura la investigadora, representan sólo una gota de un mar de negaciones. “Negamos a la población indígena y desconocemos la población actual en Argentina. De todas formas, siento que como país estamos haciendo una reflexión al respecto. Los dichos del presidente no hubieran producido nada hace 20 años. Y ahora, al menos, indignaron”.

Aun con la ley correntina y otros intentos similares, la formación de docentes –un elemento importante para la construcción de un país plurilingüe– es muy esporádica. Asela Chela Liuzzi es directora del centro de estudios de lengua y cultura guaraní “Ko’êmbota” (“Amanecer”) de la localidad de Ituzaingó en Corrientes.

“El presidente no tiene noción de la riqueza cultural y lingüística de los pueblos originarios. Está en otra dimensión; vive en un espacio virtual, con otra realidad”, analizó. Como asesora del Ministerio de Educación de Corrientes, su institución realizó libros básicos de un programa intercultural bilingüe para que los maestros comenzaran a tener en cuenta la enseñanza del guaraní. “Hay niños que llegan con el español como primera lengua. Y otros que vienen con el guaraní”.

Claro que adoptar esos libros e intentar sistematizar la enseñanza no fueron tareas fáciles. Liuzzi dice que hay un gran miedo por parte de los docentes, a raíz de una conciencia histórica muy arraigada en Corrientes y en Argentina en general. “La ecuación es la siguiente. Saber guaraní te hace indio. Si sos indio, seguramente también pobre. Y si sos pobre, probablemente bruto. Hubo un desprecio histórico por el guaraní. En toda esta región no se hablaba español hasta principios de 1900. Pese a cualquier negación, la base lingüística del castellano que se habla en Corrientes es el guaraní”, explica la docente.

Que Macri piense que todos los argentinos descienden de los europeos es grotesco y un botón de muestra de las sucesivas políticas de invisibilización indígena en Argentina. También muestra, en su lado más siniestro, su política activa en la extranjerización de tierras que reclaman los mapuches en la Patagonia.

Quizá las preguntas no deben estar enfocadas sólo en el presidente. ¿Qué cosmovisiones soslaya el resto de los argentinos al no reconocerse como parte de un país plurilingüe? Si los límites del lenguaje son los límites de nuestro mundo, ¿a qué privación nos somete el silencio cultural? Tal vez la respuesta más cabal sea la de Marta Rodríguez, de la Escuela Rural No. 111 de Corrientes. Entrevistada por Gandulfo para su libro Entiendo pero no hablo, la maestra dijo: “Guaraní: palabra temida y anhelada, hoy el torbellino de tu encanto, me arrastra, me envuelve, por fin llegué a la edad tan esperada, no tenía conciencia de tanta espera, por fin soy ‘una mayor’ que puede hablarlo y disfrutarlo. ¿Será porque estaba prohibido? ¿Cómo será mi vida ahora que rozo tu dulzura? Ya no está la niña que se escondía para escucharlo. ¿Se perderá el misterio, el encanto, la seducción…?”

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