Música social

Jesse Baez es un tipo alto y relajado, no se preocupa por sus detractores de la música urbana, él se va por estructuras sencillas y con coros que recuerdas por lo melódicos que son y porque no te dicen que eres el mejor, sino que puedes ser la mejor versión de ti mismo

por Revista Cambio

02 de Diciembre 2018

Foto Revista Cambio

POR JAVIER PÉREZ

Jesse Baez se ha abierto camino en el género urbano. Aunque nació en Estados Unidos, desde los 6 años vivió en Guatemala, donde se forjaron sus gustos e influencias musicales y donde empezó su carrera antes de que en 2012 se volviera vocalista de la banda Easy Easy, quinteto que mezclaba rap e indie rock con R&B. En 2016 su carrera solista nació oficialmente con B. A. E. Z., EP de siete temas en el que homenajeó las influencias de su infancia: de The Weeknd a The Temptations, pasando por Tory Lanez. Ahora promueve Turbo, otro EP.

Antes, tuvo que encontrar un camino en un país que, dice, carece de industria musical. De hecho, apenas en septiembre pasado tuvo lo que llama primer show como solista serio en Guatemala. “Pero me tuve que ir para que me pusieran atención. Pensás en música en Guatemala y todo mundo te dice Arjona, pero él no tuvo éxito hasta que se vino para México, hace 20, 25 años, y las cosas cambiaron muchísimo”.

Jesse también viajó a México, luego se movió a Los Ángeles, ciudad donde radica actualmente. “En Guatemala nos enfocamos mucho en gustarle a la gente de Guatemala, pero vos mismo te estás limitando a un público muy pequeño. Siempre le digo a todo mundo que hay que hacer música para el Internet, que le pueda gustar a todos”.

Aunque le parece curioso que los medios de su país pongan a prueba su pertenencia, con entrevistas donde le piden que dé el significado de regionalismos guatemaltecos, él enfatiza que es de Guatemala “para que la misma gente del país se la crea un poquito más. Yo lo veo así: yo sirvo para que la gente vea que también puede. Trato de ser bien sincero con todo mundo y me gusta mucho motivar a la gente porque siento que todos tienen la capacidad dentro de ellos, y no sólo gente que hace música. Mis canciones no dicen ‘eres el mejor’, pero trato de que cuando estoy uno a uno con la gente se la crea y sepa que puede ser la mejor versión de sí misma”.

Jesse, un tipo alto y relajado, asegura que no ha padecido tanto a los detractores de la llamada música urbana. “No hago reggaetón en específico, así que nunca me han tirado tanto hate en ese sentido. No todo es para todos, no todo tiene que gustar, pero lo que no me parece son las ‘razones’ que da la gente: ‘es que dicen cosas muy feas’, dicen, pero toda la música puede decir cosas muy feas, pero tal vez en unos géneros es menos obvio que en otros, y en el rock hay gente que puede decir cosas igual de fuertes pero de forma más sutil”. En Guatemala, ejemplifica, “yo iba a un colegio fresa y lo que me da risa es que todos lo escuchaban: lo ponían en la peda, pero nadie aceptaba que le gustaba. Hasta decían ‘pon las mucas’, la muca es lo naco. Y de adulto pasó lo mismo”.

A Jesse le parece que la sencillez es la clave del éxito mundial del género. “Es muy pegajoso, las estructuras son bien sencillas, los coros te los puedes recordar porque son muy melódicos, y es música muy social: la asocias a la peda, de cierta forma, o a estar con más personas. Es más fácil expandirla pues de un cuentazo mucha gente la escucha al mismo tiempo, por ejemplo, en un antro, la shazamea y ya está”. Sin embargo, que una canción sea simple no implica que sea fácil de hacer. “A veces, las estructuras sencillas las hacen parecer muy superficiales, pero no es así. Lo más simple es a veces lo que más cuesta. Cuando escribo cuido que no suene cursi, y que lo que diga tenga sentido en español, que me refleje”.

El cantante, que acaba de colaborar con el dj y productor estadounidense Dillon Francis en el sencillo “Quiero saber”, considera que la música debe acompañarse de un aspecto visual atrayente y cuidado. “Te da otra dimensión y hace que la gente te perciba de otra forma cuando ven que tus canciones están acompañadas de cosas con un poco más de intención. Y la música que hago no es tan explorada, al menos en Latinoamérica, al menos en esta generación, y eso hace que la gente se sienta identificada: no tiene estructura de posrock, no son canciones de siete minutos, no hay solos, van al grano. Por eso le pongo mucho enfoque a los coros y las melodías, porque es lo que más me recuerdo de una canción siempre”.

Jesse está convencido de que la forma de crear música no ha cambiado tanto como la de distribuirla. “Como es mucho más calendarizado todo, hay que tomar ciertos pasos para que la música pueda salir. Pero el proceso creativo es el mismo: hay días que nos salen canciones, hay días que apuntamos ideas y hay días que asamos carne. El producto siempre va a ser como un reflejo sincero de lo que a mí me gusta”.

A pesar de que ya es conocido, Jesse todavía no cree estar donde quisiera en cuestión de exposición. Para él, en una época donde se pondera lo efímero, no tiene caso grabar elepés. “Soltar de un solo cuentazo quince canciones no beneficia al artista porque no toda la gente se toma el tiempo de escuchar todo, sólo tus fans de verdad, y si sacas quince canciones así, en dos meses ya fue. Y tal vez fue un año de trabajo. Entonces siento que poderlo ir distribuyendo por epés hace más sentido, al menos para mí ahorita, porque ayuda a que la gente pueda ir digiriendo el contenido de una forma más dosificada”.

Para él es muy lógico que artistas de otros géneros, principalmente del pop, ahora compongan canciones del género urbano. “Todo ha cambiado mucho en los últimos cinco años. Sin embargo, hay gente que lo hace de una forma sincera y sensata, y buscando aprender cómo funciona la producción y cuáles son las cosas que hacen que eso sea exitoso, y hay personas que se nota que lo hacen porque les tocó. Creo que hay que ser sensato cuando uno esté investigando eso, que realmente seas como un estudiante y no sólo lo uses para el beneficio personal”.

En Turbo, Jesse ya no busca enfatizar sus influencias, quiere “expandir el rango que puedo tener y no alejarme, pero tal vez no encasillarme en algo específico. Se trata de hacer las cosas como las he estado haciendo, pero meterle más galleta”.

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