Revista Cambio

Casas drag: familias por elección

Any tiene apenas 30 años y ya es madre de una veintena de hijos y abuela de otros más. Nació en Los Ángeles con el nombre de Anuar Alvarado, en el seno de una familia tradicional mexicana migrante en Estados Unidos.

Las puertas del clóset se tardaron en abrir 22 años, aunque él supo desde muy pequeño que sus preferencias no eran como las de sus amigos. Fue el vogue, un baile estrambótico, símbolo de la escena drag en el mundo, lo que le ayudó a abrirse, reconocerse y conocerse a sí mismo, conocer a Any.

Los pasos característicos del vogue no se parecen a nada. Bailarlo con música electrónica es un acto de rebeldía por sí mismo. Mientras que las manos pueden estar dibujando rectángulos alrededor de la cabeza, las piernas están en cuclillas girando de derecha a izquierda. “Lo que estoy haciendo con el vogue es un accesorio de tránsito que tiene que ver con poner un cuerpo gozoso, con marcas de ambos géneros, para vivir y gozar. Es un proyecto estético y ético”, lo define así Omar Feliciano, activista gay y uno de los pioneros de la escena drag en México, y mejor conocida como Franka Polari.

Si “la sangre llama” –como se dice sobre las relaciones familiares consanguíneas–, el vogue te lleva a la pista de baile. El vogue y el drag no se pueden pensar por separado.

Las casas drag no son nuevas, nacieron hace más de 70 años en Estados Unidos, aunque en México tienen menos de una década. House of Machos, House of Apocalipstick, House of Drags son algunas de las más conocidas.

“No todos tenemos la suerte de tener papás o familia con mente abierta. Pero con las casas drag tú puedes tejer tu propia familia”, dice Any Funk.

Nacen como un lugar seguro de reunión y convivencia para personas homosexuales. Son comandados por “una madre”, como Any Funk, mientras que el resto sigue su guía, sus instrucciones, con la finalidad de ser mejores en la pista de baile y desarrollarse. “Ser llamada madre es tomar un papel muy en serio y es recíproco, las otras personas también te ven con esa imagen materna. Si te dicen padre y madre”.

Ser una madre drag es una responsabilidad. “No se trata de enseñar a caminar a tus hijos con tacones, a pintarse y ya. Es una educación, te sientas con tus hijos, hablas con ellos, si van a la escuela te aseguras de que asistan. No es nada más el show. En mi casa llegan todos, a hacer sus tareas, yo llego y digo qué le toca hacer a cada uno, si lavar los platos, recoger”. No obstante, los “hijos” no suelen vivir con la “madre”, si pasan buena parte de sus ratos libres en la house.

Las casas drag son el lazo y el sentido de pertenencia que todo ser humano necesita y merece a fin de desarrollarse como individuo, explica Irina Hernández, especialista en terapia familiar. “Si tu familia consanguínea te da la espalda, pero encuentras un espacio seguro, donde puedes explorar, explotar, bailar y te aman, esa se convierte en tu familia ahora y cumple exactamente la misma función”.

ABC PARA BUGAS

Para ser drag no es requisito ser homosexual ni tampoco transgénero o transexual. En realidad, ser drag tiene más que ver con una expresión artística que con una expresión sexual.

“Todos tenemos una parte masculina y una femenina. El vogue y ser drag te permiten explorar ambos y, con ello, explorarte, conocerte a ti mismo”, dice Feliciano.

Dentro de los tipos de drags se encuentran la bio queen (mujer biológica que se convierte en drag queen), drag queen (hombre que se transforma en mujer mediante la ropa y el maquillaje exacerbado), bio king (hombre biológico que exagera la identidad masculina mediante el maquillaje y la caracterización) y drag king (mujer que se transforma en hombre, con caracterización exagerada).

Prácticamente cualquier persona puede incursionar en la escena drag, pero muy pocas llegan a ser “madres”. Para ser madre necesitas ganarte el reconocimiento de la comunidad, mostrar liderazgo, ganar en las categorías de las competencias vogue y tener habilidades que los demás reconozcan.

“En mi caso fue aprender a bailar, promover la cultura y conducir las ceremonias. Mis méritos son de madre pionera, que llegó cuando no había nada, que ha tomado clases con leyendas como Jose Xtravaganza, el coreógrafo de Madonna”, dice Franka Polari.

Al ser el vogue tan importante, parte de los méritos se demuestran en la pista de baile, en el ball room. En la pista, las drags se convierten en “unas perras”, como cuando cantan antes de cada presentación: “qué perra, qué perra, qué perra mi amiga”. Sin embargo, fuera de la pista, las casas drag viven una auténtica hermandad.

Naum Calixto, por ejemplo, era parte de House of Machos, aunque salió de ahí y fundó House of Morros. Lejos de ver esta deserción como un desaire, Any Funk lo ve como un crecimiento, como cuando los hijos dejan el hogar. “Son como mis nietos –dice–. Hay rivalidad entre casas pero se queda en la competencia. Afuera todos somos primos, tíos, sobrinos”.

Debajo de las madres hay dos herederas, quienes se preparan también con el objetivo de ser madres, ya sea en la misma casa o fundar otra propia.

Los requisitos para pertenecer a una casa varían en cada caso. Algunas mantienen cerrada su membresía y en otras solicitan primero haber sido alumnos en las clases de vogue que se imparten en la casa.

Definitivamente la Ciudad de México continúa siendo un oasis de libertad para la comunidad LGBTI+ y aunque las casas de drags buscan tener presencia en cada vez más ciudades de país, los prejuicios todavía son un obstáculo.

 

CASAS

Si estás interesado en pertenecer a una casa drag, puedes ponerte en contacto con algunas de ellas y preguntarles si ya tienen representación en tu ciudad. Algunas de las más antiguas en México son: House of Machos, House of Apocalipstick, House of Drags, House of Mamis y House of Zodiac.