Revista Cambio

Colibríes en guardia

POR ALEJANDRA DEL CASTILLO

Era mujer, era china y también monja. Su nombre es Ng Mui y su leyenda se cuenta hace más de 400 años. El Templo Shaolin al que ella pertenecía solía ser usado para que los rebeldes practicaran clandestinamente algunos estilos de Kung Fu.

Un día la monja budista presenció una pelea entre una grulla y un zorro y así desarrolló un estilo de defensa personal que podía ser practicado por cualquier persona, incluso podían ejecutarlo quienes no eran fuertes físicamente y que tampoco eran rebeldes o guerreros.

Después de que el Templo Shaolin fue atacado y quemado, Ng Mui escapó y se refugió en el Templo de la Grulla Blanca en el monte Tailang. Ahí conoció a Yim Wing Chung, una adolescente acosada por su belleza y que al mismo tiempo era perseguida por un hombre que quería forzarla a casarse con él.

Ng Mui se ofreció para enseñarle el estilo de defensa que había diseñado y se llevó a Wing Chum al bosque. La adolescente entrenaba día y noche, así se hizo fuerte para enfrentar al hombre que la acosaba y la dejara en paz. Así nació el Wing Chun, que significa “tiempo de primavera” y que se convirtió en una práctica del Kung Fu, nombrada así por su primera alumna.

Lo que puedo hacer

400 años después, Darinka Lejarazu entrena un grupo de mujeres en defensa personal en un pequeño gimnasio frente a la plaza Garibaldi en el Centro Histórico de la Ciudad de México, el objetivo es generar herramientas que ayuden a las mujeres a identificar y responder a los diferentes tipos de violencia a los que están expuestas.

Así como Wing Chun, Darinka fue alumna y ahora entrena a las chicas en el Comando Colibrí. Empezó con los entrenamientos y su perseverancia la llevó a extender su práctica a disciplinas como el Krav Maga, Muay thai o el Jiu Jitsu.

El nombre del Comando Colibrí viene de la inspiración de un cuento en el que un colibrí trata de apagar un incendio con el líquido que le permite su delicado pico. Ante la expectativa que causan sus actos frente a otros animales, el colibrí responde: “Yo lo que puedo hacer lo estoy haciendo”.

Cuando Darinka iba a la preparatoria tuvo una conversación con algunas amigas, probablemente esa conversación se ha repetido infinidad de veces en varios círculos de chicas durante mucho tiempo. ¿Qué hacer en un ataque? ¿Cómo reaccionar? Sin que existan respuestas correctas o instructivos, ese día la respuesta fue: “Si te atacan, lo que más puedes hacer es intentar no morirte”. Hoy esa respuesta ha cambiado: “Hoy intentamos vivir, no sólo no morirse. No queremos pasar la vida sobreviviendo, queremos vivir la vida de una forma feliz y gozosa”.

Pelear es como bailar

Comienza el entrenamiento del Comando Colibrí, el calentamiento solo es una pequeña evidencia de las propias limitaciones que cada una trae cargando en su historia –algunas cargas son de tipo social y otras son físicas. A veces el cuerpo se siente atrofiado, abandonado o con una negación de intentarlo pese a todo, pero no importa, las que participan marcan el ritmo de todas, así, avanzamos juntas.

Inician las primeras lecciones: La mejor pelea es la que no sucede. La clave es tratar de hablar. Buscar el diálogo. Mantenerse alerta y estar preparada.

La posición del cuerpo tiene que estar en equilibrio, debe ser firme, bien plantada. El siguiente objetivo es saber mirar con los pies. Tener confianza en que mis cortos pasos me mostrarán qué hay al frente, al lado o atrás.

Desde ese día, Paulina sabe que con un giro de su muñeca y un tirón, podría escapar de una mano que la apresa. También reconoció que la fuerza del adversario debe ser usada a favor y nunca en contra.

Viene un golpe, aprende a esquivarlo. Protege tu cuerpo. Conoce qué le duele al agresor y utiliza esa información en caso de riesgo.

Relájate. Pelear es como bailar.

¿Por qué no te defiendes?

Yo soy de las que no se defiende. ¿Por qué? ¿Porque estás esperando que alguien más lo haga por ti?, ¿porque crees que no vales la pena?, ¿quién te da ese valor?, ¿quien te defiende? ¿Por qué crees que no vale la pena defenderse?

Adriana también entrena y se hace esas preguntas cuando alguna dice no defenderse.  Piensa que es fundamental el tema de la autoestima y encontrar la fuerza interior en las causas y las razones.

Después de los entrenamientos, ella vive diferente la calle. Con las herramientas, ahora sabe que está vigilante y alerta, también reconoce que si algo la sorprendiera está preparada para responder. Pero eso no es todo, después de los entrenamientos, ha cambiado la perspectiva que tiene de sí misma, ha modificado sus hábitos y se procura de distintas formas, es más selectiva en su alimentación, cuida su cuerpo y toma decisiones que antes no hubiera tomado.

Todo empieza por el amor propio, dice Darinka. “Si tú no te quieres no tienes ningún motivo para pelear por ti, si no te amas incondicionalmente eres capaz de dejar pasar todo y que todo mundo pase sobre ti”.

Mujer metáfora

Esmeralda siente que saber que puede defenderse le ha cambiado su vida personal, “me ha servido como una metáfora en el cuerpo cuando tengo que decir no”, ahora pone límites y se siente cómoda con eso. A ella siempre le gustaron las acrobacias y nunca se sintió capaz ni merecedora de hacerlas. Se percibía debilucha y enferma, comenzó en el Comando Colibrí y siguió con el capoeira. Se reconoce más segura físicamente y puede hacer cosas con su cuerpo que la sorprenden, y las disfruta. Ahora puede pararse de manos; seguramente eso no va a utilizarlo si alguien la agrede, sin embargo, sabe que su cuerpo puede hacer muchas cosas más de las que socialmente se le permiten.

¿Me hablas a mí?

No todas las chicas que acuden al entrenamiento del Comando Colibrí han tenido que defenderse en la calle. Adriana piensa que cada situación debe ser evaluada para saber qué interacción será bien recibida por ella y cuál no. No se detiene a pelear por cualquier razón y cuando lo hace, usa su creatividad.

Un día mientras caminaba frente a una construcción y hablaba por teléfono, tres hombres comenzaron a decirle cosas. Adriana se detuvo entre ellos, terminó su llamada y luego preguntó: “¿Me estaban hablando a mí?” Las miradas de los hombres se escondieron y se hizo silencio. Ese día Adriana tenía tiempo y ganas de enfrentar el acoso, no desde el miedo y el coraje, sino para marcar un límite.

Darinka piensa que es una elección pelear en lo físico y no es posible estar siempre a la defensiva porque resulta agotador y enferma a la gente. En cambio, promueve la búsqueda de opciones para convertir la defensa en algo que dé risa y rompa el pensamiento lineal de los agresores. Qué tal sacarse los mocos ante el acosador o rascarse la axila, convertirse en una estatua con los ojos bien abiertos y la mirada fija o regañarlos como si fueran unos cachorritos que merecen un periodicazo.

Las defiendo a todas

Algunas de las chicas que participan en el Comando Colibrí nunca han tenido que defenderse físicamente. Otras sí.

Una de ellas estaba debajo de un puente en Tacubaya cuando un hombre trató de apresarla a la altura de los senos. Ella estaba lista, aplicó una llave de policía y lo azotó contra la pared, luego le gritó que no podía tocar a otra mujer en su vida porque lo iba a buscar hasta encontrarlo. Simbólicamente ella se defendía de uno y al mismo tiempo de todos los que la han agredido.

Al respecto, Esmeralda tiene algo que decir sobre la violencia: “Culturalmente una de las cosas que nos ha hecho mucho daño es hacernos creer que nosotras no podemos defendernos y que somos incapaces, que la violencia está mal, así descontextualizada, yo creo que cuando te vas a defender, la violencia es totalmente legítima. Yo creo que todas las personas, desde cualquier singularidad pueden defenderse para sobrevivir”.