Revista Cambio

La Condesa en movimiento

Desde Chapultepec hasta Viaducto, resulta imposible caminar más de dos cuadras sin toparse con un edificio dañado, vidrios rotos o pedazos de pared que sucumbieron ante el temblor de 7.1 en escala de Richter que sacudió a la Ciudad de México el pasado 19 de septiembre.

En cuanto concluyó el terremoto –a las 13:14 horas, con epicentro en Morelos–, decenas de vecinos de la zona Roma-Condesa salieron de sus casas para auxiliar a las personas atrapadas entre los escombros.

El pueblo ignorado tras el sismo

La delegación Cuauhtémoc –tal y como ocurrió en el terremoto del 85– ha sido la más afectada. Al cierre de esta edición, el jefe delegacional, Ricardo Monreal, reportaba 27 construcciones colapsadas y 24 en riesgo de caer.

Uno de ellos fue el edificio de nueve pisos ubicado en la esquina de Ámsterdam y Laredo, que quedó reducido a escombros. Decenas de vecinos, trabajadores de la zona, albañiles y transeúntes formaron cadenas humanas a fin de remover los escombros hasta el Parque México, a unos 50 metros del lugar. Aquí también se instaló uno de los más grandes centros de acopio y repartición de víveres, medicamentos y herramientas.

Un par de horas después llegaron los miembros de Protección Civil y del Ejército que tomaron el control de la situación. Entonces, surgió el símbolo del rescate en esta emergencia: la mano levantada para solicitar a las personas guardar silencio.

Los hospitales y clínicas sufrieron un susto adicional, pues debieron evacuar a los enfermos, algunos recién operados. Así fue como el camellón de la avenida Álvaro Obregón se convirtió durante varias horas en una clínica temporal, en donde empleados de la Clínica Obregón instalaron sábanas en la parte alta de los árboles con el objetivo de guarecer del sol a los pacientes convalecientes que salieron en camillas.

SOLIDARIDAD EMERGENTE

En las redes sociales, grupos de ciudadanos convocaron y se organizaron para ir a auxiliar en los centros de acopio y alrededor de las zonas afectadas. Herramienta, guantes, agua, cobijas son los artículos más solicitados.

Se sacude la CDMX

Ante el colapso de las vialidades y la falta de transporte público, automovilistas ofrecieron “aventón” a peatones para acercarlos a sus destinos.

Unos días después, incluso algunos motoclubes de la ciudad habilitaron sus motocicletas o scotters particulares como “taxis” gratuitos.

Casas contiguas a las zonas afectadas fueron habilitadas como albergues temporales y centros de operación de rescatistas a fin de que que desarrollaran sus labores. En algunos lugares, se colgaron de las ventanas multicontactos con el objetivo de recargar los teléfonos móviles.

Otras personas instalaron botellones de agua –muchas tiendas de conveniencia cerraron por la falta de luz– con la finalidad de refrescar a las personas que caminaban largas distancias, ante la suspensión de transporte público. Pasados los días, hubo quienes no sólo prepararon y donaron tortas y sandwiches, también quienes hornearon pan y elaboraron café, agua de sabor y hasta repartieron dulces a niños y niñas.

Por supuesto, en esta colonia surgieron los primeros albergues pet friendly, e incluso quienes querían llegar al Parque México con el propósito de ayudar preguntaban a otros en las calles aledañas el camino más seguro para llegar al “parque de los perros”.

Voluntarios hubo de todas las edades y todas las nacionalidades del ya tradicionalmente diverso mosaico de habitantes de esta colonia capitalina.

Dos extranjeros caminan asustados y dicen en su idioma nativo: “¡La Condesa no resultó el paraíso que nos dijeron!”, pero corren a fin de recibir un casco, una pala y un pico. Atrás quedó la emoción de estar en el barrio de moda capitalino, ahora sólo quedaba la adrenalina de ayudar a los demás.