Revista Cambio

Las heridas de guerra no se pintan

Texto y fotos: Consuelo Pagaza / Torreón, Coahuila

Caminar por las calles de la colonia Nuevo México –hoy, en 2016– es hacerlo en un escenario de posguerra. Al entrar, de inmediato se ven las casas ubicadas en la faldas del cerro. Es imposible no ver, desde la lejanía, que algunas fachadas han sido arregladas y pintadas con colores estridentes: verde, rojo o amarillo, como parte de las estrategias de recuperación de espacios públicos promovidas por la Secretaría de Desarrollo Social de Coahuila.

Al seguir por los callejones formados por la geografía del cerro, se pueden ver cascarones de los restos de las casas, plagadas por orificios de balas en sus paredes, la huella de los enfrentamientos entre los Zetas y el cártel de Sinaloa, que ninguna capa de pintura puede borrar.

Al llegar a la casa de Ezequiel –como optamos por nombrar a un testigo que solicitó permanecer en el anonimato– debemos pasar por un portal en ruinas. Él muestra entusiasmado el primer cuarto reconstruido casi en su totalidad.  Es la cocina, el techo y paredes con yeso y pintados, “solo falta la instalación de luz”, cuenta.

Sube al segundo piso –sortea los escalones, o mejor dicho, los pedazos de lo que alguna vez fue una escalera. “Aquí estoy arreglando el cuarto de mis hijas y el de mi esposa. Les pasé la primera capa de pintura y el yeso a las paredes”. El resto de los cuartos continúa en ruinas.

EXILIO FORZADO

La colonia Nuevo México se ubica en la Comarca Lagunera, en las faldas del Cerro de Las Noas, cerca de las vías del tren que va a Piedras Negras o a Ciudad Juárez. Por ser una ruta hacia la frontera con las ciudades estadounidenses de Eagle Pass y El Paso, es un territorio en disputa para trasiego de droga y de tráfico de migrantes centroamericanos.

Desde 2008, la violencia dominó la colonia, que quedó sitiada en medio de una zona de disputa entre los Zetas y el cártel de Sinaloa. Su cerro proporcionaba protección  geográfica, además de la antena de comunicación colocada en la cima.  Su única vía de entrada y salida complicaba el acceso del Ejército y la Policía.

Víctimas de extorsión, acoso y miedo, los pobladores de Nuevo México huyeron poco a poco de sus casas. En 2010, de las 200 familias habitantes, solo quedaron diez, el resto abandonó el lugar y todas sus pertenencias. Quienes decidieron quedarse fueron testigos de muertes, víctimas de extorsión y de balaceras continuas.

Los Zetas establecieron ahí su centro de operaciones. Los enfrentamientos con el cártel de Sinaloa aumentaron las desapariciones.

De 2007 a 2012, los integrantes de los Zetas impedían el acceso a la zona. Los militares o policías que entraban lo hacían en convoy y únicamente para recoger a los muertos. A finales del 2012, los Zetas dejaron la zona, cuando perdieron fuerza ante el cártel de Sinaloa.

Durante el gobierno de Humberto Moreira (2005 a 2011) se registraron 1 811 homicidios dolosos y se abrieron 141 averiguaciones previas por secuestro o privación ilegal de la libertad en Coahuila, según cifras del Secretariado Ejecutivo Nacional de Seguridad Pública (SNSP).

EL REGRESO

Lo ocurrido en la colonia Nuevo México fue consecuencia del abandono por parte de los tres niveles de gobierno. Hacia febrero de 2014, las autoridades se vieron obligadas a crear estrategias para reconstruir y recolonizarla, por la demanda de las familias desplazadas que deseaban regresar a sus casas.

De las 200 familias, menos de la mitad han tenido el valor de regresar, para trabajar en conjunto con la estrategia del Gobierno para recuperar su colonia. Al llegar, encontraron sus hogares totalmente saqueados, sin puertas ni ventanas, sin tuberías, llenas de orificios de balas y pintas de aerosol de ambos bandos.

Dispersas, se logran ver casas a medio pintar o en plena reconstrucción, de quienes vivieron el exilio forzado y ahora levantan los escombros.

“Hay que aprovechar que ayer nos llegó el material, ya habían pasado dos meses sin enviarnos material para seguir trabajando” comenta un habitante de la colonia, que tampoco quiso revelar su identidad.

La Secretaría de Desarrollo Social de Coahuila proyecta destinar alrededor de 50 millones de pesos para reconstruir las casas con lo mínimo para ser habitadas. En 2014, el Gobierno de Torreón destinó cinco millones de pesos para la primera parte de la  recuperación de la colonia, el presupuesto restante se buscará en las arcas del Gobierno federal.

La estrategia estatal consiste en la recuperación de espacios públicos y comienza con actividades culturales, como la creación del Centro Comunitario, ubicado en la antigua escuela primaria. Pero el trabajo es arduo y deberán hacerlo los mismos habitantes. Rehabilitar la colonia, las fachadas de las casas, las calles, quitar escombros, basura, colocar el cableado público, reconectar las tuberías, colocar puertas, pintar las fachadas de colores vívidos serán apenas los primeros pasos a fin de que las personas puedan regresar paulatinamente.

Los habitantes relatan que funcionarios del Gobierno estatal les han dicho que las casas serán reconstruidas por etapas, conforme se acerquen las familias a solicitar los materiales, pero también depende de que esto no se vea afectado por algún cambio de gobierno o de partido.

Ezequiel continúa en la remodelación de su casa. “Estoy tranquilo, porque regresamos, ya no podíamos pagar la renta del lugar en el que vivíamos cuando tuvimos que salir de aquí. Falta mucho, pero hoy que llegaron de nuevo los materiales podré continuar la otra parte del cuarto”.

En la habitación del matrimonio de Ezequiel, tres de las paredes que se conservan completas están pintadas con una ligera capa de color, que apenas oculta una pinta de los Zetas, ahora rodeada de los cuadros de la primera comunión de sus hijas.

Cerca de 30 personas de la colonia cargan animosamente botes de pintura o material de construcción. El resto de los colonos permanecen dentro de sus casas, o de lo que queda de ellas. De vez en cuando, alguien se asoma por la ventana o entreabre su puerta, pendientes de mí, la extraña que los visita. Las calles permanecen desiertas.

“Pudimos recuperar la casa, estamos comenzando de nuevo, pero hay mucho por recuperar, no basta solo con la pintura”, sentencia Ezequiel, mientras continúa con su labor.