Revista Cambio

¿Me lees un cuento?

Tengo una misión: provocar que más niños y niñas lean, me cuenta Ariadna Trapote, una emprendedora que hace tres años se dio cuenta de que en México los menores de edad no tienen acceso a los libros, y por ende no desarrollan un gusto por la lectura. Ella quiere que, así como sus dos hijos, Lucio de siete años y Franco de ocho, tuvieron acceso a cientos de libros por dos años –mientras vivían en Boston, donde ella concluía su maestría en Harvard–, todos tengan la misma oportunidad.

En el 2013 Ariadna se mudó con toda su familia para estudiar finanzas, y allá conoció el mundo de las bibliotecas públicas. Iban por lo menos dos veces cada semana y llenaban la carriola con todos los libros que le cupieran: 10, 20, 30. Nunca eran suficientes porque al llegar a casa todos eran colocados en el piso, y los pequeños escogían qué querían que papá o mamá les leyera. Con el paso del tiempo esta actividad se hizo un hábito, e incluso Ariadna se dio cuenta de que dejaron de ver películas animadas por leer los libros. “Otro, otro, otro”, le decían sus dos hijos.

A su regreso a México, en 2015, Ariadna lo que menos quería era perder el hábito y que sus pequeños ya no leyeran en inglés. Su plan consistía en ir a una biblioteca pública con el fin de hacer lo mismo que en Boston, pero la Ciudad de México le tenía una muy mala jugada. La biblioteca pública más cercana le quedaba a hora y media de casa. “Esto es imposible”, dijo.

Pasó muchas noches pensando en un plan B. Comprarlos directamente en librerías, no sonaba tan descabellado. Hizo su lista y emprendió el camino. Al llegar a una librería, notó que había muy pocos en inglés, además de que eran muy caros. Regresó a Estados Unidos y escribió su wishlist en Amazon, que aún no tenía servicio en México, aunque hizo cuentas y los libros le saldrían en 25 000 pesos.

Lucio y Franco crecerían y se aburrirían de esos libros. Serían 25 000 pesos tirados a la basura en poco tiempo. Y se hizo la pregunta de su vida: ¿No hay nadie que preste los libros y me los lleve a casa? Pues no. En ese momento no existía tal servicio.

Aun en Estados Unidos, platicó de emprender esta idea con varias personas; todas le dijeron que era maravillosa, pero quizá le costaría mucho luchar contra la cultura latina que prefieren ver la tele a leer.

De acuerdo con la Encuesta nacional de lectura y escritura 2015 del entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), ver la televisión es la principal actividad recreativa de la población. Ya que más de la mitad de los encuestados (52.9 %)
reportó esta práctica como una forma de entretenimiento. Leer fue mencionado por el 21 % de los participantes. Este resultado colocó a la lectura en el quinto lugar, como la actividad más citada, por debajo de reuniones con amigos o familiares, de la práctica de algún deporte y escuchar música o el radio.

La encuesta asevera que la lectura como actividad recreativa está arraigada de forma distinta en diversos estratos de la población mexicana. En particular, se asocia con la escolaridad y el nivel de ingresos.

Leer libros fue una actividad recreativa para cerca de un 40 % de la población con escolaridad universitaria o superior, y para alrededor del 41 % de mexicanos con ingreso familiar mayor a 11 600 pesos mensuales. El 33 % de la población jubilada o pensionada también mencionó la lectura de libros entre sus actividades recreativas, número mayor a la media nacional.

Además, de los encuestados, poco menos de la mitad (43.8 %) dijo que en su infancia recibió estímulos por parte de sus padres con el propósito de leer textos distintos a los escolares. El segundo incentivo que más recibieron fue escribir cosas ajenas a las tareas de la escuela. Incluso se demostró que la participación de los padres en la estimulación de las actividades culturales y en el potencial fomento a los hábitos de lectura, se ha ido fortaleciendo entre las nuevas generaciones. Y respecto a la escuela, más del 60 % de los encuestados dijo que los maestros los animaban a leer publicaciones distintas a las escolares.

Ante este reto, Ariadna estaba lista para comenzar su plan; es en serio, ella quiere que todos los niños, como sus hijos, tengan acceso a la lectura.

No iba a esperar más. Trajo libros en inglés de Estados Unidos a México, porque era más difícil conseguirlos, además se percató de que en nuestro país casi no se conocen autores o ilustradores increíbles. “Como nadie los conoce, pues yo les voy a escoger sus libros y se los voy a ir a dejar a sus casas”, se dijo a sí misma muy determinada.

Little Bookmates estaba naciendo. En un inicio, ella dio a conocer el proyecto mediante sus redes y gracias a sus conocidos. En su mente no estaba usar Internet, porque primero quería probar si la gente estaba dispuesta a pagar un servicio así; sin embargo, conforme pasaba el tiempo el proyecto comenzaba a tener éxito y aumentaban sus clientes. Incluso ya le pedían libros en español. Claro que tenía que complacer a sus usuarios.

Una vez que comprobó que la gente sí requería este servicio, creó su página y ya no se daba a basto para repartir ella sola los libros, por lo cual tuvo que contratar un servicio de mensajería pequeño. Conforme fueron creciendo, recurrió a una empresa que diera el servicio en todo el país.

Con el fin de llegar a este punto, Ariadna asegura que fue indispensable utilizar Internet. Ella quería llegar a la mayor cantidad de gente o, mejor dicho, llegar al mayor número de niños y niñas posible.

Su objetivo principal es que “más y más niños mexicanos se enamoren de la lectura, porque eso va a hacer que sean jóvenes enamorados de la lectura y luego adultos enamorados de la lectura, y ya con eso tenemos un país más empático, con más cultura, con más oportunidades”.

En Estados Unidos es algo muy común, me dice. “Es algo intrínseco desde hace mucho tiempo. No es nada nuevo para ellos, lo que pasa es que los mexicanos no lo tenemos en nuestra cultura porque no tenemos acceso, ya que un libro te puede llegar a costar 400 pesos. Es una locura. Entonces, ¿cómo le iba a hacer para que los mexicanos lean más? A mi me hubiera encantado poner una biblioteca publica gratis para todos”.

Afortunadamente, encontró la manera: el sistema de renta funciona a través de su página de Internet. Haces un pago mensual de 399 pesos, y de manera automática te llegaran 8 libros diferentes a la puerta de tu casa. Y así, cada mes va un servicio de paquetería a recoger los libros y a entregarte un nuevo paquete. Estas entregas no tienen ningún costo. De acuerdo con la edad de los pequeños, se seleccionan los libros.

MEJOR CONEXIÓN

Little Bookmates lleva dos años y medio ofreciendo el servicio de renta de libros. Actualmente, tienen un catálogo de 3 800 libros, y han realizado más de 18 000 intercambios.

Y es que poco a poco Ariadna cumple su cometido:

Aimé Peniche es mamá de Iam, quien tiene 8 años. Lleva poco más de dos años recibiendo su paquete de libros cada mes. Ella siempre trató de inculcarle a su hijo la lectura, por ello  su marido constantemente le decía “¿otro libro?”, cada que ella llegaba con uno nuevo. Por eso, Little Bookmates fue la solución a todo.

Incluso, ella misma dice que poco a poco se ha ido transformando. A los seis años, Iam le pedía que le leyera los cuentos. Aimé, para darle más dinamismo, hacía entonaciones como si fuera una obra de teatro, mientras su marido traducía el cuento.

“Se hace un vínculo entre toda la familia. Es un momento en el que te desconectas del mundo, no piensas en otra cosa más que en la historia que estás contando. Es un vínculo que creamos y ahora todas las noches quiere leer un libro”, me dice.

Sin embargo, no es necesario que ellos le lean algo a Iam, a veces él agarra los libros y sus papás le dicen que lo alcanzan en un momento, y para cuando entran al cuarto, el pequeño ya está más que metido en la lectura.

Incluso, la misma Ariadna también sabe que el hábito ya lo tienen sus hijos, no obstante, lo que más disfruta su familia es la lectura entre todos.

“Lucio aún no lee, pero Franco sí, entonces yo leo una hoja, Franco otra y Lucio una que otra palabra o, mejor aún, nos ponemos a actuar. Hacemos diferentes voces, luego llega el papá y les hace voces aún más chistosas. Les encanta leer con él. Nosotros además del hábito, ya tenemos un vínculo, un momento de convivencia donde todos los días logramos llegar a ellos a través de los libros”.

¿Dónde rento los libros?

En la página de Little Bookmates:

https://www.littlebookmates.com/

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