Revista Cambio

El último cigarrillo

POR SEBASTIÁN SERRANO

Nariño estaba en un viaje de trabajo, se detuvo en la carretera a comer una barbacoa y sintió un dolor en el pecho, no le hizo mucho caso y siguió su trayecto. Dos días después, a unos kilómetros de Guadalajara, perdió el conocimiento. Despertó sin saber qué había pasado ni dónde estaba. A medida que fue tomando conciencia, descubrió que tenía todo su lado derecho paralizado y no podía hablar. A sus 66 años de edad, después de 50 años de fumar, había sufrido un infarto de corazón, y por falta del tratamiento preventivo en la clínica del seguro social donde fue atendido, un coágulo de sangre se le fue al cerebro y le ocasionó un infarto cerebral.

Después de la primera semana de recuperación logró mover la pierna derecha, aunque en la mano había perdido mucha sensibilidad y sus movimientos eran demasiado torpes para tomar objetos. Debido a la lesión en el cerebro, la principal secuela fue una afasia, un trastorno en el lenguaje que le impedía comunicarse. Podía entender todo lo que le decían, pero cuando quería decir algo, lo único que salía de su boca era “alalalalala” y algunas vocales sueltas.

Inmediatamente comenzó con terapia de rehabilitación en las áreas físicas y del lenguaje. Fue atendido en el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), y después de tres meses de su evento acudió como complemento al Centro de Integración para la Vida y Autonomía (Ceiva). “Nariño tenía un problema severo en su expresión hablada, no era capaz de repetir ni siquiera las vocales, pero su buen humor y ganas de poder mejorar son lo que lo ha llevado a conseguir comunicarse”, comenta Gabriela Santos, que ha sido su terapeuta del lenguaje en Ceiva, durante dos años y medio. Agrega que su progreso se debe en gran parte a que no falta a sus sesiones dos veces a la semana, tanto individuales como en grupo.

Nariño reconoce que puede expresar en un 70% de las veces lo que quiere decir con frases cortas, y también se apoya en la escritura como alternativa de comunicación. Sin embargo, escuché el gran esfuerzo que hace con el fin de darse a entender, para sacar las palabras, como si estuviera buscando en una caja de herramientas, escarbando y revolviendo hasta el fondo con el propósito de encontrarlas, pero los tornillos y clavos se le escapan entre los dedos.

Es complicado entenderle, habla con mucho esfuerzo; arrastra las letras con clara desesperación, aunque vuelve a intentarlo y lo consigue. En gran parte, Gabriela me ayuda a comprender y en algunos casos completa lo que Nariño quiere decir, como si se tratara de un crucigrama, mostrando una clara complicidad entre paciente y terapeuta.

El consumo de tabaco es la causa principal de mortalidad evitable en todo el mundo. Según información de la Organización Mundial del Salud (OMS), cada año mueren 4 millones de personas en el planeta (una persona cada 10 segundos) por enfermedades relacionadas al consumo de tabaco. El reporte de la OMS señala que en México el tabaquismo mata a más de 53 000 personas cada año, es decir 147 cada día. Pero aparte de las muertes, también están las enfermedades crónicas y las personas que quedan con secuelas de por vida. Según lo reportado por el IMSS, durante 2017, se registraron en el país 310 000 nuevos casos de padecimientos asociados al tabaquismo, como males cardíacos, enfermedad pulmonar, cáncer de pulmón, derrame cerebral y neumonía.

Hilda lleva 4 años tomando terapias en Ceiva para recuperar en la medida de lo posible su capacidad de comunicarse y ejercitar la mente. Ella empezó a fumar ya tarde, a los 40 años, y el evento cardiovascular le vino a los 81 –fumaba una cajetilla diaria–. Lo único que recuerda es que una mañana, al levantarse, se cayó de la cama, perdió la conciencia y cuando despertó estaba en el hospital. “En un principio quedé peor, después me fui recuperando; hasta ahora todavía no estoy bien, aunque a veces me trabo y cambio. En un principio me enojaba conmigo misma y con los otros que no me entendían, pero ya después me daba risa”, escribe Hilda, quien por recomendación de su terapeuta –que sabe que con personas nuevas sufre trabas constantes y falta de coordinación entre lo que quiere decir y lo que sale de su boca–, prefirió compartirme sus respuestas por escrito.

Si bien parece una problemática que afecta sobre todo a adultos mayores, la Federación Española de Daño Cerebral (Fedace) ha encontrado que entre el 2002 y 2012, la incidencia de derrames cerebrales en personas menores de 64 años creció de forma significativa, en especial a partir de los 35 años. Esta institución comenta que los estudios realizados demuestran que fumar aumenta el riesgo de accidentes cerebrovasculares debido a la nicotina, gases oxidantes y monóxido de carbono que forman parte de los componentes químicos del tabaco. Incluso agregan que existe una clara relación entre el número de cigarrillos –a partir de 20 al día– y el riesgo de sufrir un problema cardiovascular.

LA LUCHA DEL DÍA A DÍA

La vida de Hilda se modificó bastante después del evento; previamente era totalmente independiente, vivía sola en casa propia. Posterior al daño cerebral adquirido (DCA) sus hijos decidieron que fuera a vivir a una casa contigua a la de su hija, y ahora en su día a día se mantiene en terapias, principalmente física y de lenguaje. A medida que asimila el proceso y asume los cambios, se siente mejor, y sigue en terapias porque le sirven para tener más seguridad en ella misma. Pero ya casi no ve a sus amigas, no maneja y la mayor parte del tiempo está sola en su casa.

Nariño tuvo la suerte de que además de que fumaba una cajetilla diaria y le gustaba tomar, siempre fue deportista, jugaba fútbol desde chiquito y lo practicó hasta los 50 años. Después del accidente no pudo volver a trabajar; recibió su pensión debido al problema de lenguaje tan severo que adquirió, lo que él agradece, pues le ha permitido estar tranquilo económicamente y seguir haciendo deporte. No puede trotar por restricciones de su corazón, así que camina y practica natación; además es un aficionado al tenis, aunque en un inicio le costaba mucho trabajo sostener la raqueta por la falta de sensibilidad y fuerza de su mano derecha, hoy en día ya la controla y son escasas las ocasiones en que se le cae. Acude a un club 3 o 4 veces por semana, donde tiene amigos y disfruta esa parte de su vida que nunca perdió.

Su proceso de recuperación ha sido un éxito, pues no quedó con las mismas secuelas que experimentó en un inicio. Comenta que es una persona muy positiva; cuando quiere agregar algo más, se le empiezan a atorar las palabras, “taparapapa ahg”, hace un gran esfuerzo. “Pero logré recuperarme bastante, si, topatopaopa… puedo hablar, no mames, lo agradezco, en su momento no podía y ahora sí puedo…”, dice seguido de risas. Se cansa, es un gran esfuerzo.

Mientras lo escucho, comprendo la lucha que lleva a cabo para poder decir lo que quiere, y me parece muy admirable. Se puede expresar, pero requiere esfuerzo y paciencia tanto de su parte, para no desesperar, como de parte de sus interlocutores, con el fin de que pongan de su voluntad para comprenderlo.

EL RETO: SEGUIR ADELANTE

Ante la pregunta de si hubiera preferido no fumar, Hilda responde: “Pues no, me gustó tanto fumar”. Agrega que desde el evento no se le antoja, ni recuerda que existe el tabaco. También le pregunté qué recomendaría para dejar el tabaco, me responde que sabe que aunque les insistan a los fumadores, no lo van a dejar hasta que no les pase algo.

Nariño dejó los cigarrillos después del evento cerebrovascular, y de vez en cuando se le antoja un poco, porque es muy sociable y le gusta mucho la fiesta (también le bajó a la bebida). Le pregunté si hubiese preferido no probar el cigarrillo y me respondió que sí, pero que a los 16, “tamadre, fumar es la onda, pero reconozco que hace daño”. Sobre qué le aconsejaría a los otros, responde que es el libre albedrío y que cada quien debe elegir, y que si es posible mejor hagan otras cosas.

En su página web, Fedace señala que 17 millones de personas alrededor del mundo han sufrido un derrame cerebral, y que alrededor del 45 % de los afectados desarrollará una discapacidad. Por otra parte, el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de México reporta que las enfermedades atribuibles al consumo del tabaco implican que se destinen recursos públicos para atender estos padecimientos por 81 mil 97 millones de pesos.

Además, el proceso de recuperación del día a día también implica mucha participación y cierto desgaste emocional por parte de los familiares. Su apoyo y acompañamiento es fundamental, pero también se requiere una alta sensibilización de la sociedad. Hilda señala que evita decirles a sus hijos que piensen en esto, “tú eres la que tienes que ponerte pilas. Intentar hablar todo y aunque se rían de ti seguir el juego y reírte también”.

Para Nariño, hay que seguir luchando. “Estoy después del evento, la vida sigue adelante”. Se le resbalan un poco las palabras, las rebusca, consigue sacarlas con ayuda de Gabriela. “Es la vida que va así, la vida sigue, puede haber enfermedades, te puedes hacer abuelo, porque lucha… siempre”. Enfrenta la falta de comunicación, avanza con su recuperación, sigue echándole ganas, sin importar lo complicado que sea. Cuando le pregunto qué consejo le daría a alguien con daño cerebral y a sus familiares, su respuesta es directa y concreta: “¡Que le echen huevos!”.

 

Los beneficios que trae dejar el tabaco

Según la Fundación Ictus, varios estudios han demostrado que nuestro organismo mejora notablemente cuando dejamos de fumar:

A los 20 minutos la presión arterial y la frecuencia cardiaca vuelven a su nivel normal.

Tras 8 horas el oxígeno tiene los niveles adecuados para el cuerpo.

Pasadas 72 horas, los pulmones aumentan de volumen, lo que mejora la respiración, el sentido del gusto y el olfato.

A las 12 semanas mejora la circulación sanguínea y el funcionamiento de los pulmones.

Hacia los 9 meses se reducen la tos, la congestión y la sensación de falta de oxígeno.

Después de 5 años sin fumar, disminuye un 50 % el riesgo de sufrir cáncer de pulmón y otras enfermedades.

Después de 10 años el riesgo de una enfermedad vascular se reduce hasta llegar a ser igual al de una persona que nunca ha fumado.

 

A dónde puedes ir para ayudar

Centro de Integración para la Vida y la Autonomía pro personas con daño cerebral adquirido (CEIVA)

http://www.ceivadcamexico.com/

E-mail: ceivadca@gmail.com

Instituto Nacional de Neurología 
y Neurocirugía

http://www.innn.salud.gob.mx/

Teléfono: 5606 3822

 

Centro Neurológico del Centro Médico ABC

http://www.abchospital.com/el-centro-neurologico-del-centro-medico-abc-presenta-su-clinica-de-trastornos-de-comunicacion-y-autismo/

Teléfono: 5230 8000