Otra vez a brindar con extraños

Los hombres no tienen permitido mostrar sus emociones en público, a menos que sea en una cantina y bajo los efectos del alcohol, sólo ahí -según las películas y canciones mexicanas- es cuando pueden parecer vulnerables y esto los está matando

23 de Noviembre 2018

Foto Revista Cambio

He visto ese momento crucial de reflexión de un hombre antes de tomar el siguiente trago. Indaga entre sus límites y sabe que, de dar el siguiente sorbo, lo que empezó como una noche de jueves y una cerveza, se convertiría en una de sus peores borracheras, pero el grupo de amigos con los que va lo miran dudar y preparan sus mejores insultos por no poder “seguirles el ritmo”: uno pesa más de 90 kilos y el otro bebe tres días por semana, cada semana. Entonces, no hay cabida de quedar como el “débil” del grupo por lo que termina por empinar ese vaso de comercial con gotas sudadas y no recordar más.

He visto a hombres hacer lo impensable precisamente frente a otros y otras, porque se va a tratar de impresionar. Los he visto tomar muy malas decisiones por miedo -más que a recibir burlas- a enfrentarse a esas personas y decir “no”. Es más fácil ceder y terminar en accidentes aparatosos automovilísticos, que increparlos o aguantar sus sobrenombres que casualmente se relacionan con ser homosexual o femenino. Qué grave sería parecer alguno de esos dos, según el machismo.

“Hablando de mujeres y traiciones”, dice una de las canciones que más han sonado en cantinas mexicanas y que sigue “se fueron consumiendo las botellas”: parece la descripción del arquetipo de macho mexicano que sólo habla de mujeres, de cómo les fueron traicioneras y de cómo ese tema sólo podía salir -gradualmente- con alcohol.

“Los niños no lloran”

¿Qué más no hacen los hombres? No hablan de sus emociones, no lloran en frente de las personas, de sus amigos, de sus novias o de sus jefas. Desde la infancia, a los menores se les enseña a que sólo está bien visto que las niñas padezcan y es bien recibido en la sociedad si lo muestran. En cambio, la sociedad mexicana alza su copas o sus cubas en señal de aprobación cuando un hombre acude con sus amigos a una cantina y ahí es su lugar de permiso sin que se les juzgue. Sólo así permitimos que lloren sin llamarlos nombres en tono de burla, los dejamos que rueguen a sus ex novias, que hablen bien de sus hijos -que nunca de frente, que nunca se enteren-, que se desestresen por las cuentas. Decimos el alcohol, pero puede ser sustituido por cualquier otra sustancia con efectos placebo que provoquen estos comportamientos.

“Desde 1980 se ha estudiado la relación de masculinidad con el abuso de sustancias”, me explica Alejandro Torres, psicólogo especializado en masculinidades.

Aunque no por ser hombre vas a ser adicto, ser hombre sí te hace vulnerable a una adicción, asevera respecto al por qué la causa número uno por la que mueren los mexicanos entre los 20 y 35 años de edad, es por el consumo de sustancias y toma de riesgos.

“En nuestra sociedad la idea de que el hombre sea vulnerable no es algo aceptado. El alcohol es una sustancia que, por sus efectos en el sistema nervioso, permite tomar riesgos”, dice.

Alejandro cita una investigación hecha por la universidad de Chapingo, que explica cuáles son los factores que influyen para que los alumnos de esa escuela sean más propensos a beber.

“En la universidad tienes una edad crucial para saber qué onda contigo a futuro. Nos enfrentamos al ‘o soy un hombre y tomo riesgos y me comporto como macho’ o ‘evito ser un macho y me comporto como adulto’”.

Algunos hombres que tienen una “masculinidad” más relajada, ejemplo de papás o hermanos, tienden a librarla mejor, en cambio aquellos que se identifican con ser el arquetipo de macho mexicano, es muy probable que caigan en abuso de sustancias.

¿Cómo influye la cultura mexicana?

En las épocas de cine de oro, te encuentras arquetipos de macho que se tienen que poner hasta las chanclas para demostrar un enojo. Esta exigencia de ser el macho del ‘nada me duele’ y ‘yo tengo el control’, no solamente impacta por la ausencia de los padres, también en el abuso de sustancias para atreverme a hacer cosas, y el pensar que, “como tengo que ser hombre, me emborracho para no sentir y tomar riesgos”.

“Cuando nos ponemos unas, nos ponemos tristes porque el alcohol es un depresor. Va a exacerbar las emociones e incluso a distorsionar el evento. Por eso tenemos que los borrachos se atreven a todo y se desahogan, pero no es chistoso”, añade Alejandro.

La sociedad mexicana veta las emociones a los hombres y por ello buscan una salida para hacerlo a la menor provocación, como es el alcohol u otras sustancias que les permitan desahogarlas. Sin embargo, lo recomendable -según el psicólogo- es hacerlo constantemente, sobrio y con un profesional sin temor a ser juzgado a mostrar su parte emocional.

En ese aspecto, el especialista invita a contactar el coraje de frenar las críticas que reciba por mostrarse emocional o sensible, a cuestionar a quienes lo critiquen y la relación con esas personas, porque finalmente están fomentando de manera sutil el machismo. Es una respuesta radical, finalmente que no esperan.

“Un hombre sensible no es como nos lo pinta el machismo, yo pienso en Gandhi, Mandela, Leonardo da Vinci, y debemos contactar con nuestras emociones. Nos ayudan a sobrevivir. Cuando hay miedo, significa que existe un peligro del que tendríamos que huir y eso no es ser cobarde, es ser inteligente”.

¿Cómo identificar si estás pasando por una situación así?

  1. Sentir que sin alcohol no te vas a divertir
  2. Si te has preguntado si tomas demasiado, probablemente sí.
  3. Si yo me atrevo a hacer cosas con el alcohol que generalmente sobrio no haría.
  4. Si me siento más poderoso o me quita los nervios.

¿Qué hacer?

  • No juzgarse a sí mismo: debe entenderse, “es muy probable que recurra a esta sustancia como un medio de apoyo que quizá no tiene en su entorno. Y que se siente exigido a cumplir algo que no se siente capaz de hacer”, explica Alejandro Torres.
  • Pedir ayuda: Con un psicólogo, un psiquiatra, pero también decirle a alguien en quien confíe para saber que no está solo.
  • Notar el entorno: si no favorece el desarrollo emocional, quizá sea un ambiente machista.

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