Adiós lonjitas

Con el paso del tiempo, me di cuenta de que ya no puedo entrarle a la vitamina T como hace cinco años. El tiempo no perdona, por ello consulté a dos personas que me dieron una serie de tips para ahora sí cumplir el que quizá sea el propósito que más personas se hacen cada año: bajar de peso

Foto Revista Cambio

30 de Diciembre 2018

Una de las cosas que más me molesta es ver mis recuerdos de Facebook. Cada que aparecen en mi biografía fotos de años anteriores me enojo por ver lo delgado que era. Creo que no soy el único, pues a varios de mis amigos y amigas les pasa lo mismo. Sentimos que todo tiempo pasado fue mejor y añoramos nuestros años en la universidad, cuando podíamos comer lo que quisiéramos sin engordar. Ahora cualquier alimento delicioso que contenga una buena dosis de carbohidratos nos causa culpa y, aceptémoslo, esa culpa nos hace disfrutar cada vez menos los alimentos; ya sea por estética o por salud siempre hay un arrepentimiento después de ingerirlos. ¿Es justo vivir así? No lo creo. Estoy cansado de padecer mi comida, así que aunque nunca hago propósitos de Año Nuevo, el siguiente intentaré uno de los más comunes: bajar de peso.

El problema o la ventaja que tengo es que mi ritmo de vida cambia constantemente. Cada día es muy distinto al anterior. No tengo una rutina fija, y eso puede afectar mi planeación para hacer ejercicio. Puedo pasar toda la madrugada escribiendo un reportaje, dormir a las 8 de la mañana y despertarme hasta las 3 de la tarde, y al siguiente día levantarme desde las cinco de la mañana con el fin de conocer una historia en las afueras de la ciudad. A veces descanso los lunes o los martes y trabajo como loco todo el sábado o el domingo por la mañana para cumplir con mis deadlines. La ruptura de lo cotidiano es la constante en la vida freelance, un estilo de vida que se puede resumir en que parece que estoy de vacaciones al mismo tiempo que tengo el estrés al mil por hora por cumplir con mis entregas.

Por eso no puedo asistir a un gimnasio para hacer cardio y levantar pesas, o ir a correr al parque en las mañanas. Nunca sé a qué hora me pedirán un texto urgente porque algún funcionario acaba de hacer una declaración importante o porque un delincuente de alto rango fue apresado o huyó de prisión. Aunque no puedo negarlo: este ritmo de vida me ha servido de pretexto durante algunos años para no ejercitarme. Sí, ya sé lo que están pensando, me quejo pero no actúo. Pues creo que hasta ahora no me había molestado tanto meter la pancita o buscar el ángulo perfecto con el objetivo de que no se vieran tanto mis cachetes en las fotos, no obstante, cada vez es más incómodo hacerlo.

Tampoco es que sea un atascado y que devore cualquier platillo que me pongan enfrente o que todos los días hinche mi estómago con vitamina T; es que simplemente no hago nada de ejercicio, por eso he buscado formas de ejercitarme tomando en cuenta mis tiempos, empezando con actividades muy leves para que no las deje a la semana como muchos que lo intentan. Así que le pregunté a dos personas qué podía hacer para bajar los cinco kilos que tengo de más y usar la ropa que tanto me gusta y que tanto me aprieta.

DOS RUEDAS

Lo primero que me recomendó Dulce, una chica de 25 años que ama andar en bicicleta, es cambiar mi forma de movilidad. Durante muchos años fue imposible para mí moverme sin auto, me acostumbre tanto a manejar que me iba al Oxxo que está a tres cuadras de mi casa en coche. Después, Uber fue la opción; en parte por comodidad y también porque a veces debo ir concentrado en mi celular mientras me traslado. También propuso otra cosa: usar la bicicleta todos los días.

Eso lo hacía cuando iba a la universidad, y aunque me gusta la bici, odiaba llegar sudado a mi destino. “No te preocupes –me dijo–, para empezar puedes pedalear hasta la estación más cercana de Metro o del Metrobús y de ahí tomar el transporte público”. La primera está a cuatro cuadras de mi casa; la otra, a tres, y pensándolo bien a veces el Uber tarda hasta 10 minutos en salir de esas calles –vivo en una zona comercial con tráfico permanente–; en bici me haría, a lo mucho, dos minutos con el plus de bajarle al estrés y la prisa.

“Ya me estás entendiendo –me respondió–, además, pedalear genera aires de nostalgia de nuestra niñez, te quita el estrés y después de avanzar un kilómetros comienzas a sentir cómo la adrenalina fluye dentro de ti y ves la ciudad con mejor actitud. Paso 1: deja de poner pretextos y desempolva tu vieja bicicleta. Paso 2: si vas a comprar pocas cosas en el súper, vas al banco o a la farmacia, hazlo en bici. Paso 3: sin tener algún motivo sal a las calles de tu barrio a rodar; si estás estresado o enojado sal a dar una vuelta”.

— Ok, me gusta la idea, pero ¿cómo hacerlo en una ciudad tan poco amigable para los ciclistas?

— Fácil: evita ir en el carril de alta, trata de ubicarte a más de 1.5 metros de distancia de otro auto, si se te pega un vehículo, deja que avance, usa las ciclovías y ten cuidado si están bloqueadas. Mi consejo es: toma el transporte público y si tienes que moverte en colonias céntricas usa las Ecobici. Te apuesto que en unos meses usarás tu bicicleta con el fin de moverte por toda la ciudad.

Dulce está convencida de que el futuro de la movilidad chilanga está en las bicicletas; y mientras me trataba de convencer para ser un ciclista algo me atrapó: “Desplazarte en bicicleta es confrontar tus miedos, es como revisar debajo de tu cama con el propósito de ver si en realidad está el monstruo que te imaginas; en la calle te encuentras varios: el taxista que baja pasaje sin poner intermitentes, el microbusero que te avienta la lámina, la señora desesperada que no presta atención al volante por irse maquillando y el perro que te corretea cuando pasas cerca de él.

“A pesar de todo esto –continúa– nada iguala el viento en tu cara, el sudor en tu frente y el corazón latiendo de emoción cada vez que miras que casi llegas a tu destino. Un día te darás cuenta de que el trasladarte en tu bicicleta por las calles deja de ser una guerra con tus miedos y la pereza de moverte. Y toda esa adrenalina, fusionada con felicidad, tendrá como resultado calorías quemadas, piernas tonificadas, una mejor condición física y menos peso”.

Manos a la obra

Las palabras de Dulce me inspiraron tanto que no pude esperar hasta enero para sacar mi bici de la habitación donde estaba arrumbada. Luego hablé con Fabián, quien me invitó a Spartans Streetworkout, un club de personas que se dedican a ejercitarse al aire libre aprovechando el mobiliario urbano. Se reúnen cotidianamente en el parque que se encuentra en la salida oriente de la Glorieta de Insurgentes. Comenzaron dos personas en 2013 y ahora han recuperado el espacio para que más gente pueda utilizarlo libremente.

Actualmente, decenas de jóvenes los acompañan a practicar calistenia, un sistema de ejercicios físicos realizados con el propio peso corporal. Hacen barras, push ups y abdominales sobre un tubo; combinan ejercicios estáticos y dinámicos con el objetivo de quemar grasa y aumentar la fortaleza de los músculos.

Pese a que es un deporte callejero, Fabián lo define como de alto rendimiento. “En México, esta actividad comenzó en los parques públicos, inspirada por los presos que la practicaban en prisión, pero en los últimos años ha evolucionado y se ha convertido en una mezcla de parkour con gimnasia callejera. Incluso ya existen las certificaciones deportivas para los entrenadores que guían esta disciplina”.

Los spartans son una comunidad que se ayuda a sí misma; los más avanzados enseñan a los que llegan y les dan consejos con el propósito de que mejoren sus técnicas o las compartan con chicos de otras zonas de las ciudad que entrenan en distintos deportivos. Según Fabián, son como una gran familia que le cambió su vida. “Te vuelves más ágil, te quitas el estrés, te ayuda a trabajar en equipo y a ser más organizado con tu vida”.

— ¿Qué le recomiendas a un principiante como yo?

— Simplemente que se anime a dejar su zona de confort y se atreva a visitarnos un día. La pasamos muy bien porque es un entrenamiento colectivo muy divertido que ayuda no sólo a tu salud, sino que mentalmente te sientes más liberado. Cualquier persona lo puede hacer, incluso en el grupo tenemos a personas en silla de ruedas que les gusta ejercitarse, así que no tienes pretexto. Debemos aprovechar lo que nos da la ciudad.

Tiene razón, nuestra vida es a veces tan abrumadora que no notamos lo que tenemos a nuestros alrededor. En este sentido, la CDMX es como un gimnasio gigante al aire libre, sin embargo vamos tan concentrados en nuestros quehaceres diarios que no lo vemos.

Dulce y Fabián me han motivado mucho para dejar de quejarme al ver mis fotos de hace unos años y actuar con el fin de mejorar mi apariencia y mi condición física. Creo que es buen inicio para alguien que no hace ejercicio desde la prepa.

La bicicleta siempre me ha gustado, y hacer ejercicio acompañado de más personas que pueden guiarme me parece una muy buena idea. Pero, definitivamente, lo que más me agrada es que puedo hacer ambas totalmente gratis.

Quizá el mejor comienzo no es la primera semana de enero, sino desde ahora. Dejar pasar las fiestas decembrinas con el objetivo de activarnos es el primer empuje para cumplir nuestras metas. Quiero empezar ya. En unos meses veré si funcionó o me fallé a mí mismo.

Reportero chilango. Tengo un crush con el periodismo desde los 90. Vine a este mundo a contar historias con el punk rock en los dedos.

@roger_velav

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