Los robots ingeniosos

Con la intención de llevar la robótica al alcance de todos, José Ángel y Juan Pablo fundaron Robowit, una escuela donde niños, niñas y adolescentes adquieren las herramientas necesarias para desarrollar las habilidades que el futuro nos demandará

Foto Revista Cambio

23 de Diciembre 2018

José Ángel López Mondragón tenía cinco años cuando su abuelo lo llevaba a su trabajo. Fue hasta los 10 años que el pequeño José miró a su abuelo todos los días hacer trabajos de herrería o reparar aparatos electrónicos, y de ahí surgió una chispa por saber cómo es que funcionan las cosas. Esa curiosidad no desapareció de su vida, pero hasta que ingresó al Colegio de Ciencias y Humanidades unidad Vallejo encontró su lugar: un club de robótica. No sólo halló un camino hacia su futuro, sino un compañero con el que hasta hoy en día camina codo a codo.

Juan Pablo Arciga Cornejo, originario de Michoacán, también estaba en ese taller. El clic fue inmediato, y desde entonces comenzaron a participar en concursos de robótica a nivel nacional e internacional.

Para ambos, ese tipo de concursos no sólo implican el desarrollo tecnológico, sino procesos como comunicarse con más personas, apoyarse entre todos, convivir en un área y sobre todo aprender a trabajar en equipo. “Sin el trabajo en equipo es imposible que puedas ganar una competencia”, reconoce José.

INGENIO MEXICANO

Ellos entienden que la estrategia también es vital en un concurso –saber cuál es la mejor manera para que el robot funcione–, pero al ser mexicanos tienen un as bajo la manga: el ingenio. “Hemos demostrado que con poco se puede hacer mucho. Hemos dado resultados con robots mucho más económicos, porque lo que más importa muchas veces es el desarrollo del algoritmo, de la programación, haciendo así supereficientes a los robots”, me cuenta Juan Pablo.

En 2014, este joven recibió el Premio Estatal al Mérito Juvenil del estado de Michoacán. Además del reconocimiento, se le otorgó un apoyo económico con el que decidió fundar una escuela de robótica junto con José.

Robowit sería el nombre de este nuevo reto: ‘”Robo”, de la pasión que los une, y “Wit”, que viene de ingenio, algo que “se le reconoce a México a nivel mundial –me dice José–. Siempre estamos buscando la manera de cómo hacer las cosas y en Robowit lo hemos demostrado”.

La intención de fundar una escuela es un proyecto que traían de tiempo atrás. Cuando concursaban, estos jóvenes de 23 años se dieron cuenta de la brecha digital en México respecto a otros países. “Los competidores no eran niños superdotados, sino que era más cultural. Una vez que teníamos el dinero, compramos kits y comenzamos a platicar con escuelas para ofrecer talleres”. En agosto pasado, Robowit cumplió tres años.

Actualmente, en Robowit ofrecen talleres a todo el público, pero muchos de ellos son para menores de edad; incluso ofrecen un curso cuyo objetivo es aprender matemáticas a través de la robótica con el método Singapur. “Tomamos en cuenta otras metodologías a nivel mundial y las implementamos para los niños y niñas”.

Estos dos jóvenes –en 2015 representaron a México junto con nueve personas más en el Sample Return Robot Challenge, una justa de prototipos organizada por la NASA en Worcester, Massachusetts, con el propósito de diseñar una máquina autónoma de exploración capaz de reemplazar al Curiosity en su recorrido por la superficie marciana– han aprendido a generar comunidad con sus contrincantes, incluso han podido invitarlos a hacer más cosas juntos, como dar clases o talleres especiales en Robowit.

VISIÓN SOCIAL

Cuando iniciaron la escuela de robótica, estaba enfocada en niños de escasos recursos. Juan Pablo y José saben que la tecnología y la ciencia son inaccesibles para muchas personas, es por ello que desarrollaron una metodología que cubra esa vertiente social.

“Queremos que los niños y niñas tengan un panorama de la tecnología en México, de lo que pueden hacer en el futuro y se inspiren. Queremos que la educación en México pueda crecer en materia tecnológica, pero que quede claro, no estamos diciendo que todos los niños deben dedicarse a áreas tecnológicas o de ingeniería, simplemente queremos que tengan herramientas para que se desarrollen en lo que ellos quieran, incluso si en un futuro se ven en un área de música o de artes, que tengan herramientas tecnológicas para que puedan potenciar todo su talento”.

Además, durante los tres años de Robowit, Juan Pablo y José se han dado cuenta de que los niños mexicanos pueden competir sin problema con sus iguales de otros países. Por lo que otra de sus misiones es cambiarles el chip a sus alumnos. “Cambiarles la mentalidad y decirles que también lo pueden hacer y sobre todo porque hacemos las cosas bien”.

En algunas competencias se les ha cuestionado: “‘¿A poco en México se hacen robots?’ Pues claro que hacemos –responden– y ya después los tienes preguntándonos cómo lo hicimos. Realmente queremos demostrar qué se puede hacer y que podemos competir contra países de primer mundo. Les hemos ganado a muchos de ellos y no se lo esperaban”, me cuenta Juan Pablo.

En las clases, los alumnos también estimulan su imaginación con legos, megablocks, robots, y strawbees (unas piezas simples que permiten conectar popotes entre sí para formar una infinidad de estructuras). “Con este tipo de materiales se puede aprender de geometría, simetría, ángulos, distancias, áreas, perímetros, volúmenes. Incluso, hay pequeños de 6 o 7 años que están aprendiendo matemáticas avanzadas por el hecho de jugar con nuestros materiales. También en programación ocupamos variables, que se aprenden en la secundaria, pero estos niños los aprenden de manera inconsciente y se les queda presente porque además, lo aprendieron de una manera divertida y al repetirlo constantemente, se les queda”.

Juan Pablo y José tienen más proyectos, concursan también en hackatones, tienen alianzas con empresas como Oracle, o CertificaTIC.

José por su parte también es fundador de la startup Mariachi, que desarrolla software especializado en inteligencia artificial. Juan Pablo se sigue viendo en el futuro en la parte educativa porque sabe que con educación se puede mover al mundo, cambiarlo, por ello su inversión actual es para que suceda ese cambio.

 

*La versión original de esta historia 
fue escrita por Laura Cordero y fue publicada el 8 de julio de 2018 
en la edición 846 de CAMBIO.

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