No todos los héroes llevan capa

Graciela no se asumía como defensora de los derechos humanos, pero al buscar a su hija y a cuatro familiares más, no sólo halló más personas que viven con 
el mismo vacío, también encontró compañeras y compañeros de lucha que le enseñaron cómo defenderse y defender a los demás

08 de Diciembre 2018

La ONU define a una persona defensora de derechos humanos como aquella que actúa en favor de un derecho humano (o varios) de un individuo o un grupo. Si adoptamos esta definición, en México hay miles de defensores de los derechos humanos, aunque el contexto del país nos cambia un poco el sentido de cómo es que se forman estas personas en nuestra nación.

En este país, muchas de las personas que son defensoras de los derechos humanos lo son porque la vida los orilló a serlo, me dice Ixchel Cisneros, directora del Centro Nacional de Comunicación Social (Cencos). Y es que muchas de ellas se convirtieron en activistas y defensores porque en algún momento de su vida se vieron obligadas a defender su tierra, a buscar a sus desaparecidos o incluso a exigir justicia por sus muertos.

Sin embargo, personas víctimas de alguna violación no son las únicas interesadas en defender sus derechos, también hay abogados o activistas que cuentan con una sensibilidad especial y deciden dedicar su vida o profesión a defender a los demás. “Se dieron cuenta de que son parte de un ecosistema, y que lo que hacían en su profesión serviría más si lo aplicaran a favor de ciertas personas, y eso me pasa a mí”, dice Ixchel.

Durante 14 años fue periodista de temas culturales y estilo de vida, pero en su agenda y su ser los temas sociales siempre estaban presentes. Su papá también es defensor de los derechos humanos, y eso la acercó a ese camino, además de que no podía ser indiferente ante la situación que vive el país.

Luego de un análisis introspectivo, se dio cuenta que no podía echar por la borda el interés por los derechos humanos, ni el talento que tenía para contactar a medios de comunicación. “Yo podía ser el vínculo –dice– entre los movimientos sociales y los medios de comunicación tradicionales. Tenía la experiencia de los dos lados y es lo que hacemos en Cencos”.

En abril próximo Ixchel cumplirá cinco años en Cencos. Desde 2016 dirige esta organización que busca visibilizar a aquellos sectores de la población que no tienen a su alcance a los grandes medios de comunicación. A su llegada, descubrió que no era necesario salir para tener noticias; llegaban solas porque las personas necesitaban un espacio donde las escucharan y reprodujeran sus mensajes. “La gente llega y te presenta sus casos tan alarmados y tremendos que periodísticamente tienen mucho valor”.

EL TULIPÁN

El 14 de agosto de 2012, Milynali, hija de Graciela Pérez, sus primos José Arturo, Alexis y Aldo de Jesús, además de su tío Ignacio, fueron víctimas de desaparición en el municipio de El Mante, en Tamaulipas. Los cinco regresaban por carretera hacia Tamuín, San Luis Potosí, luego de un viaje a Estados Unidos; pero ninguno llegó a casa.

Nueve días después de la desaparición de su familia, en la Policía Ministerial en Ciudad Victoria le dijeron que no podían seguir con la búsqueda de su familia por la violencia en la zona. A partir de ese momento Graciela sabía lo que tenía que hacer: buscar por cuenta propia a su hija, sus sobrinos y su hermano.

En la búsqueda, se enteró de que a muchos de los desaparecidos los mataban y los enterraban en fosas clandestinas; eran los menos a los que liberaban. Luego de dos años de búsqueda, dos expertos mexicanos de la Universidad de Durham, en Inglaterra, la invitaron a tomar cursos con el propósito de que ella, junto con más familiares de desaparecidos, usaran técnicas forenses para la búsqueda de sus seres queridos.

Con los conocimientos adquiridos, fundó la organización Ciencia Forense Ciudadana, y crearon el primer registro nacional ciudadano de desaparecidos en México, así como el primer biobanco ciudadano de muestras de ADN.

Graciela no se asumía como defensora de derechos humanos, sólo buscaba a su familia, pero en el camino encontró más personas como ella, y al contarles sobre su trabajo, todos le dijeron que eso era lo que hacía un defensor de los derechos humanos.

“Yo tenía una vida normal; trabajaba. Pero luego de la desaparición me puse a buscarlos, y en el camino fui encontrado a otras personas como yo, con miedo y desesperanza y chocábamos con la indiferencia del gobierno. Muchas veces no tuve ganas de salir, pero las personas se acercaban a mí, y en esta lucha estamos tratando de que nos escuchen a todos. Nos unimos y comenzamos a alzar la voz. Ahí es cuando nos hacemos más fuertes y en el camino hemos aprendido mucho”, me cuenta por teléfono desde San Luis Potosí.

Graciela conoció la solidaridad con las personas que también tienen a familiares desaparecidos. Todos compartían sus conocimientos, porque el objetivo era el mismo: hallar a su gente, aunque también comparten el dolor. “En el caso de las familias con desaparecidos, sabemos lo que se siente, lo que duele. Yo sí le puedo decir a la otra madre que está a mi lado que sé lo que ella está sintiendo, porque es su hijo y sentimos exactamente lo mismo”.

Cinco años después de que inició la búsqueda de su familia, Graciela recibió una llamada: le anunciaban que estaba en la terna final para recibir el Tulipán de los Derechos Humanos que otorga el gobierno de Holanda, reconocimiento que se da a defensores de derechos humanos que adoptan un enfoque innovador con el fin de promover los derechos humanos. El 2 de noviembre de 2017, ella resultó ganadora. Sí, hubo emoción, pero también mucha tristeza, me cuenta. “Estos reconocimientos no deben existir. No quiero acostumbrarme al dolor, al miedo, a la discriminación, a la injusticia. No puede ser que vivamos así y que para ello tengamos que ser reconocidos. El mundo es muy grande y todos deberíamos tener el mismo objetivo: vivir, solamente vivir en paz y de manera cordial”.

Graciela aceptó el premio por todas las familias víctimas, y con el propósito de visibilizar la desaparición en nuestro país, porque “los que hemos estado en esta circunstancia queremos que se vea, porque nos damos cuenta de que a nivel internacional se cuenta sólo lo que el gobierno quiere. Entonces esa era la manera de decir que en México hay una crisis de desaparición, era una buena oportunidad para visibilizar el fenómeno que padecemos cientos de familia. Lo fui a recibir con todo el dolor de mi corazón porque yo hubiera preferido encontrar a mi niña, en lugar de ese reconocimiento”.

¿QUIÉN LOS DEFIENDE?

La respuesta es simple: ellos mismos. Ixchel me cuenta que personas de organizaciones, que también son defensores, defienden a periodistas, activistas o defensores. “Han tenido que construir redes para defenderse porque nos hemos dado cuenta de que ni el Estado ni las instituciones nos protegen”; lo peor es que la ciudadanía en general tampoco lo está haciendo, por ello, son personas conscientes quienes entienden la importancia de las personas defensoras y periodistas.

Ante esta crisis de apoyo, la directora de Cencos recomienda conocer el trabajo y la importancia, no sólo de los defensores de derechos humanos, también de los periodistas, porque de no ser por ambos “no se hubieran encontrado las fosas de Veracruz, o no se estarían investigando casos de corrupción que salieron a la luz luego de diversos reportajes”.

Graciela coincide, y además señala que el gobierno que concluyó el pasado 30 de noviembre dejó una deuda impresionante a las familias dañadas, incrédulas, frustradas, pero también a las y los defensores. “¿Cuántos han sido asesinados? Reparar a cada uno de los habitantes afectados de este país es impensable; es una gran reto que tiene el nuevo gobierno. No sólo queremos saber la verdad,  también se debe garantizar justicia, aun cuando no sepamos de qué manera nos puedan reparar, porque las familias estamos muy dañadas”.

 

Obligaciones del Estado

La Declaración sobre los defensores de los derechos humanos de la ONU establece que los Estados están obligados a:

– Proteger, promover y hacer efectivos todos los derechos humanos.

– Realizar una investigación rápida e imparcial sobre las presuntas violaciones de derechos humanos.

– Proporcionar recursos eficaces a las personas que denuncien haber sido víctimas de una violación de los derechos humanos.

– Adoptar todas las medidas necesarias para garantizar la protección de toda persona frente a toda violencia, amenaza, represalia, discriminación negativa, presión o cualquier otra acción arbitraria.

 

Información: Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (Acnudh).

Periodista. Amante de los gatos y apasionada de las causas sociales. Me gusta escribir historias que le saquen una sonrisa a las personas.

@laumelgarejo

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