Revista Cambio

Zara abre sus tiendas en París, lo que provoca filas enormes sin respetar alguna distancia

Esta imagen se ha repetido esta mañana en varios de los establecimientos que Zara tiene en París. Tras 55 días de cierre, cuando uno de sus dependientes subió la persiana se encontró con una cola de gente esperando afuera. Ocurrió también en otras franquicias y cadenas de moda de la capital francesa. Y todavía más, delante de las peluquerías. Francia ha entrado este lunes en una especie de fase «ni-ni»: ni normalidad ni paralización. Un limbo en el que ya no rigen las reglas del confinamiento, pero tampoco la actividad ha retomado ni mucho menos sus constantes vitales. Los ciudadanos pueden abandonar libremente su domicilio -sin necesidad de mostrar ninguna autorización-, con el único límite de no moverse a más de 100 kilómetros.

En este nuevo escenario, la mayoría de las tiendas han reabierto sus puertas, al igual que también se ha reanudado la labor en oficinas que hasta ahora habían permanecido cerradas o dependientes del teletrabajo. Una de las imágenes de las jornada, y que se está compartiendo mucho en redes sociales, es la de la gente esperando a la apertura del Zara de un centro comercial de París.  La cola en este caso daba la vuelta a todo el escaparate de la tienda y había unas treinta personas esperando a que la tienda abriese.

Poca actividad en los Campos Elíseos

En la avenida de los Campos Elíseos, tradicional pulmón comercial de la capital francesa, había a media mañana casi tantos periodistas como clientes en las tiendas. Alrededor de la mitad de los comercios, principalmente establecimientos de moda y del lujo, seguían cerrados, muchos de ellos inmersos todavía en los ajustes necesarios para poder recibir a compradores en las condiciones sanitarias exigibles. «Los franceses son latinos y en cuanto se les deja libertad… Esto puede ser complicado», reflexionaba con ironía un dependiente de uno de los establecimientos de la avenida, que auguraba una relajación en el respeto de las normas de distanciamiento social.

La ausencia de turistas, principales frecuentadores de los Campos Elíseos, se hacía notar en las aceras, pero también en el interior de los locales, que en su mayoría son grandes cadenas multinacionales. Esa actividad al ralentí no se limitaba a los grandes ejes comerciales de la ciudad. En barrios de la capital, en su periferia o en otras ciudades de Francia muchos comercios optaron por no abrir todavía sus puertas y quienes lo hicieron se encontraron con poco público.

Apostado a la entrada de una perfumería, Chaabane esperaba «con calma» y protegido por una mascarilla la llegada de clientes en su primer día de trabajo tras el confinamiento. «Tomamos todas las medidas de precaución cuatro o cinco días antes de reabrir. Hicimos el pedido de máscaras y de gel hidroalcohólico, pusimos los carteles con las consignas», señaló a Efe este joven dependiente. Chaabane se mostró «contento» por retomar su puesto tras dos meses, aunque reconoció que en dos horas abierta la tienda solo había recibido la visita de tres clientes, frente a la veintena o treintena que ya habrían pasado antes del confinamiento.

Esta progresiva vuelta a la normalidad se produce después de que Francia registrara este domingo 70 muertos por coronavirus, su cifra diaria más baja desde el inicio del confinamiento, hasta un total de 26.380 fallecidos.