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Sustitutos del azúcar, ¿una opción sana?

01 de Julio 2018
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POR EUNICE ZHANG / AP

Los edulcorantes artificiales están en todas partes. También llamados edulcorantes no nutritivos, pueden ser sintéticos, como la sacarina y el aspartamo, o derivados naturales, como el esteviol, que proviene de la planta de Stevia.

Hasta la fecha, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos ha aprobado seis tipos de edulcorantes artificiales y dos de edulcorantes naturales no nutritivos para su uso en alimentos.

Para los que se esfuerzan arduamente por dejar de consumir azúcar, esta ha sido una gran noticia. En todo el mundo, el aspartamo se encuentra en más de 6 000 alimentos, y se consumen entre 5 000 y 5 500 toneladas por año sólo en los Estados Unidos.

La Asociación Americana de Diabetes –el grupo profesional más respetado enfocado en esta condición– recomienda oficialmente los refrescos dietéticos como una alternativa a las bebidas azucaradas.

Sin embargo, estudios médicos recientes sugieren que los políticos que están interesados en imponer un impuesto a los refrescos, podrían querer incluir a las bebidas dietéticas porque también estarían contribuyendo a la diabetes y a las enfermedades cardiovasculares.

Edulcorantes y calorías

La clave de estos edulcorantes, que virtualmente no tienen calorías, es que no se descomponen en azúcares naturales durante la digestión, como la hacen la glucosa, la fructosa y la galactosa, que luego el organismo usa como energía, o se convierten en grasa.

Los edulcorantes no nutritivos tienen diferentes subproductos que no se convierten en calorías. Por ejemplo, el aspartamo pasa por un proceso metabólico diferente que no produce azúcares simples. Otros, como la sacarina y la sucralosa, no se descomponen en absoluto: se absorben directamente en el torrente sanguíneo y se eliminan mediante la orina.

Para los diabéticos, teóricamente, estos edulcorantes deberían ser una “mejor” opción que el azúcar. La glucosa estimula la liberación de insulina, una hormona que regula los niveles de azúcar en la sangre. La diabetes tipo 2 ocurre cuando el cuerpo ya no responde tan bien a la insulina como debiera, lo que lleva a niveles más altos de glucosa en la sangre, y esto, a su vez, daña los nervios, los riñones, los vasos sanguíneos y el corazón.

Como los edulcorantes no nutritivos en realidad no son azúcar, deberían eludir este problema.

Otros padecimientos

En la última década se ha acumulado cada vez más evidencia de que estos edulcorantes pueden alterar los procesos metabólicos saludables de otras maneras, específicamente en el intestino.

El uso a largo plazo se ha asociado con un mayor riesgo de diabetes tipo 2. Se ha demostrado que los edulcorantes, como la sacarina, cambian el tipo y la función del microbioma intestinal, la comunidad de microorganismos que viven en el intestino. El aspartamo disminuye la actividad de una enzima intestinal que normalmente protege contra la diabetes tipo 2.

Los edulcorantes también han demostrado que cambian la actividad cerebral asociada con el consumo de alimentos dulces. Una resonancia magnética funcional, que estudia la actividad cerebral midiendo el flujo sanguíneo, mostró que, comparado con el azúcar regular, la sucralosa disminuye la actividad en la amígdala, una parte del cerebro relacionada con la percepción del gusto y la experiencia de comer.

Otro estudio reveló que el consumo grande de refrescos dietéticos a más largo plazo está relacionado con una menor actividad en la “cabeza caudada” del cerebro, una región vinculada a la sensación de recompensa, necesaria para generar una sensación de satisfacción.

En conjunto, estos estudios, a nivel celular y cerebral, pueden explicar por qué las personas que consumen edulcorantes todavía tienen un mayor riesgo de obesidad que las que no los consumen.

Mientras el debate sobre los pros y los contras de estos sustitutos del azúcar continúa, debemos ver tales estudios de conducta con un grano de sal (o azúcar) porque muchos bebedores de sodas dietéticas –o cualquier persona consciente de la salud que consuma edulcorantes sin calorías– ya tiene los factores de riesgo de obesidad, diabetes, hipertensión o enfermedad cardíaca.

Aquellos que ya tienen sobrepeso u obesidad pueden recurrir a bebidas bajas en calorías, lo que hace que parezca que las gaseosas dietéticas están causando su aumento de peso.

Este mismo grupo también puede ser menos propenso a moderar su consumo. Por ejemplo, estas personas pueden pensar que tomar una soda dietética varias veces a la semana es mucho más saludable que beber un solo refresco con azúcar.

Los edulcorantes están en todas partes, desde bebidas hasta aderezos para ensaladas, desde galletas hasta yogurt, y debemos reconocer que no hay garantía de que estos químicos no aumenten la carga de enfermedades metabólicas en el futuro.

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