Revista Cambio

El sueño de las ovejas eléctricas

En marzo de 1982, a consecuencia de un derrame cerebral, fallecía el prolífico escritor estadounidense Philip K. Dick, considerado “el Shakespeare de la ciencia ficción”. Su partida se daba tres meses antes del estreno de la película Blade Runner, basada en su novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Antes de morir, el autor pudo ver diferentes fragmentos de la película del cineasta Ridley Scott, que en ese momento estaba inconclusa.

La novela de Philip K. Dick cuenta la historia de un cazador de recompensas cuyo trabajo consiste en vigilar a los androides –que han cobrado conciencia propia y son físicamente idénticos a los seres humanos– en un contexto donde la Tierra ha sido devastada por una guerra nuclear. En medio de este clima desolador se libra una subtrama donde algunos  androides, todos con fecha de muerte predeterminada, buscan alterar el orden y escapar de su destino.

Philip K. Dick escribió más de 40 novelas y un centenar de cuentos cortos. Además de Blade Runner, algunos de sus trabajos fueron la fuente de inspiración de filmes como Minority Report, de Steven Spielberg, y El vengador del futuro, de Paul Verhoeven.

En su adaptación al cine, el guion de Blade Runner –la secuela, Blade Runner 2049, llegó este fin de semana a las salas de cine en México–, pasó por muchas manos, correcciones y borradores antes de ser aprobado. En cada tratamiento se ponderaba algún aspecto de la obra original, y se olvidaba por momentos lo que para muchos era su esencia: la fe y la humanidad.

Cuando el productor Michael Deeley invitó a Ridley Scott a dirigir el proyecto, el cineasta puso como condición que le permitieran nuevamente reescribir la historia, tomando como base el primer borrador que se había hecho.

Si bien Blade Runner mantenía la esencia de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, el resultado final eran dos trabajos distintos: La cinta de Ridley Scott iba en una dirección y la novela de Philip K. Dick en otra. Gran parte de los temas centrales se habían reducido a simples anécdotas.

Para evitar que comenzara a criticar el trabajo de Ridley Scott, así como a deslindarse del proyecto, en octubre de 1981 los productores invitaron al escritor a la proyección privada de una versión sin terminar de Blade Runner. Luego de ver casi una hora del filme, el escritor abandonó la sala en absoluto silencio. Semanas después moriría sin conocer el impacto de la película basada en su libro.

¿Le gustó lo que vio? ¿Se sintió defraudado? ¿Traicionaron la esencia de su novela? Años después, el productor Jeff Walker daría la respuesta al publicar una carta que el propio Philip K. Dick le envió antes de morir: “He visto un reportaje sobre Blade Runner, y después de escuchar a Harrison Ford hablar del filme, llegué a la conclusión de que no se trata de ciencia ficción; tampoco es fantasía; es exactamente lo que dijo Harrison: futurismo”.

Y agregaba: “Llevo escribiendo y vendiendo obras de ciencia ficción desde hace 30 años y, con toda franqueza, debo decir que, en este terreno, no hemos hecho nada que pueda igualar a Blade Runner. No es simple entretenimiento; es superrealismo, por lo crudo, detallado, auténtico y convincente. Luego del fragmento que he visto, encuentro que mi realidad palidece en comparación. Crearon una nueva forma de expresión gráfica y artística, nunca vista. Blade Runner revolucionará nuestro concepto de ciencia ficción… En cuanto a mi propio papel en el proyecto, sólo puedo decir que no sabía que mi obra, o algunas de mis ideas, podrían extenderse hasta tales dimensiones. Mi vida y mi trabajo creativo se justifican completamente por Blade Runner”.

 

*Periodista especializado en cultura.

@rogersegoviano