Revista Cambio

Números con historia

Por Patricia Retana

 

Si contamos uno a uno los caracteres con espacios de Don Quijote, el clásico literario de Miguel de Cervantes, nos arrojaría la escalofriante cifra de 2 034 611. Si eso nos parece difícil de imaginar, ¿qué pensarían si les digo que es casi el doble del número primo encontrado por una estación de trabajo que corre Windows 7, ubicada en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), justo en el edificio Luis G. Valdés de la Facultad de Ingeniería?

Y… ¿para qué sirve dicho número, solo divisible entre sí mismo, construido por 1 953 000 dígitos?

Basta imaginar un día alegre, cuando tu cuenta bancaria recibe un depósito; entonces verificas en la app que tienes en tu smartphone que la cantidad sea justo la que esperas. Tal vez después vas al centro comercial y compras cualquier producto, sales y de camino a casa llenas el tanque de gasolina (recuerda que es un día feliz). ¿Te has puesto a pensar cuántos números se entrecruzaron para estas operaciones comunes?

Resulta que no es poca cosa, pues de enero a marzo de 2016 el Banco de México reportó 427 512 634 operaciones en cajeros automáticos, terminales punto de venta y demás transacciones interbancarias. ¿Sabías que, para su conclusión satisfactoria es indispensable la comunicación entre números primos que a su vez generen algoritmos indescifrables?

Mientras más grande o robusto sea el número primo, la transacción será menos codificada, porque “al introducir una contraseña, otorgas el permiso a que los números de la operación interactúen y formen algoritmos que al final se destruyen; entonces, a más posibilidades numéricas, menos ataques exitosos”, detalla el jefe del Departamento de Ingeniería en Computación, Alejandro Velázquez Mena.

Si esto no funcionara así, el atacante tomaría esos números comunes para factorizarlos o manipularlos; de ser los mismos, nuestras operaciones cotidianas estarían en riesgo, de ahí la importancia de una cifra tan significativa como esta. Al momento se sabe que el mayor número primo conocido supera los 22 millones de dígitos.

“El nuestro, el de la UNAM, ocupa el lugar 193 de la lista, resultado de los trabajos en la red de cómputo distribuido conocida como BOINC (siglas de Berkeley Open Infrastructure for Network Computing), trabajo donde queremos montar los proyectos universitarios y de la sociedad”, cuenta Velázquez Mena.

“Lo nombramos UNAM@Home y explotará el potencial del cómputo distribuido, es decir, del procesamiento obtenido cuando miles (y a veces millones) de ordenadores repartidos a lo largo del orbe se unen con un propósito: coordinarse para echar a andar iniciativas que requieren gran poder de cálculo.

“BOINC aloja proyectos en rotación constante y nosotros, en UNAM@Home, escogemos uno cada mes; ahora tocó el llamado prime grid; fue así como llegamos a este número primo”, explica, pero existe un listado de 20 proyectos en curso.

Dentro de estos aparece el de los números primos, cuya peculiaridad es que no hay forma de encontrarlos por medio de una fórmula, así que el trabajo es tradicional, pura prueba y error. “No hay una técnica para generarlos, ni siquiera para encontrarlos, no existe un menú para obtener el número que represente la posición tres millones, por ejemplo”, y justo en este detalle radica el reto y la importancia de la labor que se hace aquí, en la Facultad de Ingeniería de la UNAM.

Cuando ya se tiene un número, este debe comprobarse y traducirse a su función práctica, la más valiosa es su parte criptográfica, presente cuando hacemos transacciones electrónicas apoyadas en claves que se traducen a un algoritmo conocido como RSA, desarrollado en 1977 por científicos del MIT (Massachusetts Institute of Technology), cuyo componente matemático son dichos números; aquí según su tamaño es su importancia.

Al realizar un pago vía internet, tú no tardas más de cinco minutos, en ese tiempo los números primos que se comunicaron o interactuaron se liberan apoyados en claves dictadas entre emisor y remitente, si el posible atacante se queda sin texto que descifrar, no hay peligro, mas, al no existir nuevos se repetirían una y otra vez, así que un agresor vulneraría sin problemas cualquier sistema de seguridad. En conclusión: en nuestros tiempos la seguridad a partir de números primos es una fortaleza, sin ellos no podríamos tener la vida cómoda y segura que tenemos actualmente.

 

EL CAMINO

Al crear la asignatura sobre Sistemas Distribuidos surgió la necesidad de que los alumnos practicaran e interactuaran con plataformas como BOINC, esto se traduce en la manipulación de aplicaciones desde varios puntos y para distintos objetivos. En pequeña escala una buena imagen del trabajo es la operación desde cualquier smartphone

Ahora BOINC se escala a equipos mucho más grandes, es flexible, versátil y de acuerdo con el proyecto puede ser lenta o no. Aquí caben tareas de medicina nuclear, climatología, física, astronomía o matemáticas, “ahora, ya lo entendimos, vamos a hacer la nuestra, con nuestros proyectos para nuestra plataforma que no solamente la UNAM la use, sino el mundo entero”.

 

NÚMEROS Y SEGURIDAD

Sin duda lo que se habla aquí es otro lenguaje, cuyo objetivo es la seguridad de los usuarios, el entender procesos de compra y bajarlos a la aplicación es otro recorrido, donde el problema es traducir cada paso de la operación numérica. Sucede que si vas al supermercado y colocas en tu carrito lo que acostumbras comprar, luego vas a la caja y pagas, y de pronto te dicen un total que no habías calculado, rectificas y listo. Todo este proceso se puede transformar en signos.

La cantidad de códigos por movimiento es distinta, ya que al igual que la presencial, las operaciones digitales incluyen condiciones especiales, que la computadora tiene que traducir, que si el cambio no es el correcto, que si el producto no es el que esperabas, o el común, que si la tarjeta no tiene fondos suficientes.

“Lo que hacemos es que esa información vaya cifrada, la fortaleza que tiene es que mientras más robustas sean esas cifras, cuando intenten leerlas o alterarlas sea imposible”.

Es otro lenguaje que se basa en matemáticas, la vida cotidiana se basa en ellas, hablamos de cualquier tipo de negocio electrónico, toda la parte de cosas sensibles, no solo de comprar o apartar salas, se trata de todo lo que se pueda ver por internet es posible cifrar.

El líder del proyecto, Velázquez Mena, señala que se debe estar consciente de lo compartido tanto en las redes sociales, como en aplicaciones móviles o transacciones bancarias. Hoy, es normal ver la ruta de tu amigo corredor, cada mañana a la misma hora y en el mismo parque, luego, se forma el patrón, donde cada día Juan, quien vive cerca del Parque México, corre 15 kilómetros, en una hora, tiempo que no está en su casa, o tiempo que se sabe dónde está.

Vivimos un exceso de confianza, no somos conscientes del impacto al exponer nuestros datos, y los candados que se requieren para protegerlos, sin duda puede ser divertido compartir fotografías que incluyen sin pensar detalles de tu vida, patrones que delimitan tus rutas, tus gastos, tus prácticas cotidianas, pero esto obliga a trabajar en nuevos límites.

Las recomendaciones de seguridad para las redes sociales, ahora hay que extenderlas a las aplicaciones móviles que giran en la vida cotidiana, ahí donde dejamos nuestra información. Mientras tanto la ruta por encontrar nuevos números primos continuará hasta el infinito, en la búsqueda de nuevas fronteras, estas sí, cada vez más altas y más robustas, para evitar que personas incorrectas ubiquen los números correctos.