¡Que siga el Fandango!

Un parque al norte de la Ciudad de México se convierte en una fiesta de jaranas, zapateo y ropa típica. Talleres de danzón y Son Jarocho son las herramientas de una organización para construir comunidad a partir de la tradición

05 de Diciembre 2016

Foto Revista Cambio

Es domingo, conforme me aproximo al parque Revolución de la colonia Nueva Santa María, en la Ciudad de México, observo que se acercan mujeres y hombres con zapatos de danza o jaranas que cuelgan en su espalda; algunas mujeres llevan faldas largas, blusas bordadas típicas mexicanas mientras los hombres portan sus guayaberas y su sombrero de cuatro piedras. Mientras me acerco al kiosco es inevitable no escuchar el zapateado en la tarima.

“Un, dos, tres, un, dos, tres, aquí el zapateado es más suave, es como si quisiéramos acariciar con los pies la tarima”, es la voz de la maestra Miroslava quien dirige el taller de zapateado mientras se mezcla con la intensidad del rasgueo del requinto, la jarana, el pandero o el marimbol, instrumentos típicos del Son Jarocho. Conforme me acerco, saludo a lo lejos a quienes ensayan, colocan las sillas para el fandango o a quienes comienzan a montar la mesa con textiles, comida, artesanía típicos de Veracruz. Veo que son casi las dos de la tarde, es momento de sacar de mi bolsa mi falda y mis zapatos; debo estar lista, si no me quiero perder del fandango que está por comenzar.

“Que siga el fandango” es el nombre de una organización sin fines de lucro cuyos maestros profesionales, desde hace 12 años, cada dos domingos, ofrecen de manera gratuita talleres de danzón y Son Jarocho para posteriormente hacer un Fandango, –fiesta tradicional de Veracruz.

Cada año realizan el Fandango Tradicional de Día de Muertos y la fiesta “Naranjas y Limas” donde se realiza la quema de “la Rama y Viejo”, rito que consiste en incinerar un muñeco hecho de trapo, como representación de la consumación del año que termina y anuncio de bienvenida del nuevo ciclo anual. Todo esto con la intención de rescatar las tradiciones veracruzanas, especialmente las de la región de Tlacotalpan.

A lo largo de estos años, mediante el trabajo comunitario e incluyente de la organización, el ambiente de convivencia sano, familiar y recreativo motiva la apropiación de los espacios públicos por parte de niños, jóvenes, adultos y abuelos, provenientes de las colonias aledañas así como de puntos distantes de la ciudad. Ademas, ofrece un espacio de educación alterna así como valoración de las tradiciones mexicanas.

Pero el trabajo comunitario de esta organización va mucho más allá del baile, pues se ha involucrado en la recaudación y traslado de víveres para llevarlos a zonas que han sido afectadas por fenómenos naturales en nuestro país, como “Una tonelada de son y canción”, concierto organizado para juntar víveres que se entregaron a los damnificados por las inundaciones en Tlacotalpan en el 2010.

Se ha consolidado una comunidad solidaria por el bien común, que ayuda y coopera en la organización de todos los eventos, como es la organización del Festival de la Décima “Guillermo Cházaro Lagos”, el cual “es un encuentro de música veracruzana, artesanía y poesía popular, donde se rinde homenaje en vida a un artista, en esta ocasión será a Los cultivadores del son y el reconocimiento al grupo Son Barrio a Bajo, por su trabajo en la promoción y preservación de la cultura mexicana. Desde hace 8 ediciones, brinda un espacio de difusión y valoración al arte tradicional, desarrolla nuevos espacios de economía solidaria, motiva la participación comunitaria, la reciprocidad y crea redes de solidaridad entre Veracruz y Ciudad de México, lo que ha ayudado a reconstruir el tejido social que surge por iniciativa Que siga el fandango así como con apoyo de la sociedad civil”, comenta Fabiola Hernández Gaytán, integrante de la organización. Este año el festival se llevó a cabo el sábado 3 de diciembre en el parque Tezozomoc, de la Ciudad de México.

El sol se ha ido y es momento de partir. Es la tercera o cuarta vez que me despido de los amigos, de los maestros, cuando de pronto los músicos comienzan a tocar el Son de la Morena, creo que unos minutos más que retrase mi partida no es mucho, así que de nuevo me acerco a la tarima para esperar mi turno y comenzar a bailar otra vez.

Fotos y texto: Consuelo Pagaza

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