Reinas de la noche

Sobre Eje Central, a la altura de Plaza Garibaldi, en donde el folclor y la hombría son encarnados por mariachis, se abren espacio ellas, con sus trajes de luces, lentejuelas y satín, pisando fuerte con sus plataformas y tacones altos, sus cabelleras abundantes y su peculiar maquillaje, llenas de color. Garibaldi alberga también la escena Drag Queen de la Ciudad de México.

10 de Julio 2017

Foto Revista Cambio

 

POR GABRIELA GUTIÉRREZ

Yayoi y Amhed no podrían ser más diferentes. Mientras Yayoi es desinhibida y segura de sí misma, Amhed habla bajito y el sobrepeso lo hace sentir inseguro. Yayoi es una niña oscura; Amhed, un feliz diseñador que trabaja en la colonia Condesa.

“Gracias a Yayoi me he hecho más sociable, más seguro de mí mismo”, reconoce Amhed quien creó a Yayoi Bowery, personaje que nació a partir de la combinación de dos de sus artistas favoritos: Yayoi Kusama y Leigh Bowery. Todo empezó como un disfraz para Halloween, en 2016, y nunca más regresó al clóset.

“Yayoi me ayudó a entender mi parte femenina. A aceptar mi cuerpo”, dice Amhed. “Aunque lo más padre es lo que generas en la gente. Al final eres un personaje y la gente se acerca porque le gustó lo que hiciste”.

Ser drag no tiene que ver con sexo o erotismo –necesariamente–. No se trata de travestismo, por ejemplo, que se considera un fetiche mediante el cual vestirse del género contrario o tener relaciones sexuales con alguien vestido así enciende la mecha, excita a las partes.

Las drag queens están más cerca de la expresión artística que del erotismo. En su mundo de performance convergen vestuario y maquillaje exagerados, junto con diferentes talentos, como el canto y el baile. Y sí, en su inmensa mayoría, se trata de hombres homosexuales, aunque también llegan a participar mujeres gay o heterosexuales.

El movimiento drag parece ir en aumento. Aunque no existe un censo de cuántas personas se transforman, la Drag Race —algo parecido a un reality show— es un buen termómetro. En la primera carrera hecha en México, se postularon ocho candidatas y todas participaron. Para la segunda y tercera temporada, sólo aumentó en un par el número de aspirantes. En la última, realizada apenas hace unos meses, se postularon 50 drags y se seleccionaron 15 finalistas que compitieron semana tras semana, a fin de encontrar a la drag “más perra”. Yayoi fue una de esas finalistas, y Amhed le diseñó espectaculares outfits cada semana.

LA “MÁS PERRA”

“Qué perra, qué perra. ¡Qué perra mi amiga!”, dice Paris Bang Bang, conductora de la Drag Race, después de que alguna participante muestra un performance sobresaliente, mientras que los casi 300 asistentes del Teatro  Garibaldi la corean.

Cada jueves, una de las 15 finalistas presentaba un performance con la temática predefinida, como “Reinas de…” los juguetes, el trabajo, la TV. Un jurado, conformado en su mayoría por otras drag queens, decidía quién debía ser eliminada y despedirse del show.

De las 15 seleccionadas, Kobra era quizá la que tenía menos apoyo. Su punto débil: haber nacido mujer.

Su nombre es Denisse Ruíz, tiene 26 años. Desde niña sintió fascinación por la pintura y el maquillaje. Eso la llevó a inscribirse en una escuela de belleza a los 15 años: “Yo sólo quería aprender a maquillar, pero de ahí me atrajo después el peinado y al final estudié toda la carrera técnica de Cultura de Belleza”.

Antes de ser Kobra, Denisse estudió Artes Visuales y hoy cursa la carrera de Diseño y Comunicación Gráfica en la Universidad Autónoma de México (UAM), además de ser pintacaritas en fiestas infantiles e ilustradora de cuentos.

Kobra es la única bio queen –mujer biológica que se transforma en drag queen– que participó en la Drag Race. Y reconoce que no fue fácil. “El primer día sentía los ojos encima. Me decían: ‘¡Ahh tú eres la bio queen!’. Había cierto rechazo. Pero también entiendo que era por el papel, no era que me odiaran. Cuando encuentras algo nuevo, tienes cierta resistencia”, dice Kobra.

La escena drag queen es como entrar en el agujero de Alicia en el país de las maravillas; una vez dentro, dan ganas de seguir escarbando y conocer los demás personajes, dice Kobra. “Todos los que están ahí son casi artistas, exaltan la belleza”.

En este nuevo mundo “de las maravillas”, Kobra terminó de definirse; recuerda Denisse: “En un inició la imaginé como una persona que fuera completamente distinta a mí: oscura y altanera, como un gato siamés, aunque muy elegante. Sin embargo, dentro de la carrera fue agarrando más cuerpo. Una esencia más sólida. Ya no era un personaje totalmente contrario. Era como una Denisse con superpoderes”. Al final, tras romper con todo lo esperado, Kobra resultó la ganadora de la competencia drag de la Ciudad de México.

MADRES DRAG

En las décadas de los 60 y 70, cuando los padres golpeaban y corrían a sus hijos por ser homosexuales o la policía los arrestaba, ser drag queen implicaba  un riesgo muy alto. Fue en este contexto que nacieron las drag houses (casas drag), donde los jóvenes podían transformarse, sentirse seguros y refugiarse cuando eran expulsados de sus hogares.

Aunque la inseguridad y la expulsión de los hogares de los jóvenes homosexuales ha disminuido con el tiempo, las casas drag se mantienen. Sus miembros son “hermanos” y “hermanas”, que tienen, como tal, una “madre”, quien se encarga de organizar los eventos y las convocatorias relacionadas con sus intereses.

“Nuestro motor es ayudarnos, la convivencia, tener apoyos emocionales, solidaridad, celebrar lo que somos, no juzgarnos”, dice Brayan Cárdenas, drag Zebra, madre de House of Drags.

Y uno de los mayores intereses de las casas drag actuales es el vogging o baile vogue, el cual consiste en movimientos exagerados de poses de modelaje, saltos y pasos sobre las puntas de los pies, con música electrónica.

“El vogue nos ayudó a crecer personalmente. Nos ayudó a enfrentar el mundo con más agallas”, dice Zebra. “La mayoría de los que pertenecemos a House of Drags venimos de la periferia de la ciudad, no somos de clase acomodada, nos apoyamos mutuamente. Somos una familia”.

House of Drags pasó de tener cinco miembros hace dos años y medio, cuando se fundó, a 23. “El ballroom –lugar que es el punto de encuentro para bailar vogue─ es como la vida, vamos a competir pero también nos ayudamos. Al final, lo mejor de todo eso es que nos reunimos con el propósito de celebrar nuestro cuerpo, sin miedo. De eso se trata ser drag y de eso se trata la vida”, dice Zebra.

¿Quiénes fueron las primeras reinas? 

Entre las décadas 20 y 30 del siglo pasado, los hombres de la comunidad gay buscaron una manera de burlarse de las mujeres, a través de la exageración de lo que se consideraba femenino. Fue en los bares y puntos de encuentro gay, en donde los homosexuales podían conocerse, y los performances gay eran parte del entretenimiento.

A partir de los años 50 hasta los 60, cuando comienza fuertemente la represión hacia la comunidad gay, ser homosexual o drag estaba muy penado, por ello, para evitar el arresto, los hombres debían portar, al menos, tres piezas de ropa masculina.

Glosario Drag:

Bio queen: Mujer biológica que se convierte en drag qeen.

Drag queen: Hombre, en la mayoría de los casos gay, que se transforma en mujer, con rasgos exagerados.

Bio king: Hombre biológico que exagera la identidad masculina mediante el maquillaje y la caracterización.

Drag king: Mujer que se transforma en hombre, con caracterización exagerada.

Voguear: Practicar baile tipo vogue.

Ballroom: Lugar en donde se dan los encuentros competitivos del vogue.

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