Revista Cambio
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Editorial

21 de Agosto 2017
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Vivir en ciudades seguras podría tal vez ser el deseo más universal del siglo XXI. Hoy, como nunca antes, la gente quiere vivir tranquila; sin embargo, ¿nos damos cuenta de que esa tranquilidad la estamos dejando en manos de terceros?

La ciudad es un derecho para quienes la habitamos y la transitamos, no obstante, la construcción de ciudadanía también tiene que ver con las responsabilidades que asumimos en la construcción de entornos urbanos que nos hagan sentir seguros, que sean puntos de encuentro para construir en colectivo mejores versiones de nosotros mismos.

La calle, aunque no lo parezca, juega un papel fundamental en la construcción de ciudadanía. El espacio público es administrado por las autoridades, eso es cierto, pero darle vida y hacer que tenga sentido nos toca a todas las personas.

Por ello es que esta edición está dedicada a reflexionar en torno a cómo cada uno de nosotros nos relacionamos con las calles, parques, banquetas, áreas verdes, plazas públicas, mobiliario urbano, mercados, fuentes y un sinfín de elementos que integran, en su conjunto, el espacio público.

Se construyen parques sin árboles, no se etiqueta presupuesto para mantenimiento, se vierte cemento donde antes había plantas, se descomponen las luminarias y nadie lo reporta. En lugar de ello, caminamos por el otro lado de la acera, apresuramos el paso y nos encerramos en casa, con miedo.

Buscando compartir un poco de inspiración, esta edición está dedicada a quienes han tomado acciones concretas, ya sea al crear un gimnasio con la finalidad de entrenar a jóvenes en Ecatepec, o sembrando árboles en el Cerro del Tepeyac. Deseamos que este sea un homenaje para los que aún tienen la energía de salir a adueñarse de las calles a brincos, sin miedo aunque los estigmaticen, o para aquellos que decidieron que su arte era demasiado alegre y revelador como para encerrarlo entre las paredes de una galería o un museo.

Es un reconocimiento a quienes decidieron dejar de esperar a que otros lo hicieran y tomaron sus herramientas con el propósito de rescatar un basurero y transformarlo en un huerto comunitario. Pero también es una invitación a no paralizarnos cuando la barbarie se empeñe en decirnos que la calle no es segura. Un muy sencillo homenaje a las víctimas no sólo del ataque terrorista ocurrido en Barcelona, sino a las de todos estos ataques sin sentido. Y a esos valientes que siguieron haciendo suyas las plazas de París después de los atentados de 2015 o las de Londres hace unos meses. Para todos esos que han tenido el valor de decir y demostrar que el miedo no puede ganar la batalla, y que nadie puede ni debe robarnos la libertad de apropiarnos del espacio público en cada ciudad del mundo. La calle, las plazas, los parques, las aceras, el espacio entero nos pertenece, ¡hazlo tuyo! 

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