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Humanos de laboratorio

Utilizar bacterias tiene muchas ventajas sobre la administración de píldoras o inyecciones,
17 de Abril 2017
Salvador Casanova
Salvador Casanova

Una nueva terapia en medicina ha logrado superar la etapa experimental en animales y está en el umbral de las pruebas con humanos.

Esta, a diferencia de la medicina tradicional, no produce sustancias que se introduzcan en el paciente para matar microorganismos o compensar sustancias en su metabolismo.

La biomedicina introduce microorganismos en el paciente, los cuales reaccionan ante un desbalance metabólico y producen las enzimas necesarias para compensarlo. Con ellas el paciente recupera el equilibrio. Cuando este se restablece el microorganismo cesa la producción de enzimas.

La empresa Synlogic de Cambridge, Massachusets, logró modificar las cadenas de aminoácidos del genoma de la bacteria de Escherichia coli y las introdujo en ratones para detectar niveles peligrosos de amoniaco, engullir el compuesto y descomponerlo en urea, una sustancias que se elimina por la orina. El protocolo de investigación tiene como finalidad resolver la anomalía hereditaria del ciclo de la urea, un trastorno en el que la falta de un gen impide al organismo descomponer el amoniaco en el cuerpo, según publica la revista Scientific American.

Si el resultado en los ratones se replica en los humanos –y todo hace suponer que así será– los pacientes a los que se les haya aplicado esta bacteria terapéutica podrán vivir una vida normal, libres de los síntomas que hayan padecido. La anomalía hereditaria del ciclo de la urea si es detectada a tiempo, permite a los pacientes crecer y desarrollarse prácticamente normales. Los síntomas de la patología son confusión, somnolencia, inapetencia, vómito y en caso graves se presenta hinchazón en el cerebro y el paciente cae en coma.

El enfoque supera por mucho al de la medicina tradicional. En ella al paciente se le da una sustancia para tratar los niveles de toxina reportados en sus estudios clínicos y de acuerdo con su reacción se ajusta la dosis. Esto no puede compensar las variaciones naturales del organismo en la producción de amoniaco, y si bien reduce las molestias no logra un equilibrio en el paciente.

Utilizar bacterias tiene muchas ventajas sobre la administración de píldoras o inyecciones, los mecanismos operativos biológicos se pueden aprovechar para liberar sustancias en sitios específicos y con ello aumentar su eficacia evitando efectos indeseables.

Además, las bacterias se reproducirán en el cuerpo sustituyendo a aquellas que terminen su ciclo vital; y si están condicionadas a mantenerse mientras la afección esté presente, cuando desaparezca la enfermedad, las bacterias también lo harán.

Hay un protocolo para el cáncer en el cual la salmonella, una bacteria en la que se ha bloqueado su efecto infeccioso, se programó para llegar a las células cancerosas y destruirlas. La ingeniería genética no sólo se limita a bacterias, también se han insertado secuencias de DNA en células humanas para producir insulina.
Leer las secuencias de ADN y transcribirlas permite a los investigadores rediseñar los códigos genéticos de los microorganismos, programando en ellos un potencial curativo enorme con el que se podrá tratar la mayoría de las enfermedades.

Es cierto que el riesgo de que un experimento se salga de control es algo real. El error humano es inevitable en estos desarrollos, pero el umbral de posibilidades que se presentan para sanar nuestras dolencias permite avizorar una etapa en la historia del hombre en la que el conocimiento lo llevará a reconstruir la frágil estructura que le fue dada y señorear sobre la vida.

*Escritor, autor del libro La maravillosa historia del tiempo y sus circunstancias.
@casanovatiempo

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