Revista Cambio
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Más allá del cliché

Trabajo con vista ¿al mar?
14 de Agosto 2017
Especial
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“¿Podrías trabajar así?, ¿no crees que es maravilloso?”, Ana le preguntó a Gaby mientras esta sólo veía los avances de la construcción del nuevo residencial de Kukulcán. Ana es una de las personas más influyentes de la ciudad y le ofreció hospedaje a mi amiga en su departamento.

Después de terminar su relación de 8 años, mi amiga Gaby decidió tomarse una semana de vacaciones y le llamó a Ana, una representante de ventas con la que trabajaba a distancia. No eran grandes amigas, pero podría ser la oportunidad para serlo.

Gaby se concentró en recuperar su salud espiritual, aunque se dio cuenta de que no existía mucha diferencia entre estar en Cancún o en su departamento de la colonia del Valle. La razón era simple. Estaba rodeada de complejos habitacionales, y si quería tomar baños de sol a la orilla del mar tenía que utilizar taxi, Uber o el camión que estaba a 500 metros de distancia.

Durante sus estancia hizo nuevos amigos, por ejemplo, una guapa colombiana que le contó sobre el pésimo trabajo de botox que había recibido. También conoció a unas gemelas que estaban muy emocionadas porque estudiarían en una universidad de la ciudad.

“¿Por qué te gustaría vivir aquí?”, le preguntó una de las gemelas a Gaby, quien le contestó que le emocionaba la idea de trabajar mientras veía el mar. “Esto no es vista al mar, si vivieras aquí  no verías el mar todo el tiempo, verías a tus vecinos”, le dijo la otra gemela.

Gaby pensó en lo que las gemelas le habían dicho y se dio cuenta de que ellas querían salir de ahí tanto como ella quería vivir y trabajar ahí. “¿Será cuestión de edad?”, se preguntó, sólo para darse cuenta de que Cancún era una buena opción si no pensaba salir mucho o sus expectativas de entretenimiento sólo se limitarían a estar en la playa, ir a restaurantes o eventos de los hoteles cercanos.

Pocos meses antes de la estancia de mi amiga, se había suscitado en Cancún una de las peores desgracias ambientales: el famoso ecocidio en Tajamar. También supo que el manglar había sido destruido con el propósito de construir un proyecto urbano y lo que había implicado esta destrucción. Entendió que ese lujoso residencial en el que estaba hospedada era parte de un proyecto urbano que había sepultado algunos tesoros naturales.

Ana le ofreció a Gaby la posibilidad de quedarse a vivir en Cancún, le dijo que era una oportunidad única y que ella no cambiaría su vida por nada. “Piénsalo, Gaby, aquí tienes un lugar conmigo”.

Lo pensó. Imaginó que trabajaba en la oficina de Ana, llegaba a un departamento como el de Ana y sin tiempo suficiente para los baños de sol en la playa. Tomó la decisión de volver a casa y dejar abierta la posibilidad de visitar a su nueva amiga durante las vacaciones.

Cuando Gaby va a Cancún lo primero que hace es invitar a Ana a cenar para ponerse al día, ya que no ha terminado de agradecerle su hospitalidad en aquellos días de catarsis existencial, y después se dirige a un hotel con vista al mar. 

*Buscadora de historias urbanas de sus contemporáneos millennials. Ponte atento, tu historia puede ser la próxima.

@valeria_galvanl

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