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¿Y mi retiro, apá?

31 de Octubre 2016
Ricardo Chavero
Ricardo Chavero

Los números parece que no dicen nada cuando nos llenan de ellos, pero hubo una cifra del INEGI, de la encuesta nacional sobre demografía al 2050, que se quedó en mi memoria: casi el 86 % de las personas que llegue a la edad de los 65 años terminará dependiendo de un familiar. Si consideramos que de ser un país de jóvenes seremos uno de viejos, lo que vemos es un futuro complicado: un México pobre y con la mayoría de su población en edad avanzada. Ante esta problemática debemos analizar cuáles son las opciones que tenemos.

Existen dos tipos de planes de retiro en el mundo. Uno es el plan de pensiones de contribuciones definidas y el otro es el plan de pensiones de beneficios definidos, según el SWF Institute. Estos son los que se ocupan en todos los países, con sus respectivas combinaciones.

El primero es el modelo Afore, en el que se hacen contribuciones definidas cada mes como porcentaje del ingreso fiscal del trabajador, así la responsabilidad recae sobre el empleado, tanto en lo referente a las aportaciones como a la decisión de inversión. En el caso de México, debido a la poca cultura financiera, es una decisión que no tiene el trabajador, por ello requiere de un ente que “administre” las inversiones de ese ahorro.

Actualmente, cerca del 57.54 % de los recursos de todos los mexicanos está invertido en renta fija gubernamental (Cetes), pero si el horizonte de inversión es a tan largo plazo, ¿deberíamos pensar en otras alternativas para terminar con un mejor retiro?

El plan de pensiones de beneficios definidos, conocido como Ley 73 del IMSS, consiste en que el Gobierno se compromete a hacer un pago periódico después del retiro. Claramente este sistema de pensiones, en el cual la responsabilidad de la inversión recae sobre la firma o el Gobierno, no ha funcionado. Hace unos años, en Estados Unidos varias empresas tuvieron que declararse en banca rota por no cumplir con los planes de pensiones que ofrecieron a sus trabajadores.

En México los números tampoco mienten, por ello, al ver la situación que se avecina, el Gobierno decidió cambiar el sistema y dejar la responsabilidad al trabajador. Pero este es un sistema que tampoco ha demostrado tener un éxito abrumador en el mundo. Lo que podemos hacer es empezar a observar a las empresas mexicanas e invertir en ellas a través de la bolsa de valores.

La semana pasada se anunció que se abrirá una segunda bolsa de valores en el país, lo cual puede ser una alternativa para tener un retiro sin preocupaciones.

Históricamente, este ha sido el único instrumento que ha tenido un crecimiento constante y con pendiente positiva. La razón por la cual este modelo funciona es que, a diferencia de los metales preciosos o los bonos de Gobierno, las empresas generan valor agregado, es decir, empleos. El empleo genera educación y la educación termina con el crimen organizado. Hay que ver este instrumento como una opción para el retiro digno.

Hagamos los números. Si ahorramos 33 pesos diarios durante un mes menos de lo que cuesta un café- y los in- vertimos durante la vida promedio del trabajador en México –un plazo aproximado de 43 años, pues en nuestro país empezamos a trabajar alrededor de los 22 años y la edad de retiro obligada es a los 65 años– esos 33 pesos diarios se podrían acumular de interés compuesto, a una tasa de crecimiento del 9 %, y con ello estamos hablando de un retiro de 6 167 341 pesos. Y el beneficio colateral, para nosotros y para las generaciones venideras, será que habremos invertido en empresas mexicanas que dan trabajo y traen riqueza a nuestro país.

*Asesor financiero especializado en fintech y coaching financiero
@networthmx

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