Va por la estatuilla

El fotógrafo mexicano Rodrigo Prieto recibió su segunda nominación al Oscar por Silencio, película de Martin Scorsese. ¿Seguirá los pasos del Chivo Lubezki?

27 de Febrero 2017

Foto Revista Cambio

Por Javier Pérez

Rodrigo Prieto recibió su segunda nominación al Oscar por Silencio, película de Martin Scorsese que acaba de estrenarse en nuestro país el 24 de febrero. De ganarlo, se convertiría en la cuarta ocasión consecutiva que el premio de la academia estadounidense recae en manos mexicanas, dado que en las tres ediciones anteriores lo obtuvo Emmanuel Chivo Lubezki.

En caso de subir al estrado este domingo, Rodrigo Prieto, quien se diera a conocer en el cine mexicano por Dama de noche (Eva López Sánchez, 1993), no planea hablar directamente de política en su discurso. “El arte habla por sí solo y la película habla de temas de segregación, de colonialismo y de culturas, de separación. Es momento de hablar de ellos”. A él, dice, le interesa la política, “pero me interesa más cómo afecta todo esto a las personas en su pequeño mundo: cómo algo tremendo que está pasando en el país nos afecta como individuos en nuestras relaciones”.

Silencio adapta al cine la que es considerada la obra maestra del escritor Shusaku Endo, uno de los más representativos de la literatura japonesa posterior a la Segunda Guerra Mundial. La historia se ubica en el siglo XVII, cuando dos sacerdotes jesuitas (Andrew Garfield y Adam Driver) viajan de Portugal a Japón para buscar a su mentor (Liam Neeson), misionero luso del que se rumora que ha renunciado a la fe. Enfrentarán a un gobierno que persigue y tortura a los cristianos de maneras brutales. Se trata de una cinta que, más allá de su temática religiosa, aborda las creencias y la intolerancia de una manera magistral y al mismo tiempo actual, en la que los sacerdotes experimentan en carne propia el rechazo y la violencia.

Rodrigo, nacido en la Ciudad de México en 1965, es un hombre alto y de trato amable que responde con seguridad y rapidez. Dice que retratar el silencio implicó utilizar una cámara e iluminación silenciosas. “Traté de dar un paso atrás y no hacer una fotografía protagónica, sino que sutilmente apoyara el drama de los personajes”. Eso implicó retos técnicos para que lo visual quedara en sintonía con la historia.

Por un lado, retratar el mundo exterior, la naturaleza, tenía que remitir “a la presencia o ausencia de Dios en esta naturaleza, lo brutal que puede ser”. Por otro lado, el mundo interior de estos personajes y sus conflictos de fe, se representan con tomas íntimas y a través del encierro al que son sometidos los personajes. “Todo en la búsqueda de que estos padres nieguen su religión, entonces la pregunta es: ¿siguen manteniéndose firmes con su religión hasta llegar al martirio, que es aparentemente lo deseable? Si tomas los dogmas religiosos, sería un honor dar tu vida por Dios. Pero en la cinta más bien se van por el lado de la compasión y deciden renunciar a su propia gloria y su propio martirio no por salvar su vida, sino por salvar a otros”.

Sentado en una silla negra, de esas que en el imaginario colectivo se asociarían de inmediato con un director de cine, Rodrigo está en el patio interior de una casona en la Condesa. Tiene una sonrisa permanente y una mirada intensa detrás de sus lentes de montura metálica. Él dice que una necesidad de expresión lo mantiene creando cine. “En la vida hay muchas reglas, vivimos en una sociedad donde te tienes que comportar de una manera u otra y todos tenemos ciertas oscuridades en nuestro corazón. Y creo que el arte te da la oportunidad de expresar esas cosas”.

La fotografía, a pesar de ser un medio de expresión más abstracto (“no escribo un guion en el que con palabras estoy expresando algo”), también le permite expresarse. “Lo hago con iluminación, con color, con textura, con movimiento de cámara, escogiendo ciertas ópticas. Sin embargo, es una expresión también y ahí es donde saco yo mis rollos. Para mí es muy importante seguirlo haciendo, para sacar ahí esas ondas y no en mi convivencia del día con el resto de la sociedad”.

Dice Rodrigo que lo que extraña de dirigir en México son los tiempos cuando empezaba, después de la escuela de cine, mientras trabajaba con sus compañeros de estudios. “Quiero apuntar que trato de que eso sea lo mismo ahora con los directores que trabajo, como si fuera estudiante de cine, de vamos a ver qué hacer, como de no saber cómo hacer cine, de descubrir cómo hacerlo con cada película, y Scorsese tiene eso”.

Finalmente, dice, contar historias es una necesidad humana, pero no sólo eso: también escucharlas y recibirlas. “La mirada es la clave en el cine. El punto de vista del autor y de los autores, de los que participamos en la película”.

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