De #ladies y #lords

Los ciudadanos se convierten en jueces, y las redes sociales son los tribunales donde la gente saca todo el odio posible contra aquellos personajes que son captados mientras cometen alguna falta de cortesía o de normatividad, con evidente alarde de prepotencia

02 de Octubre 2017

Foto Revista Cambio

Una señora reclama a su trabajadora doméstica que se haya robado un chile en nogada: “¡Es un robo!”, exclama indignada. La empleada se defiende al decir que se lo llevaba a su hijo (de 20 años). Al final, la señora le dice que, rota la confianza, ya no requerirá más sus servicios.

El hecho hubiera pasado desapercibido sino fuera porque la propia señora, de nombre Adriana Rodríguez, subió a su cuenta de Facebook un video –tomado por su esposo– en el que se registra todo el hecho.

De repente, pareciera que alguien levantó la compuerta de las ferias… en Internet.

Adriana, una mujer de entre 55 o 60 años de edad (es decir, prácticamente de la tercera edad), que aún pasa por el duelo de la pérdida de su hija, víctima del cáncer, dejó de ser Adriana para convertirse en #LadyChiles.

Google arroja 56 100 resultados al buscar el hashtag. YouTube lleva la cuenta de las reproducciones de los videos relacionados: más de cuatro millones de vistas. La vida de Adriana ya no volvió a ser igual. Desde entonces, en agosto de 2014, acusó linchamiento en Internet y acoso en la calle por parte de desconocidos.

Aquel video por el que obtuvo el célebre mote de #LadyChiles duró tres minutos y medio, pero el daño a su reputación fue más duradero.

Las #ladies y los #lords constituyen un fenómeno que comenzó a gestarse en 2011, con la aparición de la ex Big Brother Azalea, junto a otras dos mujeres, que en aparente estado de ebriedad, se negaron a realizar la prueba del alcoholímetro; #LadiesDePolanco las llamó Internet. El video se difundió, primero, en plataformas digitales y, después, en los medios tradicionales, como la televisión.

A este video, siguió el de #GentlemanDeLasLomas, en el cual el empresario de origen judío Miguel Sacal Smeke golpea a un empleado del edificio de condominios en donde vive, ubicado en Bosques de las Lomas.

Y a partir de entonces, las #ladies y los #lords se convirtieron en una bola de nieve. La constante: personas sorprendidas en video o imágenes (incluso de conversaciones privadas en WhatsApp) que cometen alguna falta de cortesía o de normatividad, con evidente alarde de prepotencia.

Sin embargo, para los especialistas, la reacción exacerbada en contra de #ladies y #lords es una consecuencia de la desigualdad social y la distribución inequitativa de la riqueza, más que el hecho expuesto en los videos.

“Estamos en una sociedad sumamente violenta, donde los procesos violentos son más atractivos que los pacíficos. Si a esto le sumamos que la primicia se premia en las redes, entendemos por qué los ladys y gentleman son tan populares”, dice Graciela Mota Botello, especialista en culturas de la participación negociada de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Las #ladies y los #lords son un síntoma, son la manifestación simbólica de la violencia de clases”, dice Bruno Lutz, especialista en Psicología Social de la Universidad Autónoma Metropolitana.

Lo anterior, aunado a la falta de credibilidad en las instituciones –particularmente la de justicia–, incentiva que los ciudadanos se conviertan en jueces, y las redes sociales, en tribunales públicos.

El anonimato de las redes es el segundo gran motor para odiar con fervor a #ladies y #lords. “En las redes sociales decimos cosas que no diríamos de frente y nos comportamos de otra manera”, dice Graciela Mota Botello, especialista en erradicación del conflicto de la UNAM y presidenta de la organización ICOMOS México.

ODIO A ELLAS

Las mujeres son el principal blanco de críticas y ataques en Internet, a través del mote #lady. Según Lutz, esto se debe a la predominancia machista en la sociedad mexicana: “Hicimos un análisis del factor de género y descubrimos que en 80 % de los casos de estas videodenuncias, la protagonista era una mujer”.

Y es que ellas no siempre requieren caer en actitudes prepotentes a fin de ser exhibidas. El caso de #LadyOrinoco, una joven universitaria que es captada masturbando a su novio en la taquería Orinoco de Monterrey y después es sacada del establecimiento por la policía, es prueba de esto, pues, aunque también participó su pareja en el acto, ella fue “quemada en la hoguera” de las redes sociales.

Otro ejemplo, cita Lutz, es el de #LadyCuernos, una joven que es captada en video durante un viaje de despedida de soltera, en el cual besa a un hombre que, evidentemente, no es su novio. “A ella la calificaron de lo peor, pero si hubiera sido al revés y en el video hubiera aparecido el novio, probablemente se hubiera calificado más de hazaña o, quizá, ni siquiera hubiera sido expuesto”.

Las redes sociales son un arma de doble filo: fueron capaces de llevar al primer hombre afroamericano a ocupar la presidencia del país más poderoso del mundo, o puede destruir la vida de una joven que le fue infiel a su novio en su despedida de soltera. La única diferencia es la preparación y el criterio de quienes estén detrás del retuit y el share

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